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domingo, 12 de diciembre de 2010

MI PRIMERA

Esta historia que les voy a contar me sucedió cuando tenia 17 años. Fue mi primera experiencia sexual y hasta hoy que tengo 32 ha sido una de las mejores.

Al entrar en la escuela de enfermería recuerdo que habían muchos maricones estudiando allí. Yo llegue por casualidades del destino. Un amigo mío me dijo que el profesor vivía cerca de la escuela y me enseñó la casa. Pasamos por allá y estuvimos conversando un rato. Durante el primer año de la carrera cada vez que tenia una oportunidad pasaba por su casa y conversábamos un rato. Muchas veces habían algunos pájaros visitándole, algunos de ellos eran profesores de la misma escuela a la que yo había asistido. Siempre note algo extraño en su mirada, pero como dije antes nunca me llamaron la atención los hombres. Al comenzar el segundo año las horas en el hospital también eran de madrugada. Comenzaba a las 11:00 de la noche hasta las 7:00 de la mañana. Siempre que me tocaba ese horario yo salía de mi casa mucho mas temprano y pasaba a visitar a mi amigo. A veces pasábamos horas conversando. Durante ese año el me invito a su casa a comer en mas de una ocasión pero yo nunca fui. Me daba pena.

Una noche el me dijo cuando pase por su casa que tenia una cosa para que yo leyera, y que la sabia que me iba a gustar. Me fui a mi hospital esa noche preguntándome que seria aquello tan interesante. Mi profesor siempre tenia puesto shorts bien cortos y no usaba calzoncillos lo que le hacia los huevos brincar. Al día siguiente salí de casa mas temprano que de costumbre. Cuando llegue a su casa el se puso de lo mas contento. Me sentía en confianza. Nunca me hubiera imaginado lo que sucedió después. Porque nunca insinuó nada. Nos sentamos a ver televisión y a conversar un rato. Luego el me trajo dos hojas de papel mecanografiadas por las dos caras. Aquella historia se llamaba "Hermanitas cariñosas". El nunca me dijo de que se trataba. Solo me dijo que le prestara mucha atención y que lo disfrutara.

Cuando comencé a leer aquello me llamo mucho la atención. Era la historia de dos hermanas que acuerdan irse a la cama con el mismo hombre a la vez. Luego de disfrutarlo a plenitud las dos hermanas terminan comiéndose la una a la otra. En mi tierra le dicen a eso hacer tortilla. Mientras yo leía aquel papel yo notaba que la pinga mía se ponía cada vez mas dura. Al eso ocurrir yo sentía pena que el profesor me viera así, y mientras mas leía mas dura se ponía. Nunca me había sucedido nada semejante. Mi profesor sentado al lado mío se mantenía callado y observaba de reojo. Yo estaba inclinado hacia delante ensimismado con la totilla que hacían aquellas dos hermanas. El uniforme que yo usaba para la escuela era un pantalón y una bata blanca. La bata llegaba hasta mas abajo de la cintura. Cuando termine la lectura confieso que estaba peor que nunca. Mi pinga parecía una antena de lo parada que estaba. Me recosté en el sofá con la bata por encima del pantalón por que sentía pena que el me viera así. Le devolví el papel cuidando de que no me viera excitado.
-Te gustó? Preguntó el
- Si (le conteste de forma muy vaga)
En ese momento yo siento que el me pasa la mano por la pinga mía y me la acaricia. Me quede loco. Estaba tan excitado que aquel toque de él me gustó. En ese momento me dije a mi mismo que el era maricon. Me pidió que me la sacara y yo accedí un poco tímido pero cada vez mas me gustaba lo que estaba pasando. Al aquella verga estar afuera completamente el seguía pasando la mano por la cabeza. Nunca había sentido algo tan sabroso.
-Que pinga mas linda (dice el)
-Si (contesto yo tímidamente)
-Yo la tengo mas grande que tu
-Si (otro si tímido)
-También soy mayor que tu
-Cuantos años tienes?
-37

En ese momento el se la saca. Nunca había visto una delante de mis ojos. Tengo que confesar que tenia un señor pingon, con todas las de la ley. En ese momento comencé a sentir algo raro dentro de mi. Aquella verga me llamaba la atención. Parada media como 10 pulgadas. El se inclina y me comienza a mamar. Sentí la sensación mas sabrosa de mi vida. Estuvo un rato y luego me pregunto
-Nunca te la habían mamado?
- No- le respondí.
- Ven
Me llevo al dormitorio. allí tenia su cama, muy limpia y perfumada y me pidió que me acostara. Me quito la ropa y los zapatos. Comenzó a mamarme la pinga y se puso en la posición 69. Aquello era la gloria. Su enorme pinga estaba próxima a mi cara. Me preguntaba yo si me la metía en la boca o no. Luego de titubear un poco decidí metérmela en la boca y empecé a pasarle la lengua. Me resulto un poco extraño al principio pero después me gusto. Por el otro lado yo sentía aquella mamada y era el placer mas grande de mi vida. Me lameteaba las piernas pero cuando me paso el dedo por el culo fue lo mejor de la noche. Note que mientras mas metía el dedo en el culo la pinga se ponía mas dura. Yo seguía mamando y el se movía hacia arriba y hacia abajo. Siento en una de esas que me estoy viniendo con todas las de la ley. Nunca había sentido una sensación igual a esa. Al venirme en su boca el se trago mi leche, y continuaba mamando. Yo brincaba de placer. En ese momento siento que el se viene en mi boca. Aquello me gusto y me la trague. Se la seguí mamando por un rato hasta que el decidió parar.
-Te gustó? me preguntó.
-Si

Nos fuimos a bañar y yo salí después rumbo al hospital. El me dio un beso en la boca y me despedí de él. Durante esa noche la pase pensando que había cometido algo malo. Tenia una educación católica donde se ataca a los homosexuales y se les considera algo contranatural. Pero por el otro lado había sentido el placer mas rico de mi vida. Al día siguiente salgo para el hospital nuevamente a la noche. Me encuentro con el muy sonriente que iba camino a su casa. Yo sentía curiosidad por hacerlo de nuevo pero a la vez sentía un poco de miedo porque me fuera a gustar mas. Cuando llegue a su casa no hizo falta tanto rodeo. Fuimos directo a la cama. Esta vez el me acaricio los pezones. Yo me retorcía de placer en la cama, me pasaba la lengua por el cuello, por el ombligo. Me sentía en otro mundo. después de haberme revolcado de placer comenzó a mamar de nuevo. Aquello me encantaba. Me viro boca abajo y comenzó a acariciar la espalda, me daba mordiscones y me pasaba la lengua a la vez que me acariciaba la pinga. Iba bajando la espalda y me llegó al culo, le comenzó a pasar la lengua. Yo me quería venir pero el no me dejaba. El alternaba la lengua con el dedo el culo. Al cabo de un rato siento que me esta metiendo aquel pingon. Me dolió pero al cabo de un rato siento algo dentro del culo que la pinga me toca y mi rabo estaba mas parado que nunca. El me masturbaba y metía y sacaba aquella verga de mi culito virgen. Me vine como un perro. Esta noche el placer fue mejor que el de la noche anterior. después de aquel rato de placer fuimos al baño, yo no me podía parar, estaba extenuado. Me siento en el inodoro, la leche me sale por el culo y el me dice
-Ahí se van mis hijos


Yo sonrío porque este hombre me había dado el mayor placer de mi vida. Durante un tiempo estuvimos acostándonos juntos. Confieso que de nada me arrepiento. Hoy estoy casado y me gusta metérmela de vez en cuando. y si son prietas mejor.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Antonio y ....

Mi esposo se llama Antonio y proviene de una familia muy conservadora en todos los
aspectos. Por mi parte, provengo de otra familia tan o más conservadora que la de Antonio,pero con la diferencia de que estudié en un internado suizo para señoritas. Posteriormente mis años de universidad, los viví "sola" en ciudades como París,Roma, New York, San Juan, y desde luego Madrid.
Antonio tiene viviendo conmigo, como cinco años. Nos casamos oficialmente hace tres, con velo y corona, como a criterio de mi esposo y de nuestras familias debía ser. De haber sido por mí, hubiéramos continuado como estábamos, pero debido a la insistencia de Antonio y de nuestras familias accedí a ello. Tras estar viviendo cinco años con él, un día me levanté cansada de hacer siempre lo mismo en la cama. Eso se lo comenté a mi terapeuta, y ella me recomendó, que procurara hablar con mi esposo sobre esa situación, y así lo hice. Debido a la conservadora educación que recibió, la respuesta de mi esposo fue negativa. La terapeuta, me orientó a que usara la imaginación o fantasía en principio, mientras yo debía de ir tratando de convencer a mi esposo.

Al principio me costó algo de trabajo, pero al cabo de unos cuantos meses. Era toda una experta, a tal grado que me acostumbré a fantasear a diario. Observaba una situación, la que fuera, y partía de ella para imaginarme una historia, en la mayoría de las ocasiones, era totalmente mental, al principio. Posteriormente mientras visualizada mentalmente una situación, mis manos, discretamente me las metía de bajo de la falda y me auto satisfacía. En cierta ocasión mi esposo se dio cuenta de ello. De que yo mientras me encontraba viendo una novela. Me imaginaba que era la protagonista, y que el galán de la novela, se revolcaba conmigo en medio de mi sala, frente a la asombrada mirada de mi esposo y nuestras respectivas familias. Claro ésta que él, no podía ver las imágenes que yo tenía en mi mente, pero si vio con lujo de detalles como yo me encontraba, sentada en el sofá, con las piernas
abiertas y sin bragas, acariciando por dentro mi concha.
En otra oportunidad, nos encontrábamos en una cena de negocios, en la casa de su socio,cuando mi atención se fijó en un lienzo que representaba, una escena campestre, de unas dos parejas, como en un día de campo, en el cual las mujeres posaban desnudas. Mi imaginación, me llevó a ser la tercera mujer sin ropa, a la cual, mientras las chicas me acariciaban, los tipos me follaban. Una de mis manos la tenía en mis senos, mientras con la otra me deleitaba, dándome entre mis piernas. Antonio me cortó la inspiración de ese tan grato momento. Al llegar a casa me comenzó hacer preguntas, las cuales yo le fui respondiendo según consideré conveniente.
Para quitarme esa fea e insana afición (según él dijo, en ese momento), Antonio me propuso un acuerdo, el cual consistía en que iba a realizar cualquier cosa que yo le pidiese en el ámbito sexual, con la condición de que no volviese a tener fantasías y a practicar esa indecorosa conducta nuevamente. Al principio yo solo me limité a pedirle que me acariciara los senos, y mis muslos, cosa que para ser tan sencilla a Antonio le costaba algo de trabajo.
Al cabo de una semanas ya se había hecho un experto, y su imaginación fue aportando
nuevas formas de acariciarme, pero no de satisfacerme del todo. Por ejemplo, en una
oportunidad me acostó en la cama, boca abajo. Me encontraba desnuda sin nada de ropa,
mientras que él vestido con chaqueta y corbata. Pasaba las yemas de sus dedos, por todo mi cuerpo. Una vez que terminó, me fue echando finas líneas de miel por casi todo la parte posterior de mi cuerpo, tras lo cual con su lengua me fue quitando la miel, pero ni por equivocación pasó su lengua por mi coño o mi culo. En esa ocasión me quedé dormida, de lo bien que me sentía.

Posteriormente yo le pedí que me besara mi concha, Antonio al principio puso algo de
reparos, pero al final lo convencí de ello, pero solo me la besó por fuera. En otra ocasión le solicité que me dejará besarle su pene, y a pesar de lo avergonzado que se encontraba me lo permitió. Y así, de esa manera sucesivamente fui ganando terreno. Nuestras relaciones, hasta ese entonces fueron de los más normales, yo me acostaba boca arriba y el se colocaba sobre mí, me lo introducía, yo medio me movía y él se corría, y punto. Luego que llegamos al acuerdo, las cosas fueron cambiando, debido a mis solicitudes. Me recuerdo cuando le pedí que me lo metiera en mi coño pero por detrás, su cara de asombro, era de lo más graciosa, pero al fin lo hicimos de una forma distinta. De pasó, yo siempre buscó literatura relacionada con lo sexual, ya sea para orientarme, o para copiar alguna posición.
Poco a poco fui llevando a Antonio por un mundo nuevo, de nuevas experiencias sexuales.
Hasta que al fin logré, que me mamara la raja, y me diera por el culo como a una perra. Al año del acuerdo, ya no necesitaba solicitarle las cosas que yo quería que me hiciese. Pero como todo lo bueno dura poco, comencé por aburrirme. Aunque Antonio en algunas ocasiones me sorprendía, como la vez que me trajo un consolador de color negro, y me lo empujó por mi coño, mientras me daba por el culo. Después le dio por traer películas a casa, al principio eran de parejas de hombre y mujer, pero luego trajo películas de mujeres con mujeres, mujeres con animales, y hasta de hombres con hombres, las cuales me llamaban mucho la atención.
Pero un día trajo, una película de dos mujeres y un hombre, y yo le pedí que se buscara a una golfa, para que compartiera la cama con nosotros. Yo lo dije en broma, y el se cabreó conmigo, me dijo de todo, hasta que me molesté, y le recordé el acuerdo. Antonio podrá haber sido un poco quedado y pusilánime, en las cosas del sexo. Pero cuando da su palabra la cumple, por lo que esa misma noche, se montó en su coche, y regresó con una tipa. Ella era algo mucho más joven que yo, y se hacía llamar "La Niña" debido a su porte casi infantil.
Al principio los tres nos encontrábamos algo cortados, por lo que decidí servir una ronda de brandy, y poner la película, no habían pasado ni quince minutos, cuando ya los tres nos comenzamos a quitar la ropa, mientras mirábamos la película, en la cual una rubia acudía con su marido que era un negro, a una consulta con una terapeuta sexual, que era una joven asiática. Mientras eran observados por la asiática, con bata de doctora, la pareja mantenía un encuentro sexual, al cual se sumaba la doctora posteriormente. No sin antes haberse metido la mano bajo la bata, y haberse puesto a jugar con su coño.
Serví otra ronda de brandy, y dije yo soy la doctora, y ustedes la pareja, así que a follar.
Debido a la forma de ser de Antonio, su verga no se encontraba en condiciones de ser usada, por lo que Niña posó su boca en la verga de él. En cosa de segundos, se armó Antonio, es verdad que no era como la del negro, pero ahí se encontraba, que es lo importante.

Por un buen rato la Niña y Antonio se magrearon, mientras que yo los observaba atenta, y mis dedos comenzaron a jugar con los bellos de mi coño, y a cada momento avanzaban más y más adentro de mí. Ya mi raja se encontraba toda húmeda por dentro, en eso vi como la verga de Antonio se iba introduciendo en el coño de Niña, y como ella lo disfrutaba, y lo demostraba moviendo sus caderas con fuerza. Yo que me encontraba bien excitada, me sumé a la pareja, colocando mi coño en la boca de Niña y mi culo en la de Antonio. Luego comenzamos a cambiar de posiciones. En una mi raja y la de Niña se encontraban pegadas, una contra la otra, nuestras piernas abiertas se encajaban entre sí. Al tiempo que Antonio, me hacía que se lo mamase, y luego para sorpresa mía me puso su hueco a la altura de mi boca para que con mi lengua se lo acariciara. Llegó el momento en que perdí la cuenta de los orgasmos que yo
había alcanzado, solo sé que al final cuando Antonio se corría sobre Niña, yo le pasaba mi lengua por su coño.
Niña nos siguió visitando de cuando en cuando, y en una oportunidad se presentó
acompañada, de una amiga, desde luego que Antonio y yo disfrutábamos de esos encuentros.
En esa ocasión fuimos tres mujeres contra él, a un mismo tiempo, a Niña la tenía por el culo, a la otra con su boca en su concha, y a mí me hacia vibrar con su mano dentro de mi coño.
Nuestras orgías privadas, por lo general eran los fines de semana. En cierta ocasión, por ser mi cumpleaños, Antonio trajo una película de una mujer que supuestamente era violada por cinco hombres a la vez. Un hombre por cada hueco disponible, y los dos restantes, con sus manos. Antonio al ver mi rostro, de inmediato dijo que no. Que cabrón no era. Ese día llegó Niña sola, y al enterarse de que yo cumplía años, preguntó si podía traer a una amiga, como un regalo de cumpleaños muy especial. Antonio aceptó de inmediato, y yo algo desilusionada por la actitud de él, acepté a regañadientes. Niña salió y regresó al rato con
Fabiola, una mulata de casi un metro ochenta de alto. Delgada, con una sedosa cabellera rubia, usando una mini falda, que nada más de respirar, dejaba ver la tersa piel de sus nalgas, sus senos eran grandes, pero firmes, los cuales apenas se ocultaban detrás de la blusa transparente que usaba, sus ojos eran de color miel y su voz más aguda que la de Niña o la mía. Antonio al verla quedó extasiado. Pero Niña, le recordó que Fabiola era su regalo de cumpleaños para mí.
Como de costumbre, se sirvieron bebidas, me cantaron el feliz cumpleaños, partimos el
pastel y me entregaron los regalos. Antonio me había comprado un set del cual yo me había enamorado, en cuero, el cual me probé de inmediato, quedándome monísimo. Por su parte Niña tomó la mano de Fabiola y la colocó entre las mías diciendo, que conste que es por tu cumpleaños que te presentó a Fabiola. Al decir eso me guiñó un ojo y pegó sus nalgas a Antonio, para luego continuar diciendo, comiencen ustedes que luego Antonio y yo las alcanzamos. Yo coloqué la mano de Fabiola sobre mi hombro y me encaminé a mi dormitorio. Tenía la sensación de que lo íbamos a pasar de lo mejor. Fabiola y yo nos entregamos a un largo beso sobre la cama, mientras las dos nos quitábamos parte de nuestra ropa, nos acariciábamos mutuamente, cuando ella dirigió los prominentes labios de su boca a mi coño, el cual ese día mi marido me lo había depilado por ser mi cumpleaños. Su lengua penetró hasta mi clítoris y lo chupó con gran maestría por un largo rato, yo estaba que no aguantaba más.

Me encontraba a punto de desmayarme, de lo feliz que me encontraba, tomé su cara y con mis labios busqué la boca de mi regalo de cumpleaños, luego me dediqué a
besar y a chupar sus bien formados senos, sentí que Fabiola se quitaba el resto de su ropa.
Cuando de momento. Sorpresa!! Sentí que una gran verga descomunal entraba por mi
vagina, yo con cara de asombro me le quedé viendo a los ojos a Fabiola ella se sonrió, mostrándome su blanca dentadura. En ese momento, un sin fin de sentimientos se volcaron sobre mi cabeza. Primero lo disfrutaba, pero me atormentaba lo que haría Antonio cuando entrase por la puerta, y viera que Fabiola me viola... Y después de lo que él había dicho.
Mi corazón casi se paraliza cuando la puerta se abrió. Primero entró Niña, con una cámara de video en mano, completamente sin ropas. Su mirada era sin expresión alguna, yo iba a decir algo cuando un dedo de Fabiola se posó en mis labios, y detrás de su boca. Antonio entró a la habitación desde mi posición apenas y podía verlo sabía que se encontraba desnudo la habitación, desde mi posición apenas y podía verlo, sabía que se encontraba desnudo.

Colocó sus manos sobre las nalgas de Fabiola, y la o lo penetró de golpe. Para mi era
impresionante ver que me estuvieran dando por el coño un quien sabe que cosa, y que mi marido se la o se lo clavara a su vez por el culo a esa persona. Al ver el rostro de satisfacción de Antonio comprendí, que ese arrebató que le dio cuando mirábamos la película solo fue una farsa, muy bien montada, al rato los cuatro cambiamos de posición en varias oportunidades. Hasta que ellos descargaron su ración de leche sobre nosotras, luego nos fuimos a la sala a ver el video, que me habían tomado. Mi cara era una mezcla de pánico, terror, confusión y alegría. Luego me explicaron que la Fabiola era un famoso transvestido, amigo de Niña, a la cual mi esposo le pidió que buscara para gastarme una broma.
El detalle es que Antonio, al terminar con nosotras, tomó la mano de Fabiola y se lo llevó al cuarto. Momentos después Niña yo entramos con cámara en mano. Sorpresa, Fabiola le daba por el culo a mi Antonio. Por su expresión claramente se veía que le gustaba, al principio me quedé paralizada. La voz de mi marido me sacó de mi estupor, me decía, Eli colócate de bajo de mí para disfrutarlo entre los dos. Temporalmente los dos se separaron, fue impresionante el ver como la kilométrica verga de Fabiola, salía del culo de Antonio. Mientras tanto Niña grababa todo con la cámara de video. Yo me acosté boca arriba, después de que Antonio me lamió el coño, me empaló, para luego sentir y ver como Fabiola lo empalaba a él. Era como la escena de la vieja película francesa Enmanuel... Desde esa fecha, no hemos vuelto a ver a
Fabiola. Pero en ciertas ocasiones, uso una verga de plástico, y le doy a Antonio por donde yo se que le gusta.

lunes, 25 de enero de 2010

Alicia mmm¡¡¡

Hace tiempo que la conozco, en la actualidad tiene 19 años y está recién casada. La conocí desde que ella era estudiante de secundaria, vive en una colonia aledaña a donde yo vivo y su familia y la mía se conocen desde hace un buen de tiempo.

Alicia es delgada, de buenas nalgas, senos pequeños, blanca y de pelo rizado, tiene ojos claros y una boquita deliciosamente mamadora. Hace unos días la encontré en el super ya que, generalmente, yo me encargo de las compras y ella andaba en lo mismo, al verla de lejos y reconocerla, me acerqué saludarla, ella me correspondió al saludo con un beso en la mejilla y mientras hacíamos las compras platicamos de algunas boberías y de nuestras respectivas parejas. Me comentó que se sentía decepcionada de haberse casado tan joven porque su marido casi no la dejaba salir y que era muy celoso, al verla tan atractiva con minifalda, blusa escotada y medias muy transparentes, pensé que era imposible no celarla y cuidarla pues se veía muy hermosa y deseable, de hecho, tenía el pito bien tieso pensando en lo que podría hacer con ese cuerpo y esa boquita. Ya para despedirnos le dije de repente y, lo confieso, deseando que aceptara:

- Pequeña, ¿Te gustaría salir conmigo a comer o a tomar un trago uno de estos días?
- ¡Si, claro!... pero debo hacerlo un día que no esté mi esposo para poder salir a gusto.

Decidimos ponernos de acuerdo, le dejé el teléfono de mi oficina para que me llamara en cuanto pudiera y como a los tres días, recibí su llamada. Recuerdo que era viernes y me comentó entusiasmada que su esposo, por cuestiones de su familia que vive en Morelia, debía salir todo el fin de semana y regresaría el martes siguiente. Esta situación nos permitió acordar nuestra cita para ese mismo día por la noche, me comentó que me llamaría al móvil para avisarme cuando su marido ya se hubiese marchado y que en un lapso de tres horas después debería recogerla en determinado lugar, así lo hicimos y como a las nueve de la noche ya la estaba recogiendo.

La imagen que vi me dejó turuleco, vestía de manera muy provocativa, zapatillas de color azul claro, mini-vestido del mismo color, medias blancas, el pelo suelto y con un maquillaje muy tenue que resaltaba la belleza de su cara. La saludé con fuerte abrazo, un beso casi sobre la boca y unas caricias un tanto atrevidas sobre sus caderas. Notando que no oponía resistencia, la tomé por la cintura, nos subimos a mi auto nos dirigimos a un bar del centro de la ciudad. Al llegar, algunos clientes voltearon a ver a mi linda acompañante y no faltó un discreto silbido, nos sentamos en un apartado, uno al lado del otro y pude ver a la tenue luz del bar, cómo su mini-vestido se recogía sobre sus piernas y noté que sus medias estaban sostenidas por un liguero bastante sensual, de encaje.

Pedimos unas copas y mientras yo pensaba en la forma en que la abordaría para poder seducirla, aunque mis chaquetas mentales, después descubrí, no eran necesarias pues ella estaba decidida a darme todo lo que yo quisiera. Entre bromas y risas fuimos consumiendo algunos tragos más, ya un poco achispados nos acercábamos y nos abrazábamos sin mucho recato ya que estábamos en un lugar en donde ese tipo de cosas no escandaliza a nadie, al menos, eso creo. En determinado momento me dijo que iría al tocador, ese abandono momentáneo lo aproveché para acomodarme la pinga, pues estaba muy incomodo por la erección tan fuerte que estaba experimentando. Cuando ella regresó, sin más ni más, se sentó en mis piernas y me dijo, casi mordiéndome una oreja: ¡Estoy ardiendo, me encanta estar contigo, nunca había salido a un sitio como este, gracias por traerme!

Esta reacción de Alicia, me dio la pauta que esperaba y tomándola por las caderas, le acaricié discretamente sus piernas, ella entrecerró los ojos y permitió mi avance lento debajo de su vestido, sentir la suave calidez de esos muslos deliciosos me provocó dolor en los testículos y la verga, seguí mi avance debajo de su ropa y al momento de llegar a tocar su puchita, ella me entregó sus labios en un beso tan candente que sentí que me venía ahí mismo. Traté de tranquilizarme y retirándola de mis piernas, pedí la cuenta, pagué y salimos abrazados de ese lugar y nos dirigimos a mi departamento de solterito. Al llegar, solamente encendí una luz de pedestal para poder mantener la cachondería que nos llenaba a ambos, nos pegamos en un apretado abrazo y mientras nos comíamos a besos mis manos se regodeaban con sus nalguitas, le levanté el vestido y mi dedo medio servió de guía a mi mano derecha que se introducía entre sus nalgas toqueteándole el culito y todo lo demás.


Alicia gemía como una perra en celo y afanosamente trataba de abrir mi pantalón; cuando alcanzó a abrir mi bragueta, metió su manita caliente entre mis calzones y tomó el tronco que tenía oculto ahí. Por un momento la dejé hacer lo que estaba haciendo, después la retiré y la volteé de espalda, la llevé hacia un sillón y la acomodé de tal forma que su culito quedara levantado, me quité completamente el pantalón y demás ropa, ella movía de un lado a otro sus caderas, le subí el vestido y pude apreciar una tanga blanca de encaje y sus medias sujetas por el liguero, al acariciarla sentí la tersura y calidez de su cuerpo. Me incliné un poco atrás de ella y mi lengua se incrustó entre sus nalgas, aún sin quitarle la tanga, lamí y mordisquee todo lo que pude, Alicia abrió sus piernas y se agachó más, esto me permitió llegar a su puchita, me puse de rodillas completamente y sobre la tanga, le propiné una serie de mordidas mas o menos fuertes pero sin llegar a dañarla, ella gimoteaba más fuerte cada vez y con una mano, se empezó a liberar de su tanguita, le ayudé a quitársela y al fin pude ver completamente esa panocha tan rica que se me estaba ofreciendo.

Al tenerla sin calzones y agachada, pude acomodarme mejor detrás de ella y mi lengua y labios empezaron un trabajo de chupeteo riquísimo, se arqueaba, se retorcía, gritaba pero no cambiaba de postura, esta sesión de lengüeteo y mordiscos logró que mi deliciosa amante llegar a un orgasmo fenomenal, sus espasmos acompañados de agonizantes gritos me indicaron el momento en que se venia a raudales, pegué mi boca con mas fuerza a su panochita y sorbí su caliente humedad hasta la última gota recorriéndole con deleite hasta su rosado culito que se estremecía con cada lengüetada que recibía.


Para esos momentos, mi pene ya era un brasa ardiente y doloroso, sentía la enorme necesidad de metérselo todo para saciar mis ansias pero, con todo y mi deseo incontenible, la dejé reposar un momento acariciando suavemente sus nalgas y su rajadita húmeda. Me puse de pie, la coloque de frente a mí y nuevamente nuestras bocas se juntaron en un apasionado beso, mis manos buscaban, temblorosamente, la cremallera de su vestido y al ir quitándoselo, pude apreciar sus senos pequeños y rosados sin sostén, los pezones se erguían retadoramente y debido a su acompasada respiración subían y bajaban provocadoramente. Mi mano derecha se acomodó sobre una de sus chichitas y la otra se deslizó sobre su calientita rajada, esto ocasionó que mi pequeña putita iniciara un nuevo jadeo entrecortado y lujurioso. Tenerla desnuda, solamente con medias, liguero y zapatillas era algo más que un sueño hecho realidad, era divinamente celestial y sus gemidos eran música para mis oídos.

Al poco tiempo de estar jugueteando con su panochita, su culito y sus senos, la llevé a otro sillón mas largo, le pedí que se recostara utilizando de cabecera uno de los posa-brazos, al hacerlo, me coloqué frente a su cara y le ofrecí mi caliente verga mientras con una mano le seguí tocando su pucha y sus chichitas, ella se acomodó mejor y tomando con una de sus manitas mi tronco, lo empezó a lamer delicadamente, mis dedos seguían hurgando el interior de su rajadita y observaba como su lengua caliente recorría, desde los testículos hasta la cabeza, todo mi pito. Le dije que se lo metiera en la boquita y ella no lo dudo, abriendo lo más que podía sus labios, lo engulló casi todo, mis dedos continuaban introduciéndose en su cosita y empecé el movimiento de mete y saca dentro de su boca, la tensión que se había acumulado en todo mi cuerpo estaba por reventar y no dudaba en que me vendría dentro de su caliente boca. Intenté contenerme lo más que pude y contrayendo el ano lo logré en gran medida por unos dos o tres minutos, esta acción me permitió disfrutar al máximo la mamada que mi putita me estaba dando. Después de unos momentos, al sentir que no podría contenerme más, le introduje lo mas que pude dos dedos en su cosita caliente, le frote con intensidad interior y con un espasmo doloroso y un gemido ahogado, descargue una generosa ración de esperma en su boca. Ella se aferró a mis caderas y sin soltar media verga se tragó lo más que pudo de mi leche hirviente, le sujeté el pelo y con palabras un tanto duras la seguí follando hasta que terminé de arrojar toda mi carga de esperma. Un hilillo le escurría por la comisura de su boca y mirándome juguetona, me dijo que quería más.

La tomé de las manos y la llevé al baño, nos metimos bajo la ducha y delicadamente le di un delicioso baño. Lavé con suavidad sus senos, su puchita y su culito, le mordisqueaba las orejitas y el cuello, después, ella se sentó en un banquito de baño y amorosamente me lavó la verga y los testículos, me chupeteo nuevamente de tal manera que, en poco tiempo, estaba listo para seguir cogiéndomela. Como es una chavita mas bien chaparrita, no me costó trabajo levantarla en mis brazos y llevarla a la recámara, la coloqué en el suelo y sequé su hermoso cuerpo con una gran toalla, tomé un tarro de vaselina perfumada y la embadurné toda, desde los dedos de sus pies hasta su cuello y carita, ella se dejo hacer. Pasaba uno de mis dedos constantemente en su culito y se lo oprimía, al sentir esto, ella gemía y se reía preguntándome que qué es lo que me proponía, lo sabía bien, pero su juego lograba que la cachondería regresara a nuestros cuerpos con más fuerza.

Después de esto, fue Alicia quien me cubrió de vaselina el cuerpo y tentadoramente masajeaba mi verga llenándola desde la base hasta la punta, sospechaba que yo quería penetrarla por el culo pues se esmeraba en dejar muy lubricado mi pito. La llevé a la cama y sentándola en el borde la recosté haciendo que sus piernas se levantaran y quedaran sobre mis hombros, me acerqué a su cara y la besé mientras buscaba su raja con la punta roma de mi miembro, al notar mis esfuerzos, tomó el tronco ardiente y lo encamino con dulzura a su rajadita. Teniéndola de patitas al hombro fue relativamente fácil introducirle toda la verga. Empezamos con lentitud y suavidad, mis metida eran lentas y firmes, ella cerró los ojos y cruzó las piernas en mi espalda, sus gemidos ahogados llenaban la habitación, poco a poco mis movimientos se hicieron mas rápidos y rudos, ya no gemía, gritaba como desesperada pidiendo mas verga, retorciéndose experimentó otro orgasmo descomunal, sentí como sus jugos mojaban mi pene y se escurrían por su entrepierna, seguí empujándole el pito mientras terminaba de venirse, al concluir, relajó las piernas, las dejó resbalar hacia el suelo y mi dura y caliente verga quedo fuera de su cosita, me incliné sobre ella y lamí sus juguitos, metí mi lengua lo mas que pude en su raja, se retorcía y reía mientras yo me deleitaba con el sabor salado de su orgasmo.

Al terminar de limpiar su cosita, levanté nuevamente sus piernas pero sin ponerlas en mis hombros, sosteniéndolas con mis manos le lamí su culito rosado, respingó al sentir mi lengua sobre su hoyito, seguí en esta forma por un momento hasta que quedó bien lubricado, la levanté, la puse agachada contra la cama y abriéndola, le metí de un golpe el pito en su pucha, gimió y me dijo que fuera suave porque así le dolía, eso me encendió aún más y en vez de contenerme arremetí con mas fuerza mientras le decía que a las putas como ella se les trataba de esa manera, no se quejó más, solo gemía, se levantó y se sacó la verga, esto me desconcertó pero ella se encargó de tranquilizarme ya que lo que pretendía era montarme a mí, me empujó sobre la cama, se paró abierta sobre de mí y poco a poco se fue sentando en el tronco de mi pene, sentí como se ensartaba ella sola y haciendo círculos, intentó hacer que llegara yo al orgasmo, esta postura me permitió aguantar un tanto más que la primera vez, ella intentaba a toda costa conseguir su fin, me divertí y gocé sintiendo su caliente raja sobre mi verga.

Con un empujoncito la derribé sobre la cama, la puse boca abajo, le coloqué un cojín bajo su pubis y logré que su culo quedara levantadito, le abrí las piernas y recostándome sobre ella, le empuje nuevamente la verga, gimoteó pero no se quejó y el mete y saca que empecé me prendió más, la fui jalando hasta colocarla de a perrito, mis manos la tomaron de sus chichitas mientras le atravesaba su cosita, le saqué la verga y le lamí la panocha y el culo como si fuese un perro en celo, me coloqué otra vez en posición y agachándola contra la cama, deje su culo abierto, dos o tres lengüetazas más y le coloqué la punta de la verga, ella trató de incorporarse pero yo la obligué a que se mantuviera en pose, empujé con fuerza tratando de romper ese culo rico, ella gemía y pedía que no lo hiciera, la volví a insultar diciéndole que putas como ella debían sentir la verga por todos lados, seguí empujando pero me era muy difícil entrar, la paré, vi que lloraba un poco, la recargue contra la cama y le di la verga para que me la chupara un poco, ella sabía que no cedería en mis intentos y llenó lo más que pudo de saliva la cabeza morada de mi pito, se lo saqué de la boca y se lo coloqué en el culito nuevamente, un empujón bastó para que, con un grito feroz, ella recibiera en sus entrañas la mitad del pito.

Me detuve un momento para dejar que su cuerpo se acostumbrara al grosor de la verga, no se movía , le metí otro tanto el pene y volvió a gritar pero con menor intensidad, me sorprendió de momento porque ella, en un reculón dado a propósito se ensartó toda la verga, volteó a verme y de sus ojos escurrían lágrimas pero aun así sonreía satisfecha, quedamos empalados los dos por un momento más, le acaricie las nalgas, las tetas y la espalda mientras le sacaba un poco el pito, ella se movió y volví a enterrárselo todo, sólo pujó un poquito, se lo saqué nuevamente a la mitad y fue ella quien, nuevamente, , se volvió a ensartar. Empezamos el mete y saca lentamente, seguía llorando pero ya no se resistía, disfruté al máximo al enterarme que yo era el primero que le metía la verga en su rosado y apretado culo, me decía gimiendo que le dolía mucho pero que siguiera, que sí era una puta y que deseaba que la tratara como tal, que era una perra deseosa de verga, que le rompiera bien el culo.

Sus palabras me incitaron a seguir follándola por el ano con mas fuerza, sus gritos se convirtieron en gemidos agónicos, ya no lloraba sólo gemía y gemía. Sentí que el próximo orgasmo de ella estaba a punto de llegar pero yo quería también terminar, así que le saqué toda la verga y se la introduje dentro de su cosita ardiente, se contrajo con fuerza y llegó al final, al sentir su flujo orgásmico no me contuve y a riesgo de lo que pasara, eyaculé con potencia dentro de su panochita caliente, se retorció más y no intentó separarse de mí, se fue doblando sobre la cama y yo seguí detrás suyo, mi verga quedo guardada dentro de su puchita mientras los espasmos de placer y los últimos restos de semen quedaban adentro de mi hermosa y ardiente puta.

viernes, 22 de enero de 2010

Mi Prima

Hola, soy Maria, Soy blanca, cabello rubio, tengo un cuerpo bastante atractivo debido a todo el tiempo que le dedico con dietas y ejercicios. Mis senos son grandes, me los puse a principio de año.

Esta historia es de mi vida, paso un 31 de octubre, Fecha que todo el mundo conoce como el día de brujas, fiesta que se celebra desde hace muy poco tiempo en mi país.

Este año por primera vez tomé la decisión de ir a una fiesta de disfraces con mi prima Ana, ella es muy parecida a mí. Siempre nos confunden, cosa que me encanta por que ella es una muñequita de 20 añitos con prótesis también en los senos. Tiene el mismo corte escalonado al mío, pero algo más claro.

Un día antes de dicha fiesta decidimos ir a comprarnos los disfraces. Teníamos una fiebre de exhibir nuestros senos, y elegimos los más sexis. Ella se compró un disfraz de Diabla que dejaba poco a la imaginación y yo me compré uno de Batichica. Cada uno con sus respectivas máscaras.

Ana siempre me pareció una niñita muy tranquila y con poca malicia incluso muchas veces aunque era muy sexy me parecía muy inocente. Nosotros somos buenas amigas pero jamás hablamos de nuestras intimidades.


Bueno esa noche Juan, un amigo de Ana fue con nosotras a la fiesta. El también estaba disfrazado, había escogido el de Batman. Debajo del antifaz se veía como un muchacho bastante guapo de más o menos 22 años alto, con un buen cuerpo. Es muy caballero y muy atento.

Llegamos a la fiesta en una disco de la ciudad, bailamos tomamos mientras pasaba el tiempo el ambiente se puso más intenso. Ana y Juan se comían a besos mientras yo los veía con disimulo. Al verlos me entró como un fuego intenso en mi vagina.

De repente Ana me mira con picardía y me pide que la acompañe al baño. Esto me calmó un poco. Al llegar al baño Ana cerró la puerta con llave y se quitó toda la ropa. Me dijo:
- Cambiemos de disfraz, hazme la suplencia. Quiero comprobar si Juan se da cuenta.

Yo con lo cachonda que me encontraba no lo pensé ni un segundo. Sólo me cambié de disfraz y cuando salí del baño sólo salté sobre él.

Llegó la hora de irnos. Yo tenía todavía el disfraz de Ana y seguía haciendo el papel de ella. No sabía que responder a muchas de sus insinuaciones, por que no conocía la vida sexual de Ana. Para mi Ana seguía siendo virgen.

Cuando nos montamos en el carro que Juan preguntó que hacer. Ana dijo que su casa (realmente mi casa), estaba sola. Que podíamos ir para allá pero con la condición que en ningún momento nos quitáramos los antifaces. Juan accedió a ir a mi casa sin decir mucho.

Mientras Juan manejaba, me acariciaba las piernas muy suavemente. Con disimulo metía su mano lo más cerca de mi vagina, yo estaba excitadísima pero tenia miedo por Ana.

Después de llegar a casa decidimos abrir unas botellas de vino. Al cabo de unas cuantas copas y unos cuantos cigarros mi prima se levanta a preparar comida.

En eso Juan saltó hacia mí. Era la primera vez que sentía un beso así con tanta pasión. Tuve mi primer orgasmo con tan solo un beso. ÿl empezó a besarme la oreja y poco a poco fue bajando al cuello y a mis senos. Disfrutaba mucho por que se quedó un buen rato en mis senos. Mientras besaba uno jugaba con mi otro pezón. Al cabo de unos minutos bajo muy lentamente a mi ombligo y fue bajando.

Yo estaba súper asustada porque no sabía de Ana. Me excitaba mucho pensar que me estaría viendo. Cuando el se bajó el pantalón y ví su pene. Era el más grande que había visto en mi vida. Sin pensarlo ni un segundo me lo metí a la boca. Mientras jugaba con sus testículos, me encargué de su pene, lo lamía, lo chupaba, lo mordía, lo apretaba, y lo masturbaba.

Estaba loca por sentir su semen en mi boca. Al cabo de un rato el me quitó la ropa y me obligó a que me sentara sobre su cara. Era la primera vez que me hacían el sexo oral de esa manera. Sin pasar mucho tiempo tenía su lengua en mi ano. Estaba tan excitada que yo le abría mis nalgas para que el pudiese meter su lengua más y más adentro.

Mis gemidos eran bastante fuertes. Tuve que inclinarme hacia su pene para seguírselo mamando, mientras el seguía besándome mi vagina. No se veía la puerta de la cocina así que de verdad no sabía nada de mi prima. Pero igual ya no me importaba mucho. Me excitaba mucho.

No paso mucho tiempo cuando empecé a sentir algo extraño. Tenía una boca en mis nalgas besándome y tenía otra boca en mi vagina. Me asusté muchísimo y me dio hasta miedo voltear. Pero no tuve otra opción, tuve que hacerlo.

Era mi prima Ana. Esto me impresionó muchísimo. Yo nunca había sentido el beso de una mujer. Pero era algo que siempre me había excitado mucho y siempre lo había tenido en mi mente.

No aguanté más y quité a Juan de mi vagina. Me fui directo a Ana, ella ya estaba desnuda, pero con la máscara puesta. Los tres seguíamos con las máscaras, tal cual habíamos quedado. Me senté encima de ella y nos quedamos viendo a los ojos por pocos segundos.

Por su mirada ella tampoco había estado con otra mujer. Nos acercamos muy lentamente. Podía sentir su respiración suave pero profunda. No sabía si era su corazón o el mió que palpitaba a gran velocidad.

Cuando nuestros labios se unieron, sentí un hormigueo estremecedor en todo mi cuerpo. Fue el beso más tierno y más ardiente que alguien me haya dado. Nos besamos por un rato mientras Juan nos veía con cara de impresión.

Ana con su inocencia y delicadas manos me arrimó para que me acostara en el sofá. Ella se acostó encima de mí, yo no lo creía. Ella fue bajando muy lentamente hacía mi vagina. Cuando llego a ella, se estremeció mi cuerpo. Era un mezcla de sensaciones que jamás había sentido.

En ese momento le pedí a Juan que se acercara. Juan muy delicadamente se arrodilló detrás de Ana y suavemente le empezó a lamer su vagina y su ano.

Ana empezó a gritar de placer. Sus gritos me volvían loca. Juan sacó su boca y muy delicadamente puso la punta de su pene en su vagina. Ana desesperada por lo que sentía se afincó hacia él.

Era la primera vez que veía la cara de alguien con ese gesto de placer. Ella estaba puesta en cuatro, con un pene enorme dentro de su vagina. Lo estaban disfrutando mucho. Yo me dí la vuelta y me metí debajo de ella. Al principio sólo observaba ese espectáculo, como entraba y salía ese pene enorme de esa vaginita linda rosada recién depilada.

Decidí probar a que sabía una vagina. Apenas puse mi lengua en ella, entendí por que gusta tanto. Ana cuando sintió mi lengua en su vagina dejó de moverse y se inclino más hacia mi boca. Mientras tanto Juan se movía con mucha suavidad.

Los gemidos cada vez eran más y más fuertes. De repente Ana le dijo a Juan que yo también quería. Juan se sentó a un lado y yo me senté sobre él. Agarré su pene y me lo introduje muy lentamente en mi vagina. Ana estaba masturbándose a un lado de mí.

Yo estaba cara a cara con Juan, cuando me dijo al oído:
Te quiero coger por el culo.

Yo no sabía que hacer, porque nunca había tenido relaciones anales. Mi prima me dijo que ella lo ayudaría.

Ana empezó a jugar con mi ano y fue metiendo poquito a poquito un dedo en mi. Yo todavía estaba sentada encima de Juan con su pene dentro de mi vagina. Poco a poco me fui levantando, ana agarró el pene de Juan, lo puso en mi ano y yo intentaba meterlo.

Sentí un dolor fuerte, pero igual, con lo excitaba que estaba no le dí mucha importancia. Ana sacaba el pene de mi ano, lo escupía, luego escupía mi ano y volvía a meterlo.

Al cabo de un rato ya tenía todo el pene dentro de mi ano. Era otro placer que había descubierto esa noche. Empecé a moverme y a moverme cada vez más y más rápido.

No sé como lo llegamos a hacer, Juan se levantó y me acostó en el sofá sin sacarlo de mi ano. Ana se arrodilló cerca de mi boca, para que le mamara la vagina. Yo me estaba volviendo loca y mucho más al momento de sentir como Ana me estaba acariciando el clítoris con sus dedos y su boca.

Sentía que mis gritos los escucharían hasta la esquina. Estábamos sincronizados, cada vez que salía el pene de Juan, Ana me chupaba y ella volvía a poner su pene en mi ano.

Juan dijo que iba a acabar. Ana le pidió que acabara fuera de mi vagina. Juan sacó el pene y se masturbó hasta acabar sobre mis senos. Los gritos de Juan junto eran súper excitantes. Mientras el gritaba, Ana me hizo llegar con una rica chupada sobre mi clítoris y vagina.

Ana terminó de esparcir el semen de Juan sobre mis senos y mis labios.

Luego de todo esto, yo abracé a Ana y la recosté hacia mí.

Hoy en día no sé quién es Juan y probablemente él no sabe quien soy yo. Ana y yo nos seguimos viendo pero no hemos vuelto a hablar del tema. Tampoco lo volvimos hacer, pero fue un experiencia inolvidable.

jueves, 21 de enero de 2010

Colegiala

Susana, Ángela y Andrés vienen de regreso del centro comercial. Ellas ya están haciendo planes para pasar una entretenida velada con él tras su regreso del viaje de estudio que hizo con su colegio. Te echamos mucho de menos estos días le dice Susana que abraza a su hermano, ¿A mí o mi verga? le pregunta él, En realidad a los dos le contesta Ángela, Andrés solo mueve la cabeza.

Ya están cerca de la casa cuando avistan un camión de mudanzas por el otro lado de la calle. Al parecer llegaron nuevos vecinos comenta Susana, Esa casa llevaba bastante tiempo desocupada, pero desde antes que saliera de viaje ya estaban trabajando en ella agrega Andrés. Los tres se detiene un momento a observar de quien se trata. Vaya pero que tenemos aquí, nuevos vecinos y por lo visto están bastante guapos dice Ángela y Susana rápidamente la secunda. Ayudando a bajar las cosas se ve a un par de tipos de unos 25 años más o menos y bien parecidos. Ellas de inmediato empiezan a hacer comentarios y a ver la posibilidad de ir a conocerlos más tarde, pero al final deciden seguir rumbo a casa, Vamonos mejor, o ¿Acaso te gustaron los vecinos? le dice Susana en broma a su hermano al verlo que se queda atrás, Mas bien parece que la nueva vecina le llama la atención dice Ángela y Susana de inmediato se da media vuelta.

Efectivamente ahí se ve a una muchacha, pero no es una chica cualquiera y eso pronto es advertido por Susana, ¿Y esta, de donde salió? comenta ella al ver a esa chica de piel negra que conversa en ese momento con la madre de Andrés y Susana, que esta conociendo a los nuevos vecinos. Para sorpresa de Susana, Andrés cruza la calle decidido a conocer a su nueva vecina, mientras Ángela y Susana se quedan paradas, ¿Y a este que le dio?, ¿De cuando aca se ha vuelto tan sociable? dice Susana sorprendida aun por la reacción de Andrés, ¿Será el amor? le dice Ángela, Susana se voltea y la mira con cara de pocos amigos.

Andrés normalmente es bastante tímido con las mujeres y Susana no le recuerda ninguna novia, de hecho él apenas le habla a otra chica, pero ahora va, se presenta con toda confianza, al poco rato ya esta habando con esta muchacha y ella se muestra muy amable con él. Por lo visto Andrés ha aprendido bastante con nosotras, míralo, es todo un Casanova, al parecer pronto vas a tener cuñada le dice Ángela mientras Susana sigue bastante seria, ¡Cierra el pico quieres! es la seca respuesta de la morena, ¡Oh vamos, no me digas que estas celosa! insiste Ángela pero a Susana no le ha gustado nada el ver a su hermano hablando o más bien coqueteando con otra chica.

Al cabo de un rato Andrés se despide de sus vecinos y de la negra, como le dice Susana de forma despectiva, con un cariñoso beso que pone verde de celos a Susana. Andrés pasa al lado de ambas con una sonrisa de oreja a oreja ignorando por completo los reproches de Susana. Ven acá y cuenta todo, ¿Cómo se llama tu nueva novia? le dice Ángela obviamente fastidiando a Susana que esta más seria que nunca. Primeo que nada no es mi novia, aun, y segundo se llama Layla responde él aun bastante sonriente, Layla, que bonito nombre, pero hay algo que no entiendo, si ella es negra como sus hermanos son blancos, Es que ella es adoptada, Ah, ya veo, ¿Y tu Susanita? ¿Qué opinas?. La cara de Susana lo dice todo, esta más seria que nunca, aunque no lo admita los celos se la comen viva por dentro, No te quiero cerca de esa negra fue lo único que atina a decir, ¿Y acaso tú me vas a prohibir que la vea? le pregunta Andrés a su hermana mayor, ¡Sí, yo te lo prohibo!, en ese momento se pone de pie, ¡Y si crees que lo íbamos a pasar bien esta noche pues estas loco! agrega después, Que va, si ahora Andrés tal vez quiere incluir a Layla para que participe en nuestra pequeña fiesta le dice Ángela que lo único que consigue es fastidiar aun más a Susana que sube hecha una furia a su habitación.

Será mejor que te prepares, Susana no te va a dejar en paz le advierte Ángela a su primo, Ya me di cuenta, pero me importa un cuerno, además se da la casualidad que Layla va a ser compañera de curso, aunque no es necesario que Susana se entere de esto, por ahora, Andrés se va también a su habitación, Esto se va a poner bueno dice Ángela.

Un día Sábado los tres están en la casa, Ángela va a salir con Susana, van a ir a buscar a Julia y Natalia para ir al centro. Andrés viene saliendo de la ducha y se arregla como nunca lo hace, Tenemos cita al parecer le dice su prima, Andrés solo le responde con la cabeza. Susana esta en el living cuando se oye el timbre de la puerta y Susana va a abrir, para su total sorpresa se encuentra cara a cara con Layla. Hola, tú debes ser Susana, me llamo Layla y vengo a buscar a Andrés, Susana se controla y la hace pasar, la saluda de forma fría pero decide no hacer ningún comentario más, el otro día soltó un par de dichos bastante groseros contra Layla y Andrés le levanto la voz como nunca lo había hecho, así que por ahora la morena prefiere cerrar la boca.

Ángela aparece en ese instante y la saluda de forma más efusiva y la invita a sentarse en el living. Andrés se esta vistiendo, si quieres verlo desnudo pues ve a su habitación le dice la pelirroja en broma, No gracias, prefiero esperarlo aquí. Susana le da una fría mirada a Layla mientras ella conversa con Ángela, a pesar de todo Susana admite, al menos para si misma, que Layla es bastante guapa por lo demás. Su piel oscura, sus grandes ojos negros que lleva ocultos tras unos lentes, su cabello negro largo casi hasta la cintura tomado en un simple moño, las suaves facciones de su rostro y su buen cuerpo le dan un aire muy exótico y sensual.

Layla viste una polera con tirantes de color celeste, Susana se percata que Layla posee un busto de tamaño comparable al suyo por lo que la morena cruza sus brazos para realzar su propio busto frente al de su cuñada, como le dice Ángela. La minifalda blanca de Layla contrasta con el color de su piel, posee unas impresionantes piernas y al ponerse de pie para saludar a Andrés se le ve un gran culo. Aunque Susana no lo dice en voz alta debe admitir que su hermano posee un buen gusto después de todo. Layla y Andrés se saludan con un beso en la boca y tras despedirse de ellas se van juntos tomados de la mano, ¡Ahhh, el amor, que lindo ¿no?!, le dice Ángela a su prima que esta más seria que nunca.

Susana y Ángela volvieron a la casa a eso de las 10 de la noche y Andrés aun no ha llegado. Debe estar pasándolo muy bien le dice Ángela solo por molestar a su prima. Al cabo de una hora Andrés aun no llega, sus padres no se muestran preocupados y Ángela, que esta cansada, se va a dormir. Susana se queda esperando un rato, a ella aun le cuesta aceptar que Andrés tenga novia, en realidad los celos de Susana son más que nada causa de su propia inseguridad y del afecto que tiene por Andrés y esto sumado a su terquedad y obstinación la han hecho volverse bastante desagradable el último tiempo.


Tras esperar un instante Susana decide ir a espiar a la casa de Layla a ver si esta ahí. Aprovechando la oscuridad de la noche Susana sale de su casa en silencio y rápidamente cruza la calle sin que nadie la vea. Susana se acerca a la casa de Layla, no ve ningún auto cerca por lo que estima que si están ahí, están solos. Ella le da un vistazo a la casa desde todos los ángulos, al principio no ve ninguna luz que indique que hay alguien hasta que finalmente ve una en una ventana que da hacia el patio de la casa. Tras asegurarse que no hay ningún perro Susana salta el cerco y entra al patio de la casa, ella se acerca en silencio hasta la ventana. A medida que ella se aproxima escucha una música que se hace cada vez más fuerte, es una música suave, algo romántica incluso.

Susana ve las cortinas cerradas, pero un pequeño espacio entre ellas le permite ver hacia dentro. Layla esta sobre la cama su peto esta subido y Andrés de forma ansiosa le devora sus impresionantes pechos mientras mete una mano bajo su minifalda. Andrés va descendiendo por su cuerpo hasta hundir su rostro entre los muslos de la negra que no disimula el placer que Andrés le esta dando. Durante unos instantes Susana los espía, la morena esta bastante excitada, ciertamente Layla es muy ardiente y muy guapa además, Por lo visto Andrés ha aprendido bastante comenta en voz baja al ver follar a su hermano.

¡¿Y tu quién rayos eres?!, al escuchar esto Susana se lleva un susto de aquellos, de inmediato se da media vuelta, dos tipos la miran con cara de pocos amigos, Susana no sabe bien que responder, Bueno este, yo soy la hermana del novio de Layla les dice ella con una gran sonrisa forzada. Ambos se miran entre si y luego se acercan a la ventana. Layla esta haciéndole una tremenda mamada a Andrés, Vaya idiota, míralo, se coge a Layla, el infeliz, Que suerte comenta el otro. Viendo una oportunidad Susana trata de escabullirse pero ellos la ven, ¿Pero cómo? ¿Te vas tan rápido? ¡Espera un poco! le dice uno de ellos que la sujeta del brazo.

Ambos la rodean, Susana trata de alejarse pero se lo impiden, ellos son los hermanastros de Layla, Víctor, el más alto y de contextura más fornida, es el más atrevido y acosa continuamente a Susana mientras su hermano Rubén lo secunda. Oye estas bien buena le dice Víctor mientras mira a Susana de arriba abajo, la morena viste una polera holgada y jeans ajustados, Sabes... podríamos hacer un intercambio, tu hermano se coge a Layla y en contrapartida nosotros te cogemos a ti le propone Víctor con toda soltura, para Susana eso fue demasiado, ¡Si creen que voy a dejar que un par de imbeciles como ustedes me pongan un dedo encima deben estar completamente chiflados! ruge la morena furiosa. Vaya, pero que genio tienes preciosa, no te sulfures... solo queremos divertirnos contigo le dice Rubén que descaradamente le soba el culo a Susana, en ese momento Víctor trata de tomarle los pechos, para la morena eso fue suficiente, un fuerte golpe en los tobillos para Víctor y un violento pisotón para Rubén fue la respuesta de Susana que de inmediato se echa a correr pero ellos la atajan antes que pueda escapar.

¡Condenada pero que carácter, eso dolió! exclama Víctor que aun siente bastante dolor en sus tobillos, Rubén se le une de forma inmediata y entre ambos sujetan a Susana que forcejea con ellos, A esta yegua hay que domarla para que se comporte, Tienes toda la razón, con una buena cogida que le demos y listo secunda Víctor, ¿Cogerme?, ustedes dos par de idiotas a duras penas saben como hacerse una paja y me van a coger, ha por favor no me hagan reír, yo he follado con hombres de verdad y ustedes están bastante lejos de eso les dice una furiosa Susana con un tono muy despectivo. Para ellos ese comentario es intolerable, ella los ha golpeado, insultado y ahora, pone en duda sus capacidades ante esta situación Víctor y Rubén reaccionan de inmediato.

Víctor comienza a besar a la fuerza a Susana, junto a su hermano le toman las manos y la ponen contra la pared del garaje para sujetarla, teniendo una mano libre, ambos le recorren cada curva de su cuerpo con total descarado mientras la morena opone una tenaz resistencia. Susana siente como le soban su culo y una mano tomándole sus pechos con algo de brusquedad. Trata de evitar que le abran sus jeans pero Víctor lo consigue aunque con dificultad para meter una mano bajo este y sentir el sexo de Susana. La punta de sus dedos la hunde sobre el coño de ella mientras la morena se mueve forcejeando aun, Rubén aprovecha la ocasión y le mete la mano por el culo, consigue apartarle su ropa interior y desliza sus dedos entre sus nalgas hasta llegar a su ano y a la fuerza mete un dedo en el.

Ambos hermanos no le dan tregua a Susana que poco a poco comienza a ceder, a pesar de la brusquedad con que la tratan la respiración de ella se vuelve entrecortada y ocasionalmente se le escapa un suspiro mientras siente como esos dedos se mueven sobre su coño y en su culo. Víctor le ha subido la polera y como Susana no usa sostén sus pechos se aprecian con pezones erectos y duros. Tienes una boquita bien rica, ya me gustaría ver mi verga metida ahí le dice Víctor mientras sigue frotando el coño de Susana, Si me sueltan les haré una mamada les dice la morena de forma sorpresiva con una lujuriosa mirada en sus ojos.

Ellos se miran las caras, no le creen mucho y temen que ella pueda hacerles algo, pero finalmente la sueltan. Susana se sube más su polera para que sus pechos queden más libres, luego ella se hinca frente a ambos y les abre sus pantalones. En sus manos Susana toma ambas vergas duras y erectas, ella los mira a los ojos y se las empieza a frotar, ensaliva sus manos y les frota con fuerza sus vergas. Susana las siente palpitar. Lentamente ella va metiendo la verga de Víctor entre sus labios, la envuelve con su boca y la recorre de extremo a extremo para luego hacer lo mismo con el miembro de Rubén, Vaya pero que bien lo haces le dice Rubén maravillado por la forma en que Susana le hace una mamada. Las vergas de ambos se turnan entre los carnosos labios de Susana. Les hace una mamada espectacular dejándoles en claro que ella no es una chica cualquiera.

Cerca de ahí hay una mesa y unos muebles típicos de jardín, Víctor se sienta en una banca con su verga bien erecta, Ven acá preciosa, siéntate aquí haciéndole un gesto indicando su erecto miembro, Susana se le acerca, se da media vuelta y se baja sus jeans y su pequeño calzón, Víctor la toma de las caderas y la empala en su verga de una vez. ¡Idiota, más cuidado, debiste lamerme el coño primero! le grita a la cara molesta por la rudeza con que la penetró, Te quejas demasiado, aquí tienes para que mantengas tu boca ocupada, Rubén toma de la cabeza a Susana y se la mete hasta el fondo de su boca casi atragantando a la morena.

Los gemidos de Susana apenas se escuchan a causa del miembro de Rubén, sus pechos se agitan salvajemente mientras Víctor le da bien duro, el coño de Susana se siente muy húmedo y cálido. Ella también se agita con vigor y Rubén le toma sus pechos para después pasar su miembro entre los senos de Susana, ella le hace una gran paja rusa y después se la vuelve a mamar. ¿Quiéres cambiar hermano? le dice Víctor a Rubén, Pero claro, ya estoy ansioso por coger a esta yegua. A tirones le sacan los jeans a Susana y los tiran al suelo, ¡Que imbeciles! ¡No me ensucien la ropa! les llama ella la atención. Sobre la mesa la hacen recostarse y Rubén le separa sus piernas, Susana pronto siente su verga entrando en su coño, él la toma con firmeza de sus muslos y la empieza a bombear con mucha fuerza una y otra vez casi dejándola sin aliento. Víctor se la pone en la boca y ambos al mismo tiempo se follan a la morena que se ve abrumada por ambas vergas.

Sobre la mesa Susana se monta encima de Víctor, ella le pasa sus tetas en la cara mientras se la esta mamando a Rubén, a pesar de todo el mal rato Susana esta follando como loca y ellos se impresionan por lo ardiente que es cuando coge. Los tres están en lo mejor cuando de forma sorpresiva se oyen unos ardientes quejidos de parte de Layla, Por lo visto, tu hermano la esta cogiendo como nunca le dice Víctor, Susana, sacando un momento la verga de Rubén de su boca le responde, Mi hermano sabe follar bastante bien, Rubén y Víctor se sorprenden por la respuesta. Rubén, muy curioso, decide ir a espiar a la pareja. Ambos están desnudos en la cama y Layla esta recostada con su gran culo bien expuesto, Andrés se ha puesto sobre ella y su miembro se pierde entre las nalgas de la negra, el contraste del color de piel de Andrés (que es bastante blanco) con el de Layla es evidente. Teniéndola bien empalada Andrés se la folla bien duro por el culo a su novia y Layla lo disfruta una barbaridad.

Rubén regresa donde Susana y Víctor están cogiendo, él se pone tras la morena y de inmediato le separa sus nalgas, Vamos a ver como se siente ese lindo culo que tienes le dice a la morena. Oye, espera un poco así no se hace le empieza a decir ella al ver que Rubén la comienza a penetrar ya buenas y primeras, ¡Ahhhh! se oye con toda claridad el grito de Susana cuando Rubén la va penetrando analmente, su hermano le ayuda abriéndole al máximo las nalgas a la morena, pronto Rubén tiene su verga metida hasta el fondo y entre ambos penetran simultáneamente a Susana que libera toda clase de gritos y quejidos que algunas personas escuchan con asombro al pasar por la calle frente a la casa.

Yo también quiero probar ese culo dice Víctor, los tres se ponen de pie y se apoyan contra la pared de la casa, Rubén la besa y le toma una pierna para poder penetrarla, luego aprovechando su fuerza física decide tomar en brazos a Susana que esta firmemente empalada en su miembro, la morena esta expectante pues jamás la han follado así. Víctor le lame el culo y se lo lubrica un poco para penetrarla mejor. Susana se sobresalta cuando siente el otro miembro abriéndose paso en su trasero, nuevamente ella deja escapar toda clase de gritos y gemidos que se confunden con los de Layla. Susana sube y baja por ambos miembros, ellos la tiene bien sujeta y la morena se entrega por completo, esta en el aire y la sensación de ser penetrada por dos vergas de esa forma la enloquece. Susana se mueve y se retuerce mientras ellos le dan una y otra vez. Queremos corrernos en tu cara le dice Rubén y Susana acepta encantada en medio de sus gemidos.

Susana se hinca frente a ambos y pronto recibe dos abundantes descargas de semen que cubren su rostro y se escurren hasta caer sobre sus pechos, Susana se saborea y vuelve a mamar sus vergas tras alcanzar un completo orgasmo.

Tras terminar Susana de inmediato comienza a vestirse, sabe bien que Andrés regresara pronto a casa y no quiere que la vea aquí. ¿Y bien, te convenciste que sabemos coger? le pregunta Rubén, Sí, bueno, no estuvo mal, las he tenido mejores pero no esta mal para un par de novatos con aires de grandeza, el día que aprendan a ser más delicados y no tan brutos con una mujer, lo harán mejor les contesta Susana que se va corriendo, ¡Maldita sea! exclama Víctor.

Ya en la casa Susana se arregla para que nadie se de cuenta de lo ocurrido, en ese momento llega Andrés, No quiero sermones le dice de inmediato a su hermana, pero ahora Susana muestra otra actitud y acuerda hacer las paces con él. Si quieres mañana podemos ir los cuatro al centro comercial en la tarde le propone Susana, Andrés sorprendido por este cambio de actitud, acepta aunque con ciertas reservas.

Al día siguiente los cuatro salieron, Layla y Susana congeniaron bastante bien y junto con Ángela continuamente le hacían bromas a Andrés. Volvieron por la tarde a la casa y mientras Andrés fue a buscar algo para beber a la cocina ellas conversan en el living. Anoche cuando con Andrés estábamos divirtiéndonos en mi habitación ocurrió algo bien cómico dice la negra, Susana se pone bastante incomoda, algo que a Ángela advierte, Mientras cogiamos, afuera se escuchaban los gritos y gemidos de una tipa, estaba totalmente extasiada mientras mis hermanos se la follaban con todo comenta con gracia Layla, ¿Y no viste quién era?, pregunta Ángela con suspicacia, No, además ha de ser alguna puta que se buscaron mis hermanos para divertirse como lo hacen siempre responde Layla, luego ella se levanta se dirige a ayudar a Andrés en la cocina.

Ángela se voltea hacia Susana, ¿Me pregunto quien habrá sido la puta, la que gritaba y gemía tanto, y que saltó el cerco anoche para espiar a su hermano?, Tú cierra la boca, te ahorcaré si le dices algo a Andrés le responde Susana que se toma la cabeza, ¡Que vergüenza, que vergüenza, ¿Por qué esto me pasa siempre a mí?! se pregunta a si misma la morena.

lunes, 18 de enero de 2010

educación sexual

1. Esta historia, como tantas otras que he contado, ocurrió en los locos años de la Facultad y, como en tantas otras también, estuvo enredada mi cachonda amiga-amante Tamara que un día, sin aviso de ninguna especie, nos pidió a Felipe y a mí un favor inesperado y placentero: la educación sexual de Tania, su hermanita.

Tamara, para quien no la recuerde, era una compañera de la Facultad, bisexual y adicta, loca como una cabra, a la que yo habría amado de haber sido posible. Es una chica de baja estatura, delgada, con unos profundos ojazos negros que iluminan sus rasgos indígenas y su larga cabellera de ala de cuervo. Tiene unas caderas estrechas pero claramente femeninas, unos pechitos que apenas despuntan y unas piernas delgadas y bien torneadas, bajo un pubis pétreo y un duro y plano estómago. Me encantaba.

Tania tenía 18 años recién cumplidos y estudiaba clarinete o fagot. Se parece mucho a su hermana salvo que es unos diez o doce centímetros más alta, lo que la hace verse aún más delgada y frágil que su hermana mayor, y que tiene una cara más linda. Yo la conocía de tres o cuatro de veces que fuimos a bailar con Lucy, Tamara y algunos otros amigos.

Modestia aparte, Tania me miraba con admiración apache. Unos tres meses antes de los hechos que aquí voy a contar se le pasaron las copas en el antro y terminó colgada de mi cuello, besándome, diciéndole que yo le encantaba mientras apretaba su cuerpo junto al mío. Acaricié sus nalgas y su cintura, sentí sus duros pechos junto a mi cuerpo y esa madrugada le hice el amor a Tamara con furia... se lo hice pensando en otra.

Tres meses después Tamara nos sorprendió a Felipe y a mí con la petición que ya conté, a condición de obedecer en todo sus instrucciones, cosa que, naturalmente, prometimos. Esa misma tarde partimos hacia el cuarto de azotea en que vivía. Cuando llegamos nos ordenó que nos quitáramos toda la ropa salvo los calzones y nos pusiéramos sendos gorros de estambre tejido, de modo que nos taparan los ojos. A continuación nos hizo sentar en dos altos bancos. Así estábamos cuando oímos entrar a Tania.

-Pablo, Felipe, uno de ustedes dos va a gozar de la virginidad de Tania, pero más va a disfrutarlo ella. Y eso no pasará hoy. A partir de este momento tienen estrictamente prohibido hablar... los tres, y solo podrán obedecer sin réplica. Por lo pronto, sigan sentados.

Pasados unos minutos nos ordenó quitarnos el gorro, sin pararnos, y vimos a la bella Tamara, totalmente desnuda, acostada en su cama, y a Tania vestida únicamente con sus braguitas, sentada en una silla, atada de manos y pies y con la boca amordazada por un pañuelo. Tamara dijo entonces:

-Mi hermanita quiere ver y hoy le tocará ver, sin poder descargarse, como pueden darse cuenta. Ahora, párense los dos y, pensando y viendo, mastúrbense despacito.

Lo hicimos, mientras Tania nos comía con los ojos, y Tamara, viéndonos, se masturbaba a su vez. Felipe se corrió antes que yo, vaciando una buena cantidad de leche en el regazo de Tania. Entonces Tamara me ordenó que parara, y bajando al suelo, exactamente delante de su hermana, me dijo:

-Penétrame, termina en mí.

Yo la obedecí: deslicé mi verga ardiente en su bien lubricado coño, siguiendo el camino que conocía y los violentos movimientos que a ella le gustaban.


Yo le daba la espalda a Tania, que veía mis nalgas, mi espalda, el violento movimiento de mi pelvis y la cara de su hermana asomando sobre mi hombro, lo mismo que sus piernas, abiertas, levantadas, que se estremecían al ritmo de mis movimientos. Me vine dentro de Tammy y seguí acariciándola hasta que me rechazó y, volteando hacia donde estaba Felipe, cuya verga estaba otra vez erecta, le pidió que me reemplazara y Felipe ocupó la posición que yo tenía unos segundos antes.

Mis queridos amigos se vinieron en medio de ahogadas exclamaciones mientras yo, sentado en la orilla de la cama, los veía a ratos a ellos y a ratos a la bella Tania. Tamara se levantó y dijo:

-Ahora, ustedes dos deben irse. Los espero mañana a las ocho, aquí.

2. Al día siguiente, un jueves, Felipe y yo llegamos puntuales y nos recibieron con su disfraz de pecadoras: ambas con blusas negras, botas altas y minifaldas, guapas y delgadas, con su largo y lacio pelo suelto y uñas y labios pintados de negro. Sobre los tacones de sus botas Tamara mediría 1.60 o 1.62 y Tania rebasaba el 1.70.

Fuimos en el coche de Felipe a un antro que frecuentábamos con Tamara y Lucía, donde ponían rock alternativo y cosas así. Bebimos cerveza (muy poca: sólo para la sed que daba el baile) y bailamos con las dos chicas. Como era jueves, el antro estaba semivacío y teníamos una alta mesa en el rincón, a oscuras y alejada del resto de los parroquianos.

Luego de bailar rico con Tania empecé a besarla en la mesa en cuestión, a besarla y a meterle un faje espectacular, magreándole las nalgas, acariciándole el clítoris sobre la pantaleta, sobándole sus pequeñas tetas, todo sin dejar de besarla. Tenía el pito a cien y gozaba, anticipaba la cogida que le iba a dar, me tocara o no desvirgarla, mientras veía que, detrás de nosotros, Tamara y Felipe se magreaban con ansia parecida.

Cuando empezó la siguiente canción Felipe se separó de Tamara y jaló a Tania hacia la pista. Tamara estaba acodada sobre la alta mesa, inclinada hacia adelante y yo la abracé por detrás. Cuando ella notó mi erección se acomodó de tal modo que mi verga quedó entre sus nalgas y empezó a moverse suavemente. Entonces hice una locura: aprovechando la oscuridad me saqué la verga y con mi mano derecha aparté sus braguitas y busqué su divino orificio. Ella entendió y lo hizo todo: abrió las piernas y se inclinó un poco más para ofrecerme su entrada y con su mano guió mi verga hasta el lugar sagrado.

Inicié con cierta violencia el viejo mete-saca, gozando su cueva y la excitante situación. La canción terminó y regresaron Felipe y Tania mientras yo seguía en lo mío. Al verlos venir Tamara me dijo: "sigue, Pablito, más despacio" y Felipe sonrió socarronamente mientras Tania nos comía con los ojos. Me vine dentro de Tamara y no terminaba de sacarle la verga cuando Felipe le metió la suya. Quise llevarme a Tania a la pista pero la chiquita se quedó mirando como Felipe le daba caña a su hermana. Cuando recibió la lefa de Felipe, Tamara corrió al baño y, al regresar ordenó que regresáramos.

Pero la noche no había acabado, aunque pasaba de las tres de la madrugada: en el coche Tamara le pidió a Felipe que manejara y yo me fui atrás con Tania y apenas salimos al periférico, Tamara me ordenó:

-Chúpaselo a mi hermanita, que está muy caliente y necesita un orgasmo.


Ni tarda ni perezosa Tania se quitó sus braguitas y me ofreció una amplia perspectiva de su virginal coñito, cubierto por abundante vello, con sus labios morenos y su rosado clítoris. Hice que se sentara pegada a la puerta, con una pierna abajo y otra arriba, abiertas en compás, y yo, haciéndome un ovillo, me las ingenié para que mi cabeza quedara entre sus piernas, tapada por la pequeña falda, su sexo al alcance de mi lengua.

Chupé, mordí y succioné, recibí sus fluidos y su estremecimiento mientras sentía la velocidad del coche. Sólo cuando me incorporé Felipe tomó rumbo a la casa de Tamara, donde, al llegar, ella nos dijo:

-Ya se pueden ir. Mañana a las siete. Duerman bien y desayunen ostiones.

3. A las siete estábamos ahí, naturalmente. Nos recibieron desnudas y Tamara nos exigió ponernos igual que ellas. Desnudos nos sentamos sobre la alfombra a la manera india y Tamara prendió una pipa cargada de mariguana que empezó a circular, seguida prontamente por una caguama, para refrescar la seca garganta. Tania solo dio una chupada pero los demás fumamos hasta ponernos muy estúpidos y empezar a reírnos del vuelo de las moscas.

Además, yo estaba sumamente excitado. La mariguana tiene esa virtud sobre mi, pero si, además, le agrega usted la presencia de dos deliciosas chicas desnudas y la promesa de una cálida sesión, es natural que mi verga emergiera desafiante de entre mis muslos. La mía y, dicho sea de paso, la de Felipe. Cuando Tamara apagó por fin la pipa, permanecimos un rato mirándonos, platicando chorradas, riendo de todo, hasta que Tamara dijo:

-Hermanita: mira, aprende e imítame-, y desnuda, delgada, flexible como un junco, se deslizó hacia Felipe y le empezó a chupar la verga.

Yo, totalmente pacheco, cerré los ojos y me acosté para recibir la cálida lengua de Tania rodeando el tronco de mi verga y deteniéndose en el glande. Gocé ahí hasta que le avisé con un gemido que me venía y ella se hizo a un lado. Me ayudé con la mano para terminar y abrí los ojos.

Tamara y Felipe seguían en lo suyo y Tania me pidió que repitiera lo de la víspera y yo apliqué mi boca a su dulce coño hasta hacerla llegar al orgasmo.
Cuando terminé, Tamara, que nos esperaba, dijo:

-Hay que reponer fuerzas. Dormiremos aquí los cuatro y mañana será otro día. Mañana, Tania, serás mujer. Tengo aquí cuatro somníferos: tomémonos uno cada quién y durmamos.

Así lo hicimos y yo me dormí sintiendo aún en mi piel la suave lengua de Tania.

4. Desperté el sábado aturdido por la pasta ingerida. Tardé un poco en hacer contacto con la realidad me vi al lado de Felipe, sobre un edredón. Las dos chicas habían desaparecido. Puse un disco de Bach y escancié cerveza en un vaso no muy limpio. Pensaba yo en la conveniencia de forjar un churrito cuando entraron Tamara y Tania envueltas en batas de baño. Tamara se despojó de la suya mostrando su desnudez con naturalidad y dándomela, me envió a la ducha, que compartía con las gatas de azotea.

Al volver de la ducha vi a Tania tendida boca arriba sobre la cama y a su hermana chupándole el coñito. Semejante visión levantó mi verga al momento y tras observar unos segundos me acerqué, posando mi mano sobre la grupa en popa de Tamara.

Ella siguió en lo suyo mientras mis dedos recorrían la delicada curva que formaba la parte trasera de su cuerpo, con el culo al aire, las rodillas hincadas en la cama y su cabeza sobre el sexo de su hermanita pequeña. Mis dedos iban desde el rígido clítoris hasta las nalgas, pasando por la empapada rajita, en la que se entretenían más de la cuenta, y el estrecho ojete, que ya me había recibido alguna vez.

Pensé que era una maravilla que Felipe siguiera dormido (de hecho, supe luego que a él le había dado un somnífero mucho más fuerte, porque así estaba previsto) y me coloqué de tal forma que mi mano siguiera haciendo lo que estaba haciendo, mientras la otra llegaba a los sabrosos pechos de Tanita.

-¡Basta!- exclamó Tamara-. Haz tu tarea, Pablo.

Tamara se hizo a un lado y Tania permaneció como estaba, con las piernas ligeramente flexionadas y el coño brillante por sus flujos. Yo estaba tan caliente como ella y mi dura verga apuntaba al cielo. Sin espera de ninguna especie (llevaba cuatro días esperando) apunté mi glande a su entrada y, olvidándome de Tamara, de Felipe, de la soleada ventana, de todo lo que no fuera ella, la fui penetrando con la mayor delicadeza posible.

No sentí su himen: quizá ya no existiera, sólo sentí el estrecho abrazo de su vagina, la delicia de poseerla, mi cuerpo junto al suyo, sus gemidos que bajaban de tono. Entraba y salía en ella hasta casi venirme, sintiendo la delicada carne de su vagina rodear, acariciarme la verga, hacerla llegar hasta las nubes y a mi con ella. Luego me detenía, con la verga hundida hasta el fondo, para acariciarle las pequeñas y duras tetas y las bien formadas nalgas, para meter mi lengua hasta el fondo de su oreja, para esperar y reiniciar. Y dale otra vez hasta que ella se vino con un gran temblor. Sus piernas y sus caderas se estremecieron bajo mi cuerpo. Entonces, arañando el cielo, arremetí con vigor creciente hasta que sentí venirme, hasta que la llené entera.

Mientras Tania y yo nos acariciábamos en ese dulce sopor que sigue al orgasmo, alcancé a ver que Tamara chupaba la semierecta verga de Felipe, que seguía dormido como un tronco. Pronto obtuvo lo que quería y así, dormido como estaba, mi amigo fue cabalgado.