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domingo, 12 de diciembre de 2010

MI PRIMERA

Esta historia que les voy a contar me sucedió cuando tenia 17 años. Fue mi primera experiencia sexual y hasta hoy que tengo 32 ha sido una de las mejores.

Al entrar en la escuela de enfermería recuerdo que habían muchos maricones estudiando allí. Yo llegue por casualidades del destino. Un amigo mío me dijo que el profesor vivía cerca de la escuela y me enseñó la casa. Pasamos por allá y estuvimos conversando un rato. Durante el primer año de la carrera cada vez que tenia una oportunidad pasaba por su casa y conversábamos un rato. Muchas veces habían algunos pájaros visitándole, algunos de ellos eran profesores de la misma escuela a la que yo había asistido. Siempre note algo extraño en su mirada, pero como dije antes nunca me llamaron la atención los hombres. Al comenzar el segundo año las horas en el hospital también eran de madrugada. Comenzaba a las 11:00 de la noche hasta las 7:00 de la mañana. Siempre que me tocaba ese horario yo salía de mi casa mucho mas temprano y pasaba a visitar a mi amigo. A veces pasábamos horas conversando. Durante ese año el me invito a su casa a comer en mas de una ocasión pero yo nunca fui. Me daba pena.

Una noche el me dijo cuando pase por su casa que tenia una cosa para que yo leyera, y que la sabia que me iba a gustar. Me fui a mi hospital esa noche preguntándome que seria aquello tan interesante. Mi profesor siempre tenia puesto shorts bien cortos y no usaba calzoncillos lo que le hacia los huevos brincar. Al día siguiente salí de casa mas temprano que de costumbre. Cuando llegue a su casa el se puso de lo mas contento. Me sentía en confianza. Nunca me hubiera imaginado lo que sucedió después. Porque nunca insinuó nada. Nos sentamos a ver televisión y a conversar un rato. Luego el me trajo dos hojas de papel mecanografiadas por las dos caras. Aquella historia se llamaba "Hermanitas cariñosas". El nunca me dijo de que se trataba. Solo me dijo que le prestara mucha atención y que lo disfrutara.

Cuando comencé a leer aquello me llamo mucho la atención. Era la historia de dos hermanas que acuerdan irse a la cama con el mismo hombre a la vez. Luego de disfrutarlo a plenitud las dos hermanas terminan comiéndose la una a la otra. En mi tierra le dicen a eso hacer tortilla. Mientras yo leía aquel papel yo notaba que la pinga mía se ponía cada vez mas dura. Al eso ocurrir yo sentía pena que el profesor me viera así, y mientras mas leía mas dura se ponía. Nunca me había sucedido nada semejante. Mi profesor sentado al lado mío se mantenía callado y observaba de reojo. Yo estaba inclinado hacia delante ensimismado con la totilla que hacían aquellas dos hermanas. El uniforme que yo usaba para la escuela era un pantalón y una bata blanca. La bata llegaba hasta mas abajo de la cintura. Cuando termine la lectura confieso que estaba peor que nunca. Mi pinga parecía una antena de lo parada que estaba. Me recosté en el sofá con la bata por encima del pantalón por que sentía pena que el me viera así. Le devolví el papel cuidando de que no me viera excitado.
-Te gustó? Preguntó el
- Si (le conteste de forma muy vaga)
En ese momento yo siento que el me pasa la mano por la pinga mía y me la acaricia. Me quede loco. Estaba tan excitado que aquel toque de él me gustó. En ese momento me dije a mi mismo que el era maricon. Me pidió que me la sacara y yo accedí un poco tímido pero cada vez mas me gustaba lo que estaba pasando. Al aquella verga estar afuera completamente el seguía pasando la mano por la cabeza. Nunca había sentido algo tan sabroso.
-Que pinga mas linda (dice el)
-Si (contesto yo tímidamente)
-Yo la tengo mas grande que tu
-Si (otro si tímido)
-También soy mayor que tu
-Cuantos años tienes?
-37

En ese momento el se la saca. Nunca había visto una delante de mis ojos. Tengo que confesar que tenia un señor pingon, con todas las de la ley. En ese momento comencé a sentir algo raro dentro de mi. Aquella verga me llamaba la atención. Parada media como 10 pulgadas. El se inclina y me comienza a mamar. Sentí la sensación mas sabrosa de mi vida. Estuvo un rato y luego me pregunto
-Nunca te la habían mamado?
- No- le respondí.
- Ven
Me llevo al dormitorio. allí tenia su cama, muy limpia y perfumada y me pidió que me acostara. Me quito la ropa y los zapatos. Comenzó a mamarme la pinga y se puso en la posición 69. Aquello era la gloria. Su enorme pinga estaba próxima a mi cara. Me preguntaba yo si me la metía en la boca o no. Luego de titubear un poco decidí metérmela en la boca y empecé a pasarle la lengua. Me resulto un poco extraño al principio pero después me gusto. Por el otro lado yo sentía aquella mamada y era el placer mas grande de mi vida. Me lameteaba las piernas pero cuando me paso el dedo por el culo fue lo mejor de la noche. Note que mientras mas metía el dedo en el culo la pinga se ponía mas dura. Yo seguía mamando y el se movía hacia arriba y hacia abajo. Siento en una de esas que me estoy viniendo con todas las de la ley. Nunca había sentido una sensación igual a esa. Al venirme en su boca el se trago mi leche, y continuaba mamando. Yo brincaba de placer. En ese momento siento que el se viene en mi boca. Aquello me gusto y me la trague. Se la seguí mamando por un rato hasta que el decidió parar.
-Te gustó? me preguntó.
-Si

Nos fuimos a bañar y yo salí después rumbo al hospital. El me dio un beso en la boca y me despedí de él. Durante esa noche la pase pensando que había cometido algo malo. Tenia una educación católica donde se ataca a los homosexuales y se les considera algo contranatural. Pero por el otro lado había sentido el placer mas rico de mi vida. Al día siguiente salgo para el hospital nuevamente a la noche. Me encuentro con el muy sonriente que iba camino a su casa. Yo sentía curiosidad por hacerlo de nuevo pero a la vez sentía un poco de miedo porque me fuera a gustar mas. Cuando llegue a su casa no hizo falta tanto rodeo. Fuimos directo a la cama. Esta vez el me acaricio los pezones. Yo me retorcía de placer en la cama, me pasaba la lengua por el cuello, por el ombligo. Me sentía en otro mundo. después de haberme revolcado de placer comenzó a mamar de nuevo. Aquello me encantaba. Me viro boca abajo y comenzó a acariciar la espalda, me daba mordiscones y me pasaba la lengua a la vez que me acariciaba la pinga. Iba bajando la espalda y me llegó al culo, le comenzó a pasar la lengua. Yo me quería venir pero el no me dejaba. El alternaba la lengua con el dedo el culo. Al cabo de un rato siento que me esta metiendo aquel pingon. Me dolió pero al cabo de un rato siento algo dentro del culo que la pinga me toca y mi rabo estaba mas parado que nunca. El me masturbaba y metía y sacaba aquella verga de mi culito virgen. Me vine como un perro. Esta noche el placer fue mejor que el de la noche anterior. después de aquel rato de placer fuimos al baño, yo no me podía parar, estaba extenuado. Me siento en el inodoro, la leche me sale por el culo y el me dice
-Ahí se van mis hijos


Yo sonrío porque este hombre me había dado el mayor placer de mi vida. Durante un tiempo estuvimos acostándonos juntos. Confieso que de nada me arrepiento. Hoy estoy casado y me gusta metérmela de vez en cuando. y si son prietas mejor.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Antonio y ....

Mi esposo se llama Antonio y proviene de una familia muy conservadora en todos los
aspectos. Por mi parte, provengo de otra familia tan o más conservadora que la de Antonio,pero con la diferencia de que estudié en un internado suizo para señoritas. Posteriormente mis años de universidad, los viví "sola" en ciudades como París,Roma, New York, San Juan, y desde luego Madrid.
Antonio tiene viviendo conmigo, como cinco años. Nos casamos oficialmente hace tres, con velo y corona, como a criterio de mi esposo y de nuestras familias debía ser. De haber sido por mí, hubiéramos continuado como estábamos, pero debido a la insistencia de Antonio y de nuestras familias accedí a ello. Tras estar viviendo cinco años con él, un día me levanté cansada de hacer siempre lo mismo en la cama. Eso se lo comenté a mi terapeuta, y ella me recomendó, que procurara hablar con mi esposo sobre esa situación, y así lo hice. Debido a la conservadora educación que recibió, la respuesta de mi esposo fue negativa. La terapeuta, me orientó a que usara la imaginación o fantasía en principio, mientras yo debía de ir tratando de convencer a mi esposo.

Al principio me costó algo de trabajo, pero al cabo de unos cuantos meses. Era toda una experta, a tal grado que me acostumbré a fantasear a diario. Observaba una situación, la que fuera, y partía de ella para imaginarme una historia, en la mayoría de las ocasiones, era totalmente mental, al principio. Posteriormente mientras visualizada mentalmente una situación, mis manos, discretamente me las metía de bajo de la falda y me auto satisfacía. En cierta ocasión mi esposo se dio cuenta de ello. De que yo mientras me encontraba viendo una novela. Me imaginaba que era la protagonista, y que el galán de la novela, se revolcaba conmigo en medio de mi sala, frente a la asombrada mirada de mi esposo y nuestras respectivas familias. Claro ésta que él, no podía ver las imágenes que yo tenía en mi mente, pero si vio con lujo de detalles como yo me encontraba, sentada en el sofá, con las piernas
abiertas y sin bragas, acariciando por dentro mi concha.
En otra oportunidad, nos encontrábamos en una cena de negocios, en la casa de su socio,cuando mi atención se fijó en un lienzo que representaba, una escena campestre, de unas dos parejas, como en un día de campo, en el cual las mujeres posaban desnudas. Mi imaginación, me llevó a ser la tercera mujer sin ropa, a la cual, mientras las chicas me acariciaban, los tipos me follaban. Una de mis manos la tenía en mis senos, mientras con la otra me deleitaba, dándome entre mis piernas. Antonio me cortó la inspiración de ese tan grato momento. Al llegar a casa me comenzó hacer preguntas, las cuales yo le fui respondiendo según consideré conveniente.
Para quitarme esa fea e insana afición (según él dijo, en ese momento), Antonio me propuso un acuerdo, el cual consistía en que iba a realizar cualquier cosa que yo le pidiese en el ámbito sexual, con la condición de que no volviese a tener fantasías y a practicar esa indecorosa conducta nuevamente. Al principio yo solo me limité a pedirle que me acariciara los senos, y mis muslos, cosa que para ser tan sencilla a Antonio le costaba algo de trabajo.
Al cabo de una semanas ya se había hecho un experto, y su imaginación fue aportando
nuevas formas de acariciarme, pero no de satisfacerme del todo. Por ejemplo, en una
oportunidad me acostó en la cama, boca abajo. Me encontraba desnuda sin nada de ropa,
mientras que él vestido con chaqueta y corbata. Pasaba las yemas de sus dedos, por todo mi cuerpo. Una vez que terminó, me fue echando finas líneas de miel por casi todo la parte posterior de mi cuerpo, tras lo cual con su lengua me fue quitando la miel, pero ni por equivocación pasó su lengua por mi coño o mi culo. En esa ocasión me quedé dormida, de lo bien que me sentía.

Posteriormente yo le pedí que me besara mi concha, Antonio al principio puso algo de
reparos, pero al final lo convencí de ello, pero solo me la besó por fuera. En otra ocasión le solicité que me dejará besarle su pene, y a pesar de lo avergonzado que se encontraba me lo permitió. Y así, de esa manera sucesivamente fui ganando terreno. Nuestras relaciones, hasta ese entonces fueron de los más normales, yo me acostaba boca arriba y el se colocaba sobre mí, me lo introducía, yo medio me movía y él se corría, y punto. Luego que llegamos al acuerdo, las cosas fueron cambiando, debido a mis solicitudes. Me recuerdo cuando le pedí que me lo metiera en mi coño pero por detrás, su cara de asombro, era de lo más graciosa, pero al fin lo hicimos de una forma distinta. De pasó, yo siempre buscó literatura relacionada con lo sexual, ya sea para orientarme, o para copiar alguna posición.
Poco a poco fui llevando a Antonio por un mundo nuevo, de nuevas experiencias sexuales.
Hasta que al fin logré, que me mamara la raja, y me diera por el culo como a una perra. Al año del acuerdo, ya no necesitaba solicitarle las cosas que yo quería que me hiciese. Pero como todo lo bueno dura poco, comencé por aburrirme. Aunque Antonio en algunas ocasiones me sorprendía, como la vez que me trajo un consolador de color negro, y me lo empujó por mi coño, mientras me daba por el culo. Después le dio por traer películas a casa, al principio eran de parejas de hombre y mujer, pero luego trajo películas de mujeres con mujeres, mujeres con animales, y hasta de hombres con hombres, las cuales me llamaban mucho la atención.
Pero un día trajo, una película de dos mujeres y un hombre, y yo le pedí que se buscara a una golfa, para que compartiera la cama con nosotros. Yo lo dije en broma, y el se cabreó conmigo, me dijo de todo, hasta que me molesté, y le recordé el acuerdo. Antonio podrá haber sido un poco quedado y pusilánime, en las cosas del sexo. Pero cuando da su palabra la cumple, por lo que esa misma noche, se montó en su coche, y regresó con una tipa. Ella era algo mucho más joven que yo, y se hacía llamar "La Niña" debido a su porte casi infantil.
Al principio los tres nos encontrábamos algo cortados, por lo que decidí servir una ronda de brandy, y poner la película, no habían pasado ni quince minutos, cuando ya los tres nos comenzamos a quitar la ropa, mientras mirábamos la película, en la cual una rubia acudía con su marido que era un negro, a una consulta con una terapeuta sexual, que era una joven asiática. Mientras eran observados por la asiática, con bata de doctora, la pareja mantenía un encuentro sexual, al cual se sumaba la doctora posteriormente. No sin antes haberse metido la mano bajo la bata, y haberse puesto a jugar con su coño.
Serví otra ronda de brandy, y dije yo soy la doctora, y ustedes la pareja, así que a follar.
Debido a la forma de ser de Antonio, su verga no se encontraba en condiciones de ser usada, por lo que Niña posó su boca en la verga de él. En cosa de segundos, se armó Antonio, es verdad que no era como la del negro, pero ahí se encontraba, que es lo importante.

Por un buen rato la Niña y Antonio se magrearon, mientras que yo los observaba atenta, y mis dedos comenzaron a jugar con los bellos de mi coño, y a cada momento avanzaban más y más adentro de mí. Ya mi raja se encontraba toda húmeda por dentro, en eso vi como la verga de Antonio se iba introduciendo en el coño de Niña, y como ella lo disfrutaba, y lo demostraba moviendo sus caderas con fuerza. Yo que me encontraba bien excitada, me sumé a la pareja, colocando mi coño en la boca de Niña y mi culo en la de Antonio. Luego comenzamos a cambiar de posiciones. En una mi raja y la de Niña se encontraban pegadas, una contra la otra, nuestras piernas abiertas se encajaban entre sí. Al tiempo que Antonio, me hacía que se lo mamase, y luego para sorpresa mía me puso su hueco a la altura de mi boca para que con mi lengua se lo acariciara. Llegó el momento en que perdí la cuenta de los orgasmos que yo
había alcanzado, solo sé que al final cuando Antonio se corría sobre Niña, yo le pasaba mi lengua por su coño.
Niña nos siguió visitando de cuando en cuando, y en una oportunidad se presentó
acompañada, de una amiga, desde luego que Antonio y yo disfrutábamos de esos encuentros.
En esa ocasión fuimos tres mujeres contra él, a un mismo tiempo, a Niña la tenía por el culo, a la otra con su boca en su concha, y a mí me hacia vibrar con su mano dentro de mi coño.
Nuestras orgías privadas, por lo general eran los fines de semana. En cierta ocasión, por ser mi cumpleaños, Antonio trajo una película de una mujer que supuestamente era violada por cinco hombres a la vez. Un hombre por cada hueco disponible, y los dos restantes, con sus manos. Antonio al ver mi rostro, de inmediato dijo que no. Que cabrón no era. Ese día llegó Niña sola, y al enterarse de que yo cumplía años, preguntó si podía traer a una amiga, como un regalo de cumpleaños muy especial. Antonio aceptó de inmediato, y yo algo desilusionada por la actitud de él, acepté a regañadientes. Niña salió y regresó al rato con
Fabiola, una mulata de casi un metro ochenta de alto. Delgada, con una sedosa cabellera rubia, usando una mini falda, que nada más de respirar, dejaba ver la tersa piel de sus nalgas, sus senos eran grandes, pero firmes, los cuales apenas se ocultaban detrás de la blusa transparente que usaba, sus ojos eran de color miel y su voz más aguda que la de Niña o la mía. Antonio al verla quedó extasiado. Pero Niña, le recordó que Fabiola era su regalo de cumpleaños para mí.
Como de costumbre, se sirvieron bebidas, me cantaron el feliz cumpleaños, partimos el
pastel y me entregaron los regalos. Antonio me había comprado un set del cual yo me había enamorado, en cuero, el cual me probé de inmediato, quedándome monísimo. Por su parte Niña tomó la mano de Fabiola y la colocó entre las mías diciendo, que conste que es por tu cumpleaños que te presentó a Fabiola. Al decir eso me guiñó un ojo y pegó sus nalgas a Antonio, para luego continuar diciendo, comiencen ustedes que luego Antonio y yo las alcanzamos. Yo coloqué la mano de Fabiola sobre mi hombro y me encaminé a mi dormitorio. Tenía la sensación de que lo íbamos a pasar de lo mejor. Fabiola y yo nos entregamos a un largo beso sobre la cama, mientras las dos nos quitábamos parte de nuestra ropa, nos acariciábamos mutuamente, cuando ella dirigió los prominentes labios de su boca a mi coño, el cual ese día mi marido me lo había depilado por ser mi cumpleaños. Su lengua penetró hasta mi clítoris y lo chupó con gran maestría por un largo rato, yo estaba que no aguantaba más.

Me encontraba a punto de desmayarme, de lo feliz que me encontraba, tomé su cara y con mis labios busqué la boca de mi regalo de cumpleaños, luego me dediqué a
besar y a chupar sus bien formados senos, sentí que Fabiola se quitaba el resto de su ropa.
Cuando de momento. Sorpresa!! Sentí que una gran verga descomunal entraba por mi
vagina, yo con cara de asombro me le quedé viendo a los ojos a Fabiola ella se sonrió, mostrándome su blanca dentadura. En ese momento, un sin fin de sentimientos se volcaron sobre mi cabeza. Primero lo disfrutaba, pero me atormentaba lo que haría Antonio cuando entrase por la puerta, y viera que Fabiola me viola... Y después de lo que él había dicho.
Mi corazón casi se paraliza cuando la puerta se abrió. Primero entró Niña, con una cámara de video en mano, completamente sin ropas. Su mirada era sin expresión alguna, yo iba a decir algo cuando un dedo de Fabiola se posó en mis labios, y detrás de su boca. Antonio entró a la habitación desde mi posición apenas y podía verlo sabía que se encontraba desnudo la habitación, desde mi posición apenas y podía verlo, sabía que se encontraba desnudo.

Colocó sus manos sobre las nalgas de Fabiola, y la o lo penetró de golpe. Para mi era
impresionante ver que me estuvieran dando por el coño un quien sabe que cosa, y que mi marido se la o se lo clavara a su vez por el culo a esa persona. Al ver el rostro de satisfacción de Antonio comprendí, que ese arrebató que le dio cuando mirábamos la película solo fue una farsa, muy bien montada, al rato los cuatro cambiamos de posición en varias oportunidades. Hasta que ellos descargaron su ración de leche sobre nosotras, luego nos fuimos a la sala a ver el video, que me habían tomado. Mi cara era una mezcla de pánico, terror, confusión y alegría. Luego me explicaron que la Fabiola era un famoso transvestido, amigo de Niña, a la cual mi esposo le pidió que buscara para gastarme una broma.
El detalle es que Antonio, al terminar con nosotras, tomó la mano de Fabiola y se lo llevó al cuarto. Momentos después Niña yo entramos con cámara en mano. Sorpresa, Fabiola le daba por el culo a mi Antonio. Por su expresión claramente se veía que le gustaba, al principio me quedé paralizada. La voz de mi marido me sacó de mi estupor, me decía, Eli colócate de bajo de mí para disfrutarlo entre los dos. Temporalmente los dos se separaron, fue impresionante el ver como la kilométrica verga de Fabiola, salía del culo de Antonio. Mientras tanto Niña grababa todo con la cámara de video. Yo me acosté boca arriba, después de que Antonio me lamió el coño, me empaló, para luego sentir y ver como Fabiola lo empalaba a él. Era como la escena de la vieja película francesa Enmanuel... Desde esa fecha, no hemos vuelto a ver a
Fabiola. Pero en ciertas ocasiones, uso una verga de plástico, y le doy a Antonio por donde yo se que le gusta.

lunes, 25 de enero de 2010

Como me gusto ser infiel

Siempre me he considerado una señora recta, con buenos principios y ánimo familiar, al menos así me educaron en casa, me prepararon para llevar a cabo los deberes familiares y creo que hasta ahora los he cumplido fielmente. Somos una familia medianamente acomodada y pudiente.

Hola a todos. Mi nombre es Isabel, pero para mis amigos simplemente soy: Chabelly

Tengo 18 años de casada y 2 hijos, y a mis 36 años aun despierto el deseo sexual de muchos hombres. Soy alta, de tez blanca, de complexión un poco robusta y me encanta teñirme de peliroja. Lo mejor de mi cuerpo es mi trasero: grande y duro, los senos son de tamaño normal, mis piernas son torneadas y marcadas de tanto hacer gimnasio y en general tengo buen cuerpo. Soy una mujer frondosa. Me gusta vestir con ropa de marca y siempre sexy sin caer en lo vulgar, y claro, estar a la moda.

Me considero muy sociable y amiguera, y siempre he tratado de portarme bien y a pesar de que me casé muy joven nunca me ha desagradado sentirme deseada por los hombres, aunque ahora en mi papel de señora eso me excita mucho más. La verdad es que coqueteo muy bien cuando me lo propongo.

Con mi esposo no tengo excusas, es un buen padre, salvo que es mujeriego, aunque nuestra relación sexual y sentimental es muy poca debido a que apenas un año le comprobé la segunda infidelidad con una de mis amigas, y tal vez para remendar sus deslices ahora más que nunca me conciente mucho.

Tengo coche propio, salgo con mis amigas, voy de compras, me gusta asistir a reuniones, salir de viaje, la verdad es que mi esposo confía mucho en mí. En otras palabras me deja hacer todo lo que yo quiera, y eso me ha dado pie a tener muchos pretendientes y enamorados. Incluso, aceptar sus invitaciones a salir con algunos de ellos, que me chuleen con llamadas y mensajes de textos algo coquetos y atrevidos.

Pero en todos estos años de casada he tratado solo de coquetear con mis pretendientes y ya, dejarlos con ganas de tenerme y despertar sus deseos mas bajos conmigo, y como a veces me dice un buen amigo:
- Ay Chabelly, eres una calienta pollas solamente - Y claro que todo esto me prende.

En más de una ocasión he estado tentada ha entregarme en cuerpo y alma, dejar volar la excitación que despierto y dejarme hacer todo lo que ellos quieran. Aunque confieso que he tenido un par de deslices muy cachondos y excitantes que en otra ocasión si gustan les contaré con detalles.

Pero sucede que a pesar de tener tantas comodidades y pretendientes veía que mi vida era monótona: levantarse e ir a la escuela a dejar a mis niños, asistir al GYM, de compras al súper y de regreso por mis niños y atender al marido, en fin, una rutina. Sentía que mis emociones y mi cuerpo me reclamaban escapar de todo eso, y sin darme cuenta me empecé a volver mas desinhibida, y cada oportunidad que tenía de salir con mis amigas las aprovechaba al máximo.

Fue en mi último cumpleaños que junto con mi mejor amiga Marvi, que tenia una vida muy parecida a la mía, a pesar de ser muy bonita y atractiva, de tez blanca y alta, una silueta bien delineada y unos pechos envidiables. Caía en esa misma rutina de vida, pero decidimos soltarnos un poco más de las ataduras de un esposo y de un hogar, sin que fuera muy evidente. En primera decidimos beber un poco en nuestras salidas, hablarnos con palabras mas atrevidas, fumar más de 5 cigarrillos, vestirnos más provocativas y aceptar coqueteos de los hombres. Y sin darnos cuenta se nos dio muy fácilmente todo esto. Y aquí comienza una de tantas aventuras que hemos pasado.

Un viernes por la mañana temprano recibí un mensaje de texto de Marvi diciéndome:
- Hola amiguis, ¿apuesto que aburrida verdad?, ¿por que no salimos de traviesas a putear un rato en este viernes social?. Quiero irme también a comprar algo de ropa y comer juntas.

Quedamos de vernos antes de medio día en mi casa para irnos. Dejé todo preparado y pedí permiso para no llegar a comer, avisando que andaría con mi amiga. Ya que vivimos en provincia decidimos ir a la capital que nos queda a 1.5 HR de distancia, además que allí no éramos conocidas y podíamos soltar nuestras emociones. Una vez estando en una de las tiendas compramos ropas un poco atrevidas y decidimos estrenarlas allí mismo, ya que de nuestras casas salimos vestidas de manera normal.

Marvi se puso uno pantalón súper ajustado completamente a las caderas en color blanco, donde se le marcaba una diminuta tanga del mismo color y hacia resaltar sus redondas y bien paradas nalgas, una blusa rosa de tirantes y ombliguera que descubría su bien marcado abdomen ya que ella es esbelta y con una figura bien formada como de adolescente.

Yo por mi parte y para contrastar con ella, me puse un vestido de tela delgada en florecitas naranjas y verde olivo, con un tremendo escote en toda la espalda y en la parte de enfrente marcaba muy bien mis senos y los dejaba muy insinuantes, el vestido terminaba en forma de picos y me llegaba a media pierna y con una tanga roja solamente. Ambas no llevábamos sostén para mostrar nuestros pezones que en todo momento resaltaban.

Salimos de la boutique pensando que nos veíamos como dos putas con clase y nos dispusimos a empezar la aventura y correr los riesgos que buscábamos al andar vestidas así por una ciudad donde no nos conocían, por que en la nuestra jamás podríamos siquiera imaginar vestirnos así y andar como si nada, ya que somos muy conocidas por el trabajo de nuestros esposos.

Total que dejamos el coche en un estacionamiento y caminamos un poco buscando un buen restaurante para comer, y a cada paso que daba estaba llena de excitación de sólo imaginar que me encontraba casi desnuda andando así, que todas las miradas de los hombres me desnudaban y pedían devorarme. Mas de uno se atrevió a lanzarnos piropos, a veces agradables y otras un tanto groseros. Le pregunté a Marvi y ella se sentía igual:
- Ay Isabel, de veras que andamos solo calentando vergas y pidiendo a gritos que nos cojan ahora mismo.

En un momento de esos nos detuvimos en un aparador de zapatos, y me percaté que un chico bien vestido de aproximadamente 25 años y con una maleta de deporte en la mano andaba siguiéndonos discretamente. Al principio me asusté un poco pero Marvi me dijo que no pasaba nada, que ya se había percatado de él pero que no desconfiara. Mientras observábamos en el aparador se acerco detrás de mi y ahí se quedó. Y en el reflejo del cristal del aparador ví que había puesto su maleta en el suelo mientras él también observaba. Fue Marvi que me dijo en voz baja y en un tono sarcástico que traía una cámara escondida en la maleta, y fue entonces que comprendí que me estaba haciendo uppis, y dije a Marvi:
- Que te parece amiguita, el primer atrevido que no se aguanto más.
- Era de esperarse, con ese vestido y ese culo que te cargas que esperabas, ja ja ja.
- Pues entonces vamos a darle espectáculo.

Acto seguido me dispuse a entregarle mis mejores ángulos a aquel desconocido.
Le di por completo la espalda y abrí un poco el compás de mis piernas y arqueándome saque de manera provocativa mi trasero, puse mis manos en mis caderas y me quedé así un par de minutos para que su camarita grabara todo lo que quisiera. En esos momentos sentí que empezaba a mojar mi tanga. De sólo ver la cara de excitado y sorprendido del chico me dieron ganas de regalarle otro ángulo. Con tal descaro y sin importarme estar en plena calle mientras hacia plática con mi amiga y en plena complicidad dejó caer sus llaves en medio de nosotras para que me inclinara a recogerlas, cosa que hice muy lentamente abriendo un poco mas el compás y floreando así en todo su esplendor mis excitadas nalgas. Para ese entonces su maleta la tenia justo en medio de mis piernas.
Miré mis pechos y mis pezones estaban muy parados y se notaba demasiado. Después di media vuelta con mi amiga y ahora ella estaba de perfil ante aquel desconocido, ahora le tocaba a ella. El chico al notar nuestra disposición se descaró y empezó a tomarle el trasero a Marvi, casi le da la vuelta completa y grabó unos buenos frontales, que a decir verdad se le marcaba muy rico su raja con esa diminuta tanga que llevaba. En esas estábamos cuando se acerca un vigilante de la tienda, y el chico no hizo nada más que salir con pasos apresurados y perderse entre la gente. Por un momento nos asustamos, pero el de seguridad sólo paso de largo. ¡Vaya manera de cortarnos la cachondería!

Empezamos a caminar y a reírnos de lo que habíamos hecho, y por fin entramos a un buen restaurante. No había mucha gente, tal vez 6 o 7 mesas ocupadas, pero el lugar era muy agradable y elegante. Y desde que entramos hombres y mujeres no dejaron de mirarnos, ¿será que nos veíamos muy zorras?. Un mesero ya de edad nos atendió, y no dejo de mirar con descaro los pechos de Marvi una y otra vez, y después de ordenar suculentos platillos nos percatamos de una mesa con cuatro caballeros guapetones que no dejaban de mirarnos. Tanta eran sus miradas provocativas que decidimos cachondear un poco con ellos para ver que pasaba. Marvi se sacó un poco la tira de sus costados de su tanga para que se notara por encima del pantalón, y yo crucé mis piernas torneadas y blancas para enseñarlas al máximo, sin reparar en bajarme un poco el vestido que ya se me subía mucho por la posición.

Así pasaron unos minutos y decidimos ir al tocador de damas, claro que al pasar frente a su mesa moví mis caderas con mucha sensualidad, para que se deleitaran y chulearan mi culo. Marvi, pasó con un meneo de nalgas que su vaivén realmente atraía a todos y todas. Uno de los tirantes de su blusita lo dejo caer a propósito y sus pechos grandes y firmes parecían que salían. De regreso nos agradecieron el espectáculo alzando sus copas. Nosotras les sonreímos coquetamente.

Una vez que empezamos a comer se acerca el mesero entregándonos una nota de papel y una botella de vino, diciendo que era cortesía de la mesa de los caballeros, la nota decía:
- Ante tanta belleza y sensualidad desbordada nos atrevemos a invitarlas a compartir en nuestra mesa, por favor, cúmplanos el deseo de consentirlas y conocerlas

Eso era justo lo que andábamos buscando, agradecimos con una sonrisa coqueta y nos paramos para ir donde ellos. Todos muy educados y atentos se presentaron dándonos tronados besos en las mejillas y después nos sentamos de lo mas agradecidas, realmente todos eran simpáticos y muy elegantes, hombres jóvenes maduros y con clase. Se decían un grupo de médicos que estaban en un curso en la ciudad por unos días.

Nosotras correspondimos también presentándonos, obviamente mentimos en nuestros nombres y lugar de origen, dijimos que acompañábamos a nuestros esposos en un viaje de negocios y estaban de trabajo. Que se desocupaban muy tarde y pues para no aburrirnos esperando en el hotel salíamos a conocer la cuidad. Las miradas de todos eran muy insinuantes y provocativas, con tal descaro no paraban de mirarnos los senos, y a mi en especial las piernas, me sentí muy deseada y con ganas de más, ya que una ligera sensación de liquido salía para humedecer mi tanga. La plática transcurría con más confianza y los piropos subían de tono, insinuaciones a Marvi como:
- No entiendo como esta preciosidad pueda andar sola, si yo fuera el esposo la tendría ocupada amándola todo el día.

Para todo agradecíamos con cachonderia y provocativamente. El tiempo pasó de lo más ameno hasta que uno de ellos sugirió ir a un bar, cosa que aceptamos de manera gentil, salimos del restaurante y mientras nos dirigíamos al estacionamiento uno de ellos, Juan Carlos, que había sido el más atrevido conmigo me susurra al oído, a la vez que me ponía las manos por detrás de mis caderas y apretaba fuerte:
- Nunca había visto una pelirroja con tan buenas nalgas. ¡me encantan!
- Gracias. que lindo eres y que bueno que te gusten.

Sentí que un escalofrió muy caliente recorría mi piel, y no sabia mas que decir, así que solo le regale una sonrisa muy coqueta, y nos dispusimos subir a su camioneta, solo que dos de ellos en el momento se despidieron pretextando otra salida. Marvi se fue en la parte de atrás con Mario y se sentaron muy pegados, y yo adelante con Juan Carlos. El muy amablemente me abrió la puerta y al momento de subir abrí un poco más de la cuenta mis piernas para mostrarle mi raja cubierta con mi tanga ya muy húmeda. Mientras daba la vuelta para tomar su lugar en el volante, me senté rápidamente y ya sentada me subí el vestido descaradamente para mostrar mis piernas en plenitud y un poco de mi tanga que asomaba por debajo del vestido. Juan Carlos sólo me miro de pies a cabeza y a distancia me envió un beso silencioso, que yo respondí mordiéndome el labio inferior. Realmente me sentía como una señora muy zorra haciendo eso.

Llegamos a un bar muy tranquilo y acogedor, buscamos un rincón muy privado y ya en pareja nos soltamos un poco más, y entre tanta platica cachonda, cigarros y un poco de alcohol deje soltarse y consentir a Juan Carlos, primero que me pusiera una mano en la pierna, poco después que la acariciara desde mis rodillas hasta por debajo del vestido y por último me diera besos en la mejía y en el oído, a la vez que me decía cosas muy excitantes y provocativas:
-Eres un mujerón, te vez como una hembra inquieta y hambrienta. Como se nota que en casa no te dan lo que te mereces.

Sin duda tantas caricias me estaban calentando, y no sabía cuanto tiempo mas podría aguantar así. Recordaba mi papel de señora casada y titubeaba, pero ya había llegado lejos y ese juego me estaba gustando mucho. Marvi por su parte no la pasaba mal, estaba muy pegada a Mario y éste la abrazaba por la cintura y se dejaba besar en el cuello y en los hombros desnudos porque ambos tirantes de su blusa habían ya caídos, y la mitad de sus pechos grandes y firmes se salían pidiendo ser devorados. No saben cuanto disfrute ese momento, estar cachondeando con un desconocido atractivo y simpático, lejos de casa, me sentí libre y estaba haciendo algo que hacia mucho tiempo deseaba: comportarme como una verdadera puta, ya que mi marido siempre me ha respetado mucho.

En un momento de esos sin decirme más Juan Carlos tomo mi mano por debajo de la mesita y la llevo a su verga. Y me dijo al oído:
- ¿Ya viste como me pones mi chula?
- Oh, la tienes bien parada y dura.

- Así es mi pelirroja, y no sabes cuantas ganas tengo de que me la pongas más dura.
- Ay Juan, no creo que se pueda mas, la siento bien parada. ¿Quieres que lo consienta un poco?

- Claro mi chula, mi verga te necesita.

Acto seguido me abrazo hacia él por la cintura, y con la otra mano me tomó del mentón y me empezó a besar las mejías muy rico. Con la punta de su lengua me acariciaba el oído, pensé:
- Este hijo de puta realmente sabe como calentarme.

Me dejé llevar y cerré los ojos y no hice mas que poner una mano por encima de su pantalón y empezar a sobarle la verga, acariciarlo de arriba abajo y apretarlo fuerte. Quería bajarle el zipper y meter mi mano para sacárselo y así darme gusto, pero finalmente no estábamos solos y eso me detenía un poco, pero también me excitaba que nos pudieran estar viendo. Aunque tengo que confesar que soy un poco exhibicionista. De pronto abrí los ojos y mire enfrente de mí a Mario con unos ojos de excitación que veía todo con interés y ganas de participar, ya que Marvi se había levantado al baño, le sonreí coquetamente y seguí un poco más con lo que hacia para darle espectáculo, pero llegó un momento que ya no podía más y dije:
- Juan, sácame de aquí por favor. Llévame contigo a donde tu quieras, pero hazlo rápido por que si no, te saco la verga aquí mismo y te la empiezo a mamar.

Rápidamente nos levantamos después de poner un billete en la mesa y dejar pagada la cuenta, caminamos hacia el baño que estaba escondido y quedaba hacia la salida para esperar a Marvi, me pegué de frente a Juan Carlos mientras me decía cosas calientes y seguía sobándole la verga disimuladamente. De pronto sentí la mano de Mario acariciarme las nalgas, lejos de molestarme me calentó mas y no hice nada para detenerlo, como la tela del vestido era muy delgada sentía que me acariciaba el culo por encima de mi piel. Juan no se dio cuenta de nada por que el lugar estaba semi-oscuro. Todo terminó cuando salio Marvi sorprendida de vernos allí parados. Le dije que ya no aguantaba más y necesitaba sentir una verga dentro de mí, ella me dijo que quería lo mismo desde hacia rato, que ya no podía con tanta calentura y traía empapada su tanga.

Una vez en la camioneta nos dirigimos a un motel los cuatro juntos, nos dieron una suite y le pedí a Juan que nos quedáramos afuera, en el garaje, que dejáramos a Marvi y Mario agasajarse en el cuarto, que yo quería algo más duro, cosa que le éxito mucho al escucharlo. Me despedí de Marvi en la puerta y apagamos nuestros celulares.
-Es hora de consentirnos amiga. Comportémonos como dos perras en celo, hambrientas de verga y pasión.
-Por supuesto Chabelly, ahora sentiremos una verga diferente a la de nuestros maridos. y creo que nos va a gustar mucho.

Vi cuando Marvi se colgaba a Mario del cuello, y éste la cargaba de las nalgas para que ella con las piernas se enrollara en su cintura, y así cerraron la puerta.

Juan tomo mis dos manos con las suyas y las puso en mi cintura por la espalda, me abrazó con fuerza mientras me hacia caminar lentamente hacia atrás hasta topar con la camioneta, yo tenia los labios entreabiertos pidiendo me comiera a besos.
- Empezaré por mamarte esos labios carnosos que tienes mi chula. te voy a besar en cada rincón de este cuerpo de tentación que te cargas.
- Si Juan, chúpame todo lo que quieras. soy toda tuya mi amor.

No esperamos más y empezamos a comernos a besos, primero me beso despacio, como saboreando, me mordía suavemente los labios y así estuvimos un rato, después con más fuerzas, me metió la lengua hasta la garganta, la sacaba y volvía a meter con un ritmo muy rico. Pasó poco a poco a mi cuello, mordisqueando y besando, bajó más la boca y con gran maestría me separó el escote y se fue con mis pechos, que ya las había puesto a punto y los pezones estaban mas que duros.
- Oooh. que rico me lo haces amor. no te detengas y mámame las tetas todo lo que quieras.

Su boca era una aspiradora, mordisqueaba mis pezones y chupaba todo mi pecho, mis tetas estaban babeadas. Para ese entonces sus manos me estaban dando un rico masaje de nalgas. Las recorría toda en forma de círculos, por momentos me las apretaba fuerte con esas manos tan viril que tenia, y sus dedos trataban de abrirme las nalgas para meterse en mi hoyito que ya sentía que se dilataba. Me estaba agasajando de lo más rico, hacia tantos años que nadie me agarraba así que no aguante más y tuve mi primer orgasmo, fue tan evidente que se dio cuenta y me dijo:
- Hay chula, se ve que ya estabas necesitando de esto y que lo estas gozando.
- Si amor, me tienes bien caliente y solo quiero mas.. No te detengas y sigue fajándome así mi rey.

-Claro que si mi amor. te daré todo lo que me pidas. ya muero por meterte la verga.
-Si Juan, ya quiero sentirte dentro de mi.

-Te lo meteré hasta el fondo chula. pero antes quiero saborear este rico culo que te cargas y que me vuelve loco.

Me volteó de espaldas y abrí mis manos para agarrarme de la camioneta, mis piernas de manera natural se abrieron y quedé a merced de él. Me aprisionó con fuerzas y empezó a restregarme su verga en mi culo, mientras mordía mi cuello y con sus manos me masajeaba las tetas. No sabía más, estaba rendida a aquel desconocido que solo lo que hacia era hacerme sentir como un hembra. Sus palabras fuertes y groseras lejos de incomodarme me estaban excitanto y gustando. Me tenía a su merced, estaba como una puta dominada.

Poco a poco fue bajando su boca por mi espalda, el gran escote del vestido le permitió ir chupándome toda, es una parte débil y se dio cuenta, lo hacia con tanta delicia que se me puso todo el cuerpo chinito. Fue bajando hasta llegar a mi trasero, me alzo el vestido hasta la cintura y con la pura boca me puso la tanga a media pierna. Me besó toda la nalga, me dio besos muy calientes y tronados, lengüeteadas riquísimas. Hasta que me abrió las nalgas y empezó a lamer de abajo hacia arriba, una y otra vez, se detenía por momentos en mi hoyito y allí se quedaba con su lengua perforándome, y yo seguía en la misma posición. Fue tan maravilloso ese momento que me sentí la hembra mas agradecida del planeta. Empecé a gemir de placer:
- Amor, tienes una lengua maravillosa. chúpame más por favor, no te detengas que quiero mas. auugh. así. auugh.
- Nunca había probado un culo tan rico mi pelirroja. realmente es grande y delicioso, digno de una perra como tu.


Así estuve unos minutos, sin moverme y disfrutando de lo que me hacia, hasta que le dije:
- Méteme la verga cabrón, ya quiero sentirla, por favor. ¡¡Quiero verga...!!
- Si mamacita. Te daré gusto hasta que estés satisfecha.

No dejó que me volteara y comenzó a bajarse el pantalón, sacó su verga y me lo restregó en el culo. me lo pasaba lentamente por todo mi trasero.
- Siente lo que te vas a comer mamacita.
- Ayyy Juan, la tienes muy grande, que rico mi rey. Dámela ya por favor.

Y sin más que decir me fue metiendo la cabeza primeramente en mi raja. No tuvo problemas para entrar hasta el fondo porque ya me tenia muy lubricada. Me empezó a bombardear muy rico, primero suave, agarramos un ritmo muy delicioso que me prendía. Pero le pedí más:
- Métemelo todo mi rey. Quiero sentirte hasta el fondo por favor. Mira que me tienes chorreando.
- Gózalo mi reina. Sólo que tienes las nalgas muy grandes.

- Entonces ábreme todo el culo y entiérramelo con ganas papi.

No se lo pedí dos veces, sabia como hacer su trabajo y yo estaba entregada a él. Por un momento la culpa por entregarme a otro hombre apareció, pero recordé tantas engaños de mi esposo y gocé de una venganza que inconcientemente había provocado. Al fin de cuentas se lo merecía y lo que estaba sintiendo entre mis piernas era tan irresistible que pudo más. Aquella daga perforaba cada vez más aprisa, mi respiración se agitaba y sudaba sin parar, mis piernas tensas empezaban a temblar y mis gemidos se hacían más fuertes:
- Así Juan, oooohh. Que rico me coges papi, no te detengas
- Desde que te vi llegar me encantaron esas nalgas y ese rico meneo que tienes al caminar.

- ¿Era lo que querías verdad cabrón? Meterme la verga hasta el fondo. Pues ya me tienes entonces. ¡Ya soy tu puta!
- ¿De veras eres mi puta?

- Soy tu puta, tu perra, tu hembra. Todo lo que tú quieras pero por favor no me saques la verga.
-Oírte esas cosas me calientan. Oye reina. Pero ahora yo quiero mas ¿me dejas metértela por el culo? Anda di que si.
-Ahorita no te puedo negar nada cabrón, hazme todo lo que tú quieras.

Enseguida empezó a lubricarme mi hoyito con mis propios líquidos que salían de mi vagina. Seguíamos en la misma posición: parada y pegada a la camioneta por enfrente, con el vestido enrollado en la cintura, las piernas abiertas, mi tanga a media pierna y con las tetas descubiertas, bien arqueada sacando las nalgas. y él detrás de mi. ¡que rica posición para coger!.

Lentamente introdujo su verga en mi culo. Primero su cabeza se abrió paso y forzó la entrada, así se metió poco a poco por completo. Lo sentí realmente cuando estuvo toda dentro de mí que me hizo gritar de dolor y placer. No era mi primera vez, ya que mi esposo le encantaba darme siempre por allí, pero yo me ponía tensa y nunca pudo metérmela completo, y se conformaba con introducir un dedo para masturbarme. Así que sin querer me estaban desvirgando el culo por primera vez con una polla, que a decir verdad era más grande que la de mi esposo. Me sorprendió que pudiera entrar a placer, y sin más se estaba convirtiendo en una brutal y plácida experiencia. Con tal maestría me empezó a mover en un ritmo que el dolor se quito para convertirse en puro placer.
- Así papi, ayyyyy. ayyyy.
- ¿Te duele mi puta? ¿Quieres más despacio?

-Nooooo, dámelo duro mi rey, quiero mas fuerte, nalguéame por favor.

Me tenía tomada de las nalgas con sus dos manos, y enterraba sus dedos en toda mi carne, hasta que sentí la primera nalgada que me hizo abrir los ojos y aferrarme con más fuerzas del costado de la camioneta. Estaba extasiada de placer y solo quería más y más. Las nalgadas continuaron unas tras otras por varios minutos, alternando las dos manos, y con la piel mojada de sudor dolían más y se escuchaban muy fuertes, no se si mas que mis gritos y gemidos hasta que le pedí que parara, me estaban ardiendo las nalgas y los empujones de su verga en mi culo iban en aumento. Sentí mi hoyito muy caliente, cosa que nunca había sentido antes, los ojos las tenias en blanco y con tanto calor mi respiración se convirtió en agitación y me faltaba el aire.

Fui perdiendo el sentido del tiempo poco a poco. Solo alcanzaba a oír murmullos de Juan sin comprender exactamente que me decía, pero las embestidas de su verga me mantenían en pie. Entré en reacción cuando un jalón de cabellos me hizo mover la cabeza, era una mano de él que con sus dedos entrelazaban mi cabellara roja y jalaban hacia atrás al mismo tiempo que nuevamente me empezaba a nalguear, con tanta agitación no sentí dolor. Sólo sentí el golpe de sus manos grandes y fuertes posarse en el bulto de mis nalgas, así permanecimos unos minutos hasta que no aguantamos más y nos venimos al mismo tiempo.
-Augggh. Me haces gozar de placer cabrón de mierda, eres un buen semental.
-Y tú una buena perra para coger mi reina. Se ve que te encanta hacerlo por el hoyito, me vaciaste toda la leche.

Así nos quedamos un rato mientras disminuía nuestros latidos del corazón, me abrazaba por la espalda y yo le agradecía lo que me había hecho sentir. Y claro, mientras terminaba de vaciarse en mi culo.

Nos metimos en la camioneta en la parte trasera y bajamos los cristales, reposamos abrazados dándonos un buen agasaje de besos mientras nos desnudábamos por completo. Me acariciaba toda y me decía cosas lindas y bonitas, y otras más calientes y excitantes. Así pasaron unos minutos, nuestra piel se fue enfriando y dejamos de sudar. Pero de pronto me empezó a besar tan rico que me fui prendiendo, mis pezones se endurecieron y no dude en agarrarle su polla otra vez y empezar a pelársela.
- ¿Me dejas probártelo un poco amor? Estoy hambrienta.
- Un poco no mi chula, quiero que te lo tragues todita.

Me acomode bien y baje mi cabeza hasta encontrar su polla que para mi era un dulce. La agarré con mis dos manos del tronco, ¡Y vaya que si era grande!. Me mojé los labios y empecé con mi lengua a pasárselo en todo el tronco, hasta llegar a la cabeza que es lo que mas me gusta. Realmente lo saboreaba muy rico.
-Ay papi, este dulcecito que me estoy comiendo sabe esplendido, ¿lo puedo morder tantito?
-Haz lo que más te guste chula, es todo tuyo.

-Mmmm. que rica verga te cargas cabrón. me esta encantando mamártelo, y eso no es bueno, porque después siempre voy a querer que me lo des.
-Eso no es problema, para mi seria rico que me la mamaras siempre.

Para ese entonces ya lo estaba mamando con descaro, lo chupeteaba, lo mordía, me lo metía en la boca todo lo que podía y lo sacaba lentamente. Y volvía a empezar.
-Oooooh mami, que buen trabajo me estas haciendo, se ve que eres una buena mamadora de vergas también.
-Me apenas que sea tan evidente, pero es algo que disfruto hacer y más con esta verga tan grande que tienes.

Así seguí un buen rato, a veces sentía que ya se iba a venir en mi boca pero es de largo aguante, confieso que por mas que intente meterme toda esa polla en mi boca nunca lo logré, y eso que me lo metía hasta la garganta. Durante la mamada monumental que le estaba dando me acariciaba el trasero, y a ratos me nalgueaba con palmaditas, metía hasta cuatro de sus dedos en mi vagina y me masturbaba. No pude más y me vine nuevamente.

Juan Carlos al darse cuenta que me estaba chorreando bajó su boca a mi vagina y me chupo toda, me abrió las piernas de par en par como pudo y siguió dándome placer un buen rato. Exploraba con su hábil lengua todos los rincones de mi vagina, se abría paso con sus dedos y la metía hasta donde podía, yo solamente agradecía con los ojos cerrados mientras me pellizcaba los pezones. Pero después de un buen rato le pedí que me cogiera nuevamente:
- Por favor Juan, necesito esa rica polla dentro de mí otra vez. No me hagas sufrir más.

Se acomodó bien en el asiento de atrás y yo me monte sobre su verga, me arqueé todo lo que pude y comencé a cabalgarlo. Mis movimientos iban aumentando, primero en forma de círculos y después arriba y abajo. Estaba sorprendida de su aguante, ya que con mi esposo nunca pasábamos de 15 minutos, no sé que tenía ese hombre que yo le pedía más y más. le rogaba para que me follara:
-Así papi. Dame toda tu polla.
-Me encanta tu meno mi puta. Te mueves muy rico.

Los movimientos cada vez eran más aprisa, sus embestidas empujaban con más fuerzas en mi coño. Me metía su polla en mi vagina como si siempre hubiera sido de él. Al mismo tiempo que le restregaba mis tetas en su cara:
-Cómetelas mi papi. Devórame mis tetas que están duras de tanto placer que me das - le decía

Sin reparar en nada el muy cabrón comenzó una comida de tetas increíble. Me las mamaba con maestría, me succionaba los pezones y a ratos me los mordía. Yo misma con mis manos me agarraba las tetas y le daba de comer en su boca, estaba toda babeada que su saliva me escurría por en medio de mis pechos y se confundía con el sudor que nuevamente salía de mi cuerpo caliente. Tenia el un cuerpo de perra hambrienta de verga.

Con sus manos me abría las nalgas y hacia que me sentara con más ganas en su polla, que estaba muy caliente. Sentía que en cualquier momento me iba a partir en dos y hábilmente fue introduciendo su dedo índice en mi culo. Hasta que logro meterlo todo.
- ¡¡¡ Ohh Dios mió que placer.!!!

No quería que eso terminara y le pedí nuevamente que me nalgueara, que me tratara como a una verdadera puta, como nadie antes me había tratado. Todo eso era muy excitante para mi y le rogaba que me diera mas y mas. Ahora mi culo quería ser penetrado.

-Por favor Juan. Méteme la verga en el culo. No aguanto más. Ooh te quiero sentir por detrás papi.
-Voltéate de espalda mi chula. Así te podré romper el trasero a mi gusto.

-Claro que si cabrón. Dime como quieres que me ponga para que me penetres el trasero.

Me colocó a su antojo, ahora quedaba montada de espaldas. Me agarré como pude de los asientos delanteros mientras me lubricaba el culo con mis propios líquidos, lentamente empecé a sentir la punta de su cabeza entrar. No sé porque, pero ahora la sentía mas grande, más gruesa, más rica. Me fui sentando en su polla poco a poco hasta que lo tuve en todo su esplendor en mi interior. Como pude ahogue un grito de dolor y me enterró sus dedos en mis nalgas y las empezó a mover en círculos. Suave, rico. Así nos quedamos unos minutos, en total silencio, yo con los ojos cerrados lamiendo mis labios y mordiéndomelos. Era un placer total, algo que nunca me había dado mi esposo en tantos años de casada.

El silencio se fue cuando sentí una de sus manos golpearme las nalgas, un golpe en seco que me hizo saltar y escapar un gemido de placer a la vez que jalaba de mi cabellera hacia atrás. Ahora si me tenía bien clavada la verga, era una posición que le permitía hacerlo con tal descaro.
- Vamos mi puta. Muévete más, quiero romperte el culo como nunca antes te lo han hecho.

Me excitaba mucho escuchar cosas sucias y groseras. Me sentía una cerda que ni a mi esposo le habría permitido hablarme así nunca. Pero en ese momento estaba rendida y dominada por aquel desconocido.
- Eres un cabrón de mierda. Me haces comportarme como la más puta de todas las mujeres. ¡Cógeme más por favor!
- Eres la zorra más ardiente que he tenido. Una señorona para coger. Que culo.

-Fóllame muy rico cabrón. Como solo tú lo sabes hacer. No como al pendejo que tengo en casa.
-A ese cornudo le sobra vieja para coger. Eres mucha hembra para ese pendejo de puta.

Estaba en el clímax. Extasiada de un dolor en el culo por tantas embestidas de su verga, ardiendo de las nalgas por tantas nalgueadas, con la boca abierta tratando de donde sea sacar aire para respirar. No tenía noción del tiempo. Solo deseaba que ese semental nunca más dejara de cogerme.

Me vine dos veces en esos bellos minutos que duró la culeada, hasta que me apartó y colocó mi boca otra vez en su verga caliente.
-Mama mi polla zorra, trágatela toda.
-Si papi, quiero lechita. Anda por favor. Dame leche.

Sin pensarlo mas me llenó de leche caliente la boca. Eran chorros y chorros que salían de aquella verga, me apresuré a tomarla toda, abría mi boca lo más que podía. Aun así deje escapar unas gotas que escurrían por mi mentón y después caían en mis pechos.
Me la tragué toda de un solo golpe, el sabor espeso, salado y caliente quemaban mi garganta y todas mis entrañas. Rápidamente me llevé su polla otra vez a mi boca, mientras chorreaban unas últimas gotas. La exprimía succionando con fuerzas, hasta que no quedó nada.

Debo confesar que nunca antes había tragado semen. Fue mi primera vez, me gusto tanto que ahora es algo que siempre pido al follar.

Me quedé recostada en sus piernas. Exhausta de tanto coger, saboreando aún el semen caliente en mi boca mientras recobraba el sentido y la noción de las cosas. Sus manos acariciaban mi cabellera roja y le pedía que nos siguiéramos viendo, que tenía que volver a repetir esa culeada tan mortal que me había dado. Tuve que confesarle mi verdadero origen y le conté lo desdichada que en mi matrimonio era.

Me escuchó con atención y coincidimos en volver a vernos pronto. Nos vestimos y me pidió que le regalara la tanga que traía, cosa que se me hizo muy morbosa y no dude en entregárselo, nos acomodamos en la camioneta mientras nos abrazábamos y besábamos a placer.

Marvi después de unos minutos salio con Mario recién bañados. Sin decirnos mucho salimos de eso motel en el que tanto placer había sentido y nos pasaron a dejar al centro, donde habíamos guardado nuestro auto. Eran a las 7.30 p.m. Intercambiamos números telefónicos y nos quedamos de hablar al siguiente día.

Me despedí de Juan con un apasionado beso y manoseo de nalgas, que hasta ese entonces reparé en el ardor que ya sentía, y que en los dos días siguientes no se me quitó y no pude sentarme por la culeada y nalgadas recibidas.

Llegué a casa con mi cuerpo aun sudoroso, con olor a semen y sin ropa interior. Mi esposo veía entretenido TV y solo me preguntó que si todo había salido bien. Cosa que acepté con una sonrisota. Ay grandioso carnudo, si supieras la culeada que me acaban de dar. Después fingí estar cansada, me duche y me dispuse a dormir pensando en la rica polla de Juan Carlos.

Alicia mmm¡¡¡

Hace tiempo que la conozco, en la actualidad tiene 19 años y está recién casada. La conocí desde que ella era estudiante de secundaria, vive en una colonia aledaña a donde yo vivo y su familia y la mía se conocen desde hace un buen de tiempo.

Alicia es delgada, de buenas nalgas, senos pequeños, blanca y de pelo rizado, tiene ojos claros y una boquita deliciosamente mamadora. Hace unos días la encontré en el super ya que, generalmente, yo me encargo de las compras y ella andaba en lo mismo, al verla de lejos y reconocerla, me acerqué saludarla, ella me correspondió al saludo con un beso en la mejilla y mientras hacíamos las compras platicamos de algunas boberías y de nuestras respectivas parejas. Me comentó que se sentía decepcionada de haberse casado tan joven porque su marido casi no la dejaba salir y que era muy celoso, al verla tan atractiva con minifalda, blusa escotada y medias muy transparentes, pensé que era imposible no celarla y cuidarla pues se veía muy hermosa y deseable, de hecho, tenía el pito bien tieso pensando en lo que podría hacer con ese cuerpo y esa boquita. Ya para despedirnos le dije de repente y, lo confieso, deseando que aceptara:

- Pequeña, ¿Te gustaría salir conmigo a comer o a tomar un trago uno de estos días?
- ¡Si, claro!... pero debo hacerlo un día que no esté mi esposo para poder salir a gusto.

Decidimos ponernos de acuerdo, le dejé el teléfono de mi oficina para que me llamara en cuanto pudiera y como a los tres días, recibí su llamada. Recuerdo que era viernes y me comentó entusiasmada que su esposo, por cuestiones de su familia que vive en Morelia, debía salir todo el fin de semana y regresaría el martes siguiente. Esta situación nos permitió acordar nuestra cita para ese mismo día por la noche, me comentó que me llamaría al móvil para avisarme cuando su marido ya se hubiese marchado y que en un lapso de tres horas después debería recogerla en determinado lugar, así lo hicimos y como a las nueve de la noche ya la estaba recogiendo.

La imagen que vi me dejó turuleco, vestía de manera muy provocativa, zapatillas de color azul claro, mini-vestido del mismo color, medias blancas, el pelo suelto y con un maquillaje muy tenue que resaltaba la belleza de su cara. La saludé con fuerte abrazo, un beso casi sobre la boca y unas caricias un tanto atrevidas sobre sus caderas. Notando que no oponía resistencia, la tomé por la cintura, nos subimos a mi auto nos dirigimos a un bar del centro de la ciudad. Al llegar, algunos clientes voltearon a ver a mi linda acompañante y no faltó un discreto silbido, nos sentamos en un apartado, uno al lado del otro y pude ver a la tenue luz del bar, cómo su mini-vestido se recogía sobre sus piernas y noté que sus medias estaban sostenidas por un liguero bastante sensual, de encaje.

Pedimos unas copas y mientras yo pensaba en la forma en que la abordaría para poder seducirla, aunque mis chaquetas mentales, después descubrí, no eran necesarias pues ella estaba decidida a darme todo lo que yo quisiera. Entre bromas y risas fuimos consumiendo algunos tragos más, ya un poco achispados nos acercábamos y nos abrazábamos sin mucho recato ya que estábamos en un lugar en donde ese tipo de cosas no escandaliza a nadie, al menos, eso creo. En determinado momento me dijo que iría al tocador, ese abandono momentáneo lo aproveché para acomodarme la pinga, pues estaba muy incomodo por la erección tan fuerte que estaba experimentando. Cuando ella regresó, sin más ni más, se sentó en mis piernas y me dijo, casi mordiéndome una oreja: ¡Estoy ardiendo, me encanta estar contigo, nunca había salido a un sitio como este, gracias por traerme!

Esta reacción de Alicia, me dio la pauta que esperaba y tomándola por las caderas, le acaricié discretamente sus piernas, ella entrecerró los ojos y permitió mi avance lento debajo de su vestido, sentir la suave calidez de esos muslos deliciosos me provocó dolor en los testículos y la verga, seguí mi avance debajo de su ropa y al momento de llegar a tocar su puchita, ella me entregó sus labios en un beso tan candente que sentí que me venía ahí mismo. Traté de tranquilizarme y retirándola de mis piernas, pedí la cuenta, pagué y salimos abrazados de ese lugar y nos dirigimos a mi departamento de solterito. Al llegar, solamente encendí una luz de pedestal para poder mantener la cachondería que nos llenaba a ambos, nos pegamos en un apretado abrazo y mientras nos comíamos a besos mis manos se regodeaban con sus nalguitas, le levanté el vestido y mi dedo medio servió de guía a mi mano derecha que se introducía entre sus nalgas toqueteándole el culito y todo lo demás.


Alicia gemía como una perra en celo y afanosamente trataba de abrir mi pantalón; cuando alcanzó a abrir mi bragueta, metió su manita caliente entre mis calzones y tomó el tronco que tenía oculto ahí. Por un momento la dejé hacer lo que estaba haciendo, después la retiré y la volteé de espalda, la llevé hacia un sillón y la acomodé de tal forma que su culito quedara levantado, me quité completamente el pantalón y demás ropa, ella movía de un lado a otro sus caderas, le subí el vestido y pude apreciar una tanga blanca de encaje y sus medias sujetas por el liguero, al acariciarla sentí la tersura y calidez de su cuerpo. Me incliné un poco atrás de ella y mi lengua se incrustó entre sus nalgas, aún sin quitarle la tanga, lamí y mordisquee todo lo que pude, Alicia abrió sus piernas y se agachó más, esto me permitió llegar a su puchita, me puse de rodillas completamente y sobre la tanga, le propiné una serie de mordidas mas o menos fuertes pero sin llegar a dañarla, ella gimoteaba más fuerte cada vez y con una mano, se empezó a liberar de su tanguita, le ayudé a quitársela y al fin pude ver completamente esa panocha tan rica que se me estaba ofreciendo.

Al tenerla sin calzones y agachada, pude acomodarme mejor detrás de ella y mi lengua y labios empezaron un trabajo de chupeteo riquísimo, se arqueaba, se retorcía, gritaba pero no cambiaba de postura, esta sesión de lengüeteo y mordiscos logró que mi deliciosa amante llegar a un orgasmo fenomenal, sus espasmos acompañados de agonizantes gritos me indicaron el momento en que se venia a raudales, pegué mi boca con mas fuerza a su panochita y sorbí su caliente humedad hasta la última gota recorriéndole con deleite hasta su rosado culito que se estremecía con cada lengüetada que recibía.


Para esos momentos, mi pene ya era un brasa ardiente y doloroso, sentía la enorme necesidad de metérselo todo para saciar mis ansias pero, con todo y mi deseo incontenible, la dejé reposar un momento acariciando suavemente sus nalgas y su rajadita húmeda. Me puse de pie, la coloque de frente a mí y nuevamente nuestras bocas se juntaron en un apasionado beso, mis manos buscaban, temblorosamente, la cremallera de su vestido y al ir quitándoselo, pude apreciar sus senos pequeños y rosados sin sostén, los pezones se erguían retadoramente y debido a su acompasada respiración subían y bajaban provocadoramente. Mi mano derecha se acomodó sobre una de sus chichitas y la otra se deslizó sobre su calientita rajada, esto ocasionó que mi pequeña putita iniciara un nuevo jadeo entrecortado y lujurioso. Tenerla desnuda, solamente con medias, liguero y zapatillas era algo más que un sueño hecho realidad, era divinamente celestial y sus gemidos eran música para mis oídos.

Al poco tiempo de estar jugueteando con su panochita, su culito y sus senos, la llevé a otro sillón mas largo, le pedí que se recostara utilizando de cabecera uno de los posa-brazos, al hacerlo, me coloqué frente a su cara y le ofrecí mi caliente verga mientras con una mano le seguí tocando su pucha y sus chichitas, ella se acomodó mejor y tomando con una de sus manitas mi tronco, lo empezó a lamer delicadamente, mis dedos seguían hurgando el interior de su rajadita y observaba como su lengua caliente recorría, desde los testículos hasta la cabeza, todo mi pito. Le dije que se lo metiera en la boquita y ella no lo dudo, abriendo lo más que podía sus labios, lo engulló casi todo, mis dedos continuaban introduciéndose en su cosita y empecé el movimiento de mete y saca dentro de su boca, la tensión que se había acumulado en todo mi cuerpo estaba por reventar y no dudaba en que me vendría dentro de su caliente boca. Intenté contenerme lo más que pude y contrayendo el ano lo logré en gran medida por unos dos o tres minutos, esta acción me permitió disfrutar al máximo la mamada que mi putita me estaba dando. Después de unos momentos, al sentir que no podría contenerme más, le introduje lo mas que pude dos dedos en su cosita caliente, le frote con intensidad interior y con un espasmo doloroso y un gemido ahogado, descargue una generosa ración de esperma en su boca. Ella se aferró a mis caderas y sin soltar media verga se tragó lo más que pudo de mi leche hirviente, le sujeté el pelo y con palabras un tanto duras la seguí follando hasta que terminé de arrojar toda mi carga de esperma. Un hilillo le escurría por la comisura de su boca y mirándome juguetona, me dijo que quería más.

La tomé de las manos y la llevé al baño, nos metimos bajo la ducha y delicadamente le di un delicioso baño. Lavé con suavidad sus senos, su puchita y su culito, le mordisqueaba las orejitas y el cuello, después, ella se sentó en un banquito de baño y amorosamente me lavó la verga y los testículos, me chupeteo nuevamente de tal manera que, en poco tiempo, estaba listo para seguir cogiéndomela. Como es una chavita mas bien chaparrita, no me costó trabajo levantarla en mis brazos y llevarla a la recámara, la coloqué en el suelo y sequé su hermoso cuerpo con una gran toalla, tomé un tarro de vaselina perfumada y la embadurné toda, desde los dedos de sus pies hasta su cuello y carita, ella se dejo hacer. Pasaba uno de mis dedos constantemente en su culito y se lo oprimía, al sentir esto, ella gemía y se reía preguntándome que qué es lo que me proponía, lo sabía bien, pero su juego lograba que la cachondería regresara a nuestros cuerpos con más fuerza.

Después de esto, fue Alicia quien me cubrió de vaselina el cuerpo y tentadoramente masajeaba mi verga llenándola desde la base hasta la punta, sospechaba que yo quería penetrarla por el culo pues se esmeraba en dejar muy lubricado mi pito. La llevé a la cama y sentándola en el borde la recosté haciendo que sus piernas se levantaran y quedaran sobre mis hombros, me acerqué a su cara y la besé mientras buscaba su raja con la punta roma de mi miembro, al notar mis esfuerzos, tomó el tronco ardiente y lo encamino con dulzura a su rajadita. Teniéndola de patitas al hombro fue relativamente fácil introducirle toda la verga. Empezamos con lentitud y suavidad, mis metida eran lentas y firmes, ella cerró los ojos y cruzó las piernas en mi espalda, sus gemidos ahogados llenaban la habitación, poco a poco mis movimientos se hicieron mas rápidos y rudos, ya no gemía, gritaba como desesperada pidiendo mas verga, retorciéndose experimentó otro orgasmo descomunal, sentí como sus jugos mojaban mi pene y se escurrían por su entrepierna, seguí empujándole el pito mientras terminaba de venirse, al concluir, relajó las piernas, las dejó resbalar hacia el suelo y mi dura y caliente verga quedo fuera de su cosita, me incliné sobre ella y lamí sus juguitos, metí mi lengua lo mas que pude en su raja, se retorcía y reía mientras yo me deleitaba con el sabor salado de su orgasmo.

Al terminar de limpiar su cosita, levanté nuevamente sus piernas pero sin ponerlas en mis hombros, sosteniéndolas con mis manos le lamí su culito rosado, respingó al sentir mi lengua sobre su hoyito, seguí en esta forma por un momento hasta que quedó bien lubricado, la levanté, la puse agachada contra la cama y abriéndola, le metí de un golpe el pito en su pucha, gimió y me dijo que fuera suave porque así le dolía, eso me encendió aún más y en vez de contenerme arremetí con mas fuerza mientras le decía que a las putas como ella se les trataba de esa manera, no se quejó más, solo gemía, se levantó y se sacó la verga, esto me desconcertó pero ella se encargó de tranquilizarme ya que lo que pretendía era montarme a mí, me empujó sobre la cama, se paró abierta sobre de mí y poco a poco se fue sentando en el tronco de mi pene, sentí como se ensartaba ella sola y haciendo círculos, intentó hacer que llegara yo al orgasmo, esta postura me permitió aguantar un tanto más que la primera vez, ella intentaba a toda costa conseguir su fin, me divertí y gocé sintiendo su caliente raja sobre mi verga.

Con un empujoncito la derribé sobre la cama, la puse boca abajo, le coloqué un cojín bajo su pubis y logré que su culo quedara levantadito, le abrí las piernas y recostándome sobre ella, le empuje nuevamente la verga, gimoteó pero no se quejó y el mete y saca que empecé me prendió más, la fui jalando hasta colocarla de a perrito, mis manos la tomaron de sus chichitas mientras le atravesaba su cosita, le saqué la verga y le lamí la panocha y el culo como si fuese un perro en celo, me coloqué otra vez en posición y agachándola contra la cama, deje su culo abierto, dos o tres lengüetazas más y le coloqué la punta de la verga, ella trató de incorporarse pero yo la obligué a que se mantuviera en pose, empujé con fuerza tratando de romper ese culo rico, ella gemía y pedía que no lo hiciera, la volví a insultar diciéndole que putas como ella debían sentir la verga por todos lados, seguí empujando pero me era muy difícil entrar, la paré, vi que lloraba un poco, la recargue contra la cama y le di la verga para que me la chupara un poco, ella sabía que no cedería en mis intentos y llenó lo más que pudo de saliva la cabeza morada de mi pito, se lo saqué de la boca y se lo coloqué en el culito nuevamente, un empujón bastó para que, con un grito feroz, ella recibiera en sus entrañas la mitad del pito.

Me detuve un momento para dejar que su cuerpo se acostumbrara al grosor de la verga, no se movía , le metí otro tanto el pene y volvió a gritar pero con menor intensidad, me sorprendió de momento porque ella, en un reculón dado a propósito se ensartó toda la verga, volteó a verme y de sus ojos escurrían lágrimas pero aun así sonreía satisfecha, quedamos empalados los dos por un momento más, le acaricie las nalgas, las tetas y la espalda mientras le sacaba un poco el pito, ella se movió y volví a enterrárselo todo, sólo pujó un poquito, se lo saqué nuevamente a la mitad y fue ella quien, nuevamente, , se volvió a ensartar. Empezamos el mete y saca lentamente, seguía llorando pero ya no se resistía, disfruté al máximo al enterarme que yo era el primero que le metía la verga en su rosado y apretado culo, me decía gimiendo que le dolía mucho pero que siguiera, que sí era una puta y que deseaba que la tratara como tal, que era una perra deseosa de verga, que le rompiera bien el culo.

Sus palabras me incitaron a seguir follándola por el ano con mas fuerza, sus gritos se convirtieron en gemidos agónicos, ya no lloraba sólo gemía y gemía. Sentí que el próximo orgasmo de ella estaba a punto de llegar pero yo quería también terminar, así que le saqué toda la verga y se la introduje dentro de su cosita ardiente, se contrajo con fuerza y llegó al final, al sentir su flujo orgásmico no me contuve y a riesgo de lo que pasara, eyaculé con potencia dentro de su panochita caliente, se retorció más y no intentó separarse de mí, se fue doblando sobre la cama y yo seguí detrás suyo, mi verga quedo guardada dentro de su puchita mientras los espasmos de placer y los últimos restos de semen quedaban adentro de mi hermosa y ardiente puta.

Mi esposa con otro

Hace 4 años que estoy casado con ana y si bien nuestras relaciones siempre fueron buenas, en un momento empecé a tener fantasías con ver a mi esposa cojer con otro hombre; en mis pensamientos la veía disfrutar de una buena pija, haciendo todo tipo de chanchadas, ya que la mía mide apenas 12 cm y si bien... nunca se quejó, una vez escuché decirle a una amiga por teléfono que se había cruzado con un ex-novio de la secundaria y para recordarle cual era, le dijo que era el de la pija de 19 cm que tantos dolores y satisfacciones le había dado.

El problema era que nunca me atreví a comentarle mis fantasías ya que pensaba que se iba a enojar y decir que era un deprabado.

Sin embargo, la situación se resolvió de una manera increíble.
Mi esposa que es contadora y lleva los libros, entre otros, de un gimnasio, me llama una noche y me dice que no la espere a cenar debido a que después de salir de su oficina tiene que discutir unos asuntos con la dueña del gimnasio. le dije que no se preocupara ya que estaba cansado y me iba a ir a dormir temprano. sin embargo cené rápidamente y decidí ir a buscarla, ya que no quería que regresara sola.

Cuando llegué, se estaban llendo los últimos clientes, por lo cual el gimnasio quedaba vacío; busqué a mi esposa, pero no pude hallarla, como así tampoco a nadie de la supuesta reunión. En eso siento la voz de Gerardo, uno de los instructores, que dice: apurate preciosa que no tenemos mucho tiempo; grande fue la sorpresa a escuchar la risa de mi esposa que venía bajando las escaleras. Me escondo en uno de los vestuarios mientras ana cierra las puertas del gimnasio y retornaba al piso superior.

Sentía una mezcla de bronca y curiosidad de saber lo que estaba pasando, por lo cual subí sigilosamente y me dispuse a espiarlos. Gerardo estaba ya desnudo de rodillas sobre una colchoneta. Mis ojos no podían creer lo que veían, al margen de su cuerpo musculoso y bronceado, pendía entre sus piernas un pedazo de carne impresionante. Mi esposa se arrodilla junto ha el y le dice: hoy quiero toda tu verga en mi culo, y le empieza a hacer una espectacular mamada. La pija de Gerardo una vez erecta tomó dimensiones monstruosas que le producían arcadas a mi esposa.

Para ese entonces mi bronca había dejado paso a una calentura terrible y sólo quería ver como se revolcaban. Cuando la tuvo bien parada colocó a ana en posición de perrito le pasó una crema por el ano y lentamente se la fue colocando. Mi esposa entre gritos de dolor le decía que nunca supo lo que era realmente el placer hasta que lo conoció. El comenzó a cabalgarla con más fuerzas y realmente yo no entedía como podía entrarle todo eso en el culo. El le presto la pija de el parecía querer más y aunque mi esposa parecía dispuesta a seguir, le dijo que mejor que paren ya que se le hacía tarde y no queríe que yo entre en sospechas, así que se levantó y se dirigió a las duchas; el la siguió por detrás y juntos se metieron en el baño. Cuando cierran la puerta, decido que es hora de irme, y aunque si bien ahora no podía mirar, por lo menos quería escuchar lo que decían. Por lo que oí antes de marcharme, deduzco que ana va a llegar más tarde. Gerardo le decía que quería despedirse de su culo.....y empezaron los gemidos de dolor y placer nuevamente.

viernes, 22 de enero de 2010

Mi Prima

Hola, soy Maria, Soy blanca, cabello rubio, tengo un cuerpo bastante atractivo debido a todo el tiempo que le dedico con dietas y ejercicios. Mis senos son grandes, me los puse a principio de año.

Esta historia es de mi vida, paso un 31 de octubre, Fecha que todo el mundo conoce como el día de brujas, fiesta que se celebra desde hace muy poco tiempo en mi país.

Este año por primera vez tomé la decisión de ir a una fiesta de disfraces con mi prima Ana, ella es muy parecida a mí. Siempre nos confunden, cosa que me encanta por que ella es una muñequita de 20 añitos con prótesis también en los senos. Tiene el mismo corte escalonado al mío, pero algo más claro.

Un día antes de dicha fiesta decidimos ir a comprarnos los disfraces. Teníamos una fiebre de exhibir nuestros senos, y elegimos los más sexis. Ella se compró un disfraz de Diabla que dejaba poco a la imaginación y yo me compré uno de Batichica. Cada uno con sus respectivas máscaras.

Ana siempre me pareció una niñita muy tranquila y con poca malicia incluso muchas veces aunque era muy sexy me parecía muy inocente. Nosotros somos buenas amigas pero jamás hablamos de nuestras intimidades.


Bueno esa noche Juan, un amigo de Ana fue con nosotras a la fiesta. El también estaba disfrazado, había escogido el de Batman. Debajo del antifaz se veía como un muchacho bastante guapo de más o menos 22 años alto, con un buen cuerpo. Es muy caballero y muy atento.

Llegamos a la fiesta en una disco de la ciudad, bailamos tomamos mientras pasaba el tiempo el ambiente se puso más intenso. Ana y Juan se comían a besos mientras yo los veía con disimulo. Al verlos me entró como un fuego intenso en mi vagina.

De repente Ana me mira con picardía y me pide que la acompañe al baño. Esto me calmó un poco. Al llegar al baño Ana cerró la puerta con llave y se quitó toda la ropa. Me dijo:
- Cambiemos de disfraz, hazme la suplencia. Quiero comprobar si Juan se da cuenta.

Yo con lo cachonda que me encontraba no lo pensé ni un segundo. Sólo me cambié de disfraz y cuando salí del baño sólo salté sobre él.

Llegó la hora de irnos. Yo tenía todavía el disfraz de Ana y seguía haciendo el papel de ella. No sabía que responder a muchas de sus insinuaciones, por que no conocía la vida sexual de Ana. Para mi Ana seguía siendo virgen.

Cuando nos montamos en el carro que Juan preguntó que hacer. Ana dijo que su casa (realmente mi casa), estaba sola. Que podíamos ir para allá pero con la condición que en ningún momento nos quitáramos los antifaces. Juan accedió a ir a mi casa sin decir mucho.

Mientras Juan manejaba, me acariciaba las piernas muy suavemente. Con disimulo metía su mano lo más cerca de mi vagina, yo estaba excitadísima pero tenia miedo por Ana.

Después de llegar a casa decidimos abrir unas botellas de vino. Al cabo de unas cuantas copas y unos cuantos cigarros mi prima se levanta a preparar comida.

En eso Juan saltó hacia mí. Era la primera vez que sentía un beso así con tanta pasión. Tuve mi primer orgasmo con tan solo un beso. ÿl empezó a besarme la oreja y poco a poco fue bajando al cuello y a mis senos. Disfrutaba mucho por que se quedó un buen rato en mis senos. Mientras besaba uno jugaba con mi otro pezón. Al cabo de unos minutos bajo muy lentamente a mi ombligo y fue bajando.

Yo estaba súper asustada porque no sabía de Ana. Me excitaba mucho pensar que me estaría viendo. Cuando el se bajó el pantalón y ví su pene. Era el más grande que había visto en mi vida. Sin pensarlo ni un segundo me lo metí a la boca. Mientras jugaba con sus testículos, me encargué de su pene, lo lamía, lo chupaba, lo mordía, lo apretaba, y lo masturbaba.

Estaba loca por sentir su semen en mi boca. Al cabo de un rato el me quitó la ropa y me obligó a que me sentara sobre su cara. Era la primera vez que me hacían el sexo oral de esa manera. Sin pasar mucho tiempo tenía su lengua en mi ano. Estaba tan excitada que yo le abría mis nalgas para que el pudiese meter su lengua más y más adentro.

Mis gemidos eran bastante fuertes. Tuve que inclinarme hacia su pene para seguírselo mamando, mientras el seguía besándome mi vagina. No se veía la puerta de la cocina así que de verdad no sabía nada de mi prima. Pero igual ya no me importaba mucho. Me excitaba mucho.

No paso mucho tiempo cuando empecé a sentir algo extraño. Tenía una boca en mis nalgas besándome y tenía otra boca en mi vagina. Me asusté muchísimo y me dio hasta miedo voltear. Pero no tuve otra opción, tuve que hacerlo.

Era mi prima Ana. Esto me impresionó muchísimo. Yo nunca había sentido el beso de una mujer. Pero era algo que siempre me había excitado mucho y siempre lo había tenido en mi mente.

No aguanté más y quité a Juan de mi vagina. Me fui directo a Ana, ella ya estaba desnuda, pero con la máscara puesta. Los tres seguíamos con las máscaras, tal cual habíamos quedado. Me senté encima de ella y nos quedamos viendo a los ojos por pocos segundos.

Por su mirada ella tampoco había estado con otra mujer. Nos acercamos muy lentamente. Podía sentir su respiración suave pero profunda. No sabía si era su corazón o el mió que palpitaba a gran velocidad.

Cuando nuestros labios se unieron, sentí un hormigueo estremecedor en todo mi cuerpo. Fue el beso más tierno y más ardiente que alguien me haya dado. Nos besamos por un rato mientras Juan nos veía con cara de impresión.

Ana con su inocencia y delicadas manos me arrimó para que me acostara en el sofá. Ella se acostó encima de mí, yo no lo creía. Ella fue bajando muy lentamente hacía mi vagina. Cuando llego a ella, se estremeció mi cuerpo. Era un mezcla de sensaciones que jamás había sentido.

En ese momento le pedí a Juan que se acercara. Juan muy delicadamente se arrodilló detrás de Ana y suavemente le empezó a lamer su vagina y su ano.

Ana empezó a gritar de placer. Sus gritos me volvían loca. Juan sacó su boca y muy delicadamente puso la punta de su pene en su vagina. Ana desesperada por lo que sentía se afincó hacia él.

Era la primera vez que veía la cara de alguien con ese gesto de placer. Ella estaba puesta en cuatro, con un pene enorme dentro de su vagina. Lo estaban disfrutando mucho. Yo me dí la vuelta y me metí debajo de ella. Al principio sólo observaba ese espectáculo, como entraba y salía ese pene enorme de esa vaginita linda rosada recién depilada.

Decidí probar a que sabía una vagina. Apenas puse mi lengua en ella, entendí por que gusta tanto. Ana cuando sintió mi lengua en su vagina dejó de moverse y se inclino más hacia mi boca. Mientras tanto Juan se movía con mucha suavidad.

Los gemidos cada vez eran más y más fuertes. De repente Ana le dijo a Juan que yo también quería. Juan se sentó a un lado y yo me senté sobre él. Agarré su pene y me lo introduje muy lentamente en mi vagina. Ana estaba masturbándose a un lado de mí.

Yo estaba cara a cara con Juan, cuando me dijo al oído:
Te quiero coger por el culo.

Yo no sabía que hacer, porque nunca había tenido relaciones anales. Mi prima me dijo que ella lo ayudaría.

Ana empezó a jugar con mi ano y fue metiendo poquito a poquito un dedo en mi. Yo todavía estaba sentada encima de Juan con su pene dentro de mi vagina. Poco a poco me fui levantando, ana agarró el pene de Juan, lo puso en mi ano y yo intentaba meterlo.

Sentí un dolor fuerte, pero igual, con lo excitaba que estaba no le dí mucha importancia. Ana sacaba el pene de mi ano, lo escupía, luego escupía mi ano y volvía a meterlo.

Al cabo de un rato ya tenía todo el pene dentro de mi ano. Era otro placer que había descubierto esa noche. Empecé a moverme y a moverme cada vez más y más rápido.

No sé como lo llegamos a hacer, Juan se levantó y me acostó en el sofá sin sacarlo de mi ano. Ana se arrodilló cerca de mi boca, para que le mamara la vagina. Yo me estaba volviendo loca y mucho más al momento de sentir como Ana me estaba acariciando el clítoris con sus dedos y su boca.

Sentía que mis gritos los escucharían hasta la esquina. Estábamos sincronizados, cada vez que salía el pene de Juan, Ana me chupaba y ella volvía a poner su pene en mi ano.

Juan dijo que iba a acabar. Ana le pidió que acabara fuera de mi vagina. Juan sacó el pene y se masturbó hasta acabar sobre mis senos. Los gritos de Juan junto eran súper excitantes. Mientras el gritaba, Ana me hizo llegar con una rica chupada sobre mi clítoris y vagina.

Ana terminó de esparcir el semen de Juan sobre mis senos y mis labios.

Luego de todo esto, yo abracé a Ana y la recosté hacia mí.

Hoy en día no sé quién es Juan y probablemente él no sabe quien soy yo. Ana y yo nos seguimos viendo pero no hemos vuelto a hablar del tema. Tampoco lo volvimos hacer, pero fue un experiencia inolvidable.