martes, 12 de julio de 2011

Papito y Yo

Esto que voy a relatar ocurrió en febrero de este año y recién hoy me animo a contarlo, ya que no he tenido la posibilidad de comentarlo con nadie, ya que se trata de un hecho muy íntimo.
Mi padre se dedica al comercio y mi madre es jefa de enfermeras de una importante clínica de esta provincia en donde vivimos.
Mi madre, por su profesión, cada semana cambia de turno a veces entra por la madrugada, otras en la tarde y obviamente también hace turno de noche, hasta las 6 de la mañana.
En todo ese ajetreo, yo atiendo a mi padre en las ausencias en que mi madre trabaja, así que cuando salgo de trabajar al mediodía preparo el almuerzo, luego limpio la casa, despierto a papá cuando duerme la siesta y le doy mates antes de que se vaya a trabajar por la tarde.
Lo que voy a relatar ocurrió durante el mes de febrero en que durante el turno nocturno de mamá me iba a dormir a la cama de papá por las noches para ver juntos la tele, y despertarlo por la mañana y atenderlo con el desayuno para que luego me lleve a mi trabajo y él se vaya al suyo.
Era un día viernes y yo había ido a bailar con unas amigas a un boliche y me había encontrado con un chico con el cual habíamos tenido una relación tiempo atrás, y si bien habíamos terminado siempre que nos veíamos terminábamos o haciendo el amor o franeleando y atracando a fondo, no recuerdo por que causa esa noche no tuvimos sexo , así que me acompañó hasta casa y estuvimos un rato en el pasillo manoseándonos pero sin poder hacer nada, nos despedimos y entré a casa y me fui a mi cuarto, me desvestí y aprovechando que mi madre estaba de turno, estaba papá con mi hermano que se encontraba de vacaciones durmiendo, entré a higienizarme al baño y me dirigí a mi cuarto, como estaban durmiendo junté la puerta y desnuda como había salido del baño, comencé a masturbarme de la calentura que me había dejado mi “amigovio”, en lo mejor que estaba abierta de piernas tocándome y lista para acabar, abrí los ojos y lo ví a papá parado en la puerta de mi cuarto, se dio vuelta y se fue, que vergüenza, me sentí tan mal que se me fue toda la calentura que tenía, pensaba como hacía al otro día para mirar a papá.

Al día siguiente me levanté papá se había ido al negocio, mi hermano estaba durmiendo y mamá trabajando, así que decidí vestirme y me fui hasta el centro, no dudé y me fui hasta el negocio de papá, llegué, entré saludé a los chicos/as que trabajan con él y me dirigí a su oficina, entré le dí un beso, me ofreció un café y nos pusimos a charlar mientras fumábamos un cigarrillo, cuando pude lo encaré y le dije: pá quiero pedirte perdón por lo de anoche me siento tan avergonzada por lo que pasó, pero me tranquilizó, hija no te hagas problemas, es natural en todas las chicas de tu edad, hacé de cuenta que no pasó nada, porque al final yo no he visto nada me dijo.
Me quedé más tranquila, pero de todas maneras sentía vergüenza, pero como todo continuaba normal en casa, no le di mucha importancia, pero de todas maneras siempre me daba vueltas en la cabeza lo de esa noche.
Pasaron los días, mi hermano se fue a estudiar, mamá comenzó a trabajar de noche y fue precisamente una noche de tantas en que había dormido con papá, en la mañana del día siguiente y aprovechando que era sábado y no trabajaba, me levanté para ir a higienizarme y cuando terminé de hacer pis me fui al bidet para lavarme noté que los vellos de mi vagina estaban todos pegoteados, como si hubiera tenido una sesión de sexo, me llamó la atención, pero no le dí mucha importancia.
El resto del día continuó normal como siempre, compartimos el almuerzo los tres, mis padres se fueron a dormir la siesta y yo me puse lavar ropa, y a limpiar la casa, porque soy una obsesiva con la limpieza, por la tardecita mamá se preparó para irse a trabajar, y yo, cuando ella está de turno por las noches no salgo con mis amigas para atender a papá.
Así fue que luego de cenar y de lavar todas las cosas me di una ducha y me fui a acostar con papá y como es mi costumbre siempre de bombacha y corpiño.
Después de mirar hasta tarde la TV me di vuelta para el otro lado y me quedé dormida, no se que hora era pero de pronto entre sueños comencé a sentir que me acariciaban las piernas, los pechos y me tocaban la vagina, por supuesto al día siguiente cuando me levanté para ir al baño nuevamente noté lo mismo, todos mis vellos pegoteados al igual que mi bombacha, eso comenzó a llamarme la atención, ya que por ese entonces yo no tenía ninguna relación con ningún chico con el cual pudiera haber soñado, o haber tenido un encuentro sexual para estar en esas condiciones.
Lo único que se me ocurrió pensar era en mi padre, pero como jamás, y esto lo puedo jurar, nunca había tenido ningún tipo de insinuación ni mucho menos tocarme aunque fuera disimuladamente, por mucho que descartara, todas las sospechas recaían sobre él.
Para mi mal, mamá ese día cumplía su turno de noche, así que tuve que esperar 15 días para tratar de dilucidar mis sospechas.
A todo esto con la sola idea de que fuera papá el que me tocara por las noches en que dormíamos juntos, lejos de producirme rechazo me iba excitando noche a noche en mi cama sola.

Con el transcurrir de los días todo se me hacía más confuso, ya que papá no daba ni señales de que fuera él el causante de lo sucedido.
A todo esto yo conversando con una amiga, por supuesto no le comenté absolutamente nada, le pregunté que podía tomar para que no me diera sueño, ya que quería ver una peli, a lo que me recomendó tomar un café bien cargado con una aspirina, que eso me quitaría el sueño y me despabilaría. Por fin llegó el día en que mamá tenía el turno de noche, como siempre preparé la cena, lavé las cosas y me fui a su cama, él estaba durmiendo, miré un rato la tele y luego la apagué y me di vuelta para el otro lado, esperé durante un largo rato, pero no pasaba absolutamente nada, luego de estar despierta durante mucho tiempo y pensando, sentí que me rozaban mi pierna, y como estaba pensando en otra cosa, di un sobresalto, lo que hizo que todo siguiera en absoluta calma, me tranquilicé y esperé impacientemente, hasta que comencé a sentir nuevamente el roce en mi pierna, me quedé quieta simulando estar dormida, y comencé a sentir la palma de su mano en mis piernas, que subían y bajaban, suavemente me desprendió el corpiño, se acomodó bien entre mis nalgas y comenzó a rozarme con su miembro y a acariciarme los pezones hasta ponerlos duros, luego fue bajando sus manos por mi cola a la que acariciaba con mucho entusiasmo, hasta que en un momento comenzó a abrir mis piernas y me corrió suavemente la bombacha a un costado e inmediatamente sentí algo caliente en mi vagina, no dudé en saber que había apoyado la punta de su pija entre mis labios, juntó mis piernas y comenzó a realizar el movimiento de simular penetrarme sin hacerlo, hasta que en un momento empezó a jadear, aceleró sus movimientos y comenzó a eyacular, con su mano, supongo, limpió mis piernas y mi vagina, abrochó mi corpiño y se dio vuelta para su lado.
Esperó un buen rato, se levantó al baño y supongo que se lavó y se acostó nuevamente.
Ahora sí tenía la certeza de que era él, ya no había dudas, para colmo el café no me dejaba dormirme y me sentía pegajosa pero no quería levantarme a higienizarme.
No se a que hora me dormí, pero al otro día mientras me higienizaba me di una tremenda masturbada mientras fantaseaba y pensaba en lo que había vivido la noche anterior.
Estuve durante todo el día pensando en lo sucedido, y él no daba señales de nada, por el contrario todo normal.
Durante la siesta mis padres se fueron a dormir un rato, así que me quedé ordenando y limpiando toda la casa, luego que ellos se levantaron les preparé unos mates, mamá se bañó y se fue y quedamos solos con papá, más tarde preparé la cena y luego nos fuimos a dormir, yo me quedé viendo la tele como hasta las tres de la madrugada y él dormía, y yo también me di vuelta y me acomodé para dormir.
Al cabo de un rato, sentí de nuevo sus manos sobre mi, me tocaba las piernas ya me corría la bombacha hacia un costado y metía sus dedos en mi concha y pasaba la yema de sus dedos en mi clítoris, luego abrió mis piernas y ponía su pija caliente y dura entre mis piernas y simulaba una penetración y acababa entre mis piernas, asi se fueron sucediendo cada vez más frecuentes estos “encuentros ”, pero a mi ya no me resultaban lindos esos momentos porque yo cada vez me quedaba más caliente y él no hacía nada para quitarme la calentura.
Así que una siesta en que mamá estaba de turno, él se acostó como siempre, pero a la tarde no trabajaba, así que decidí hacer algo, me fui a duchar, me envolví en el toallón y y me fui derecho a su cama, me lo quité me acomodé a su lado y lo abracé, levanté la parte de arriba de su pijama y comencé a tocar su pecho y a jugar con sus vellos, mientras besaba su espalda, de a poco fui bajando la mano y comencé a rozar su pijama, hasta que toqué con el borde de mis dedos la punta de su pija que ya estaba dura, de a poquito bajé mi mano y comencé a acariciársela, cuando ví que él no hacía nada, metí mi mano dentro de su pijama y comencé a tocar su pija, con toda mi mano se la aferré y comencé a moverla, ya tenía la punta toda mojada, lo fui dando vuelta de a poco hasta ponerlo de costado, de frente a mí, quedamos cara a cara, y le dije, no pensás decirme nada, vas a gozar vos sólo? yo también tengo ganas de hacerlo con vos, me agarró la cara con sus manos y me dio un beso en la boca, comenzó a jugar con su lengua y ya nos entregamos mutuamente, le saqué la poca ropa que tenía y se montó encima mío, me besó toda, la boca, me chupó las tetas, me las mordió muy suavemente, me pasaba la lengua por el cuello y fue bajando hasta el ombligo, luego besó mis piernas y de a poco se acomodó entre ellas y me dio una tremenda chupada de concha que me hizo acabar como nunca lo había hecho, le tuve que apartar la cabeza de entre mis piernas porque me había dejado con una sensibilidad terrible, luego de dejarme que me relajara, se montó encima mío y comenzó a hacerme el amor, me abrió bien las piernas y comenzó a entrar y a salir tan suave que no se la cantidad de orgasmos que me dio, hasta que me hizo sentar encima de su pija y así cabalgándolo me hizo acabar de una manera que terminé mojando todas las sábanas.
Y así comenzó esta historia entre nosotros, que día a día se va acrecentando, ya no sólo lo hacemos en casa cuando mamá está de turno, sino que a veces nos las ingeniamos para irnos a pasar toda la tarde a un motel, o me voy al negocio cuando está por cerrar y hacemos el amor desnudos los dos encima de su escritorio.
Me ha convertido en su amante, y me ha hecho a su manera, yo que siempre he sido contraria a depilarme toda, hasta en eso me ha hecho cambiar de parecer y hoy gozo más que nunca cuando me practica sexo oral en toda mi conchita depilada, hasta filma cuando hacemos el amor y me saca fotos desnuda o teniendo sexo con él, la verdad es el amante perfecto
Nunca pensé que todo acabaría de esta manera, en que yo, la nena de papá, me convertiría en su amante, ya llevamos cerca de cinco meses y por suerte nuestra relación es cada vez más fuerte y más intensa.
Espero que este relato que es real, les haya gustado.
gracias Patri

domingo, 12 de diciembre de 2010

MI PRIMERA

Esta historia que les voy a contar me sucedió cuando tenia 17 años. Fue mi primera experiencia sexual y hasta hoy que tengo 32 ha sido una de las mejores.

Al entrar en la escuela de enfermería recuerdo que habían muchos maricones estudiando allí. Yo llegue por casualidades del destino. Un amigo mío me dijo que el profesor vivía cerca de la escuela y me enseñó la casa. Pasamos por allá y estuvimos conversando un rato. Durante el primer año de la carrera cada vez que tenia una oportunidad pasaba por su casa y conversábamos un rato. Muchas veces habían algunos pájaros visitándole, algunos de ellos eran profesores de la misma escuela a la que yo había asistido. Siempre note algo extraño en su mirada, pero como dije antes nunca me llamaron la atención los hombres. Al comenzar el segundo año las horas en el hospital también eran de madrugada. Comenzaba a las 11:00 de la noche hasta las 7:00 de la mañana. Siempre que me tocaba ese horario yo salía de mi casa mucho mas temprano y pasaba a visitar a mi amigo. A veces pasábamos horas conversando. Durante ese año el me invito a su casa a comer en mas de una ocasión pero yo nunca fui. Me daba pena.

Una noche el me dijo cuando pase por su casa que tenia una cosa para que yo leyera, y que la sabia que me iba a gustar. Me fui a mi hospital esa noche preguntándome que seria aquello tan interesante. Mi profesor siempre tenia puesto shorts bien cortos y no usaba calzoncillos lo que le hacia los huevos brincar. Al día siguiente salí de casa mas temprano que de costumbre. Cuando llegue a su casa el se puso de lo mas contento. Me sentía en confianza. Nunca me hubiera imaginado lo que sucedió después. Porque nunca insinuó nada. Nos sentamos a ver televisión y a conversar un rato. Luego el me trajo dos hojas de papel mecanografiadas por las dos caras. Aquella historia se llamaba "Hermanitas cariñosas". El nunca me dijo de que se trataba. Solo me dijo que le prestara mucha atención y que lo disfrutara.

Cuando comencé a leer aquello me llamo mucho la atención. Era la historia de dos hermanas que acuerdan irse a la cama con el mismo hombre a la vez. Luego de disfrutarlo a plenitud las dos hermanas terminan comiéndose la una a la otra. En mi tierra le dicen a eso hacer tortilla. Mientras yo leía aquel papel yo notaba que la pinga mía se ponía cada vez mas dura. Al eso ocurrir yo sentía pena que el profesor me viera así, y mientras mas leía mas dura se ponía. Nunca me había sucedido nada semejante. Mi profesor sentado al lado mío se mantenía callado y observaba de reojo. Yo estaba inclinado hacia delante ensimismado con la totilla que hacían aquellas dos hermanas. El uniforme que yo usaba para la escuela era un pantalón y una bata blanca. La bata llegaba hasta mas abajo de la cintura. Cuando termine la lectura confieso que estaba peor que nunca. Mi pinga parecía una antena de lo parada que estaba. Me recosté en el sofá con la bata por encima del pantalón por que sentía pena que el me viera así. Le devolví el papel cuidando de que no me viera excitado.
-Te gustó? Preguntó el
- Si (le conteste de forma muy vaga)
En ese momento yo siento que el me pasa la mano por la pinga mía y me la acaricia. Me quede loco. Estaba tan excitado que aquel toque de él me gustó. En ese momento me dije a mi mismo que el era maricon. Me pidió que me la sacara y yo accedí un poco tímido pero cada vez mas me gustaba lo que estaba pasando. Al aquella verga estar afuera completamente el seguía pasando la mano por la cabeza. Nunca había sentido algo tan sabroso.
-Que pinga mas linda (dice el)
-Si (contesto yo tímidamente)
-Yo la tengo mas grande que tu
-Si (otro si tímido)
-También soy mayor que tu
-Cuantos años tienes?
-37

En ese momento el se la saca. Nunca había visto una delante de mis ojos. Tengo que confesar que tenia un señor pingon, con todas las de la ley. En ese momento comencé a sentir algo raro dentro de mi. Aquella verga me llamaba la atención. Parada media como 10 pulgadas. El se inclina y me comienza a mamar. Sentí la sensación mas sabrosa de mi vida. Estuvo un rato y luego me pregunto
-Nunca te la habían mamado?
- No- le respondí.
- Ven
Me llevo al dormitorio. allí tenia su cama, muy limpia y perfumada y me pidió que me acostara. Me quito la ropa y los zapatos. Comenzó a mamarme la pinga y se puso en la posición 69. Aquello era la gloria. Su enorme pinga estaba próxima a mi cara. Me preguntaba yo si me la metía en la boca o no. Luego de titubear un poco decidí metérmela en la boca y empecé a pasarle la lengua. Me resulto un poco extraño al principio pero después me gusto. Por el otro lado yo sentía aquella mamada y era el placer mas grande de mi vida. Me lameteaba las piernas pero cuando me paso el dedo por el culo fue lo mejor de la noche. Note que mientras mas metía el dedo en el culo la pinga se ponía mas dura. Yo seguía mamando y el se movía hacia arriba y hacia abajo. Siento en una de esas que me estoy viniendo con todas las de la ley. Nunca había sentido una sensación igual a esa. Al venirme en su boca el se trago mi leche, y continuaba mamando. Yo brincaba de placer. En ese momento siento que el se viene en mi boca. Aquello me gusto y me la trague. Se la seguí mamando por un rato hasta que el decidió parar.
-Te gustó? me preguntó.
-Si

Nos fuimos a bañar y yo salí después rumbo al hospital. El me dio un beso en la boca y me despedí de él. Durante esa noche la pase pensando que había cometido algo malo. Tenia una educación católica donde se ataca a los homosexuales y se les considera algo contranatural. Pero por el otro lado había sentido el placer mas rico de mi vida. Al día siguiente salgo para el hospital nuevamente a la noche. Me encuentro con el muy sonriente que iba camino a su casa. Yo sentía curiosidad por hacerlo de nuevo pero a la vez sentía un poco de miedo porque me fuera a gustar mas. Cuando llegue a su casa no hizo falta tanto rodeo. Fuimos directo a la cama. Esta vez el me acaricio los pezones. Yo me retorcía de placer en la cama, me pasaba la lengua por el cuello, por el ombligo. Me sentía en otro mundo. después de haberme revolcado de placer comenzó a mamar de nuevo. Aquello me encantaba. Me viro boca abajo y comenzó a acariciar la espalda, me daba mordiscones y me pasaba la lengua a la vez que me acariciaba la pinga. Iba bajando la espalda y me llegó al culo, le comenzó a pasar la lengua. Yo me quería venir pero el no me dejaba. El alternaba la lengua con el dedo el culo. Al cabo de un rato siento que me esta metiendo aquel pingon. Me dolió pero al cabo de un rato siento algo dentro del culo que la pinga me toca y mi rabo estaba mas parado que nunca. El me masturbaba y metía y sacaba aquella verga de mi culito virgen. Me vine como un perro. Esta noche el placer fue mejor que el de la noche anterior. después de aquel rato de placer fuimos al baño, yo no me podía parar, estaba extenuado. Me siento en el inodoro, la leche me sale por el culo y el me dice
-Ahí se van mis hijos


Yo sonrío porque este hombre me había dado el mayor placer de mi vida. Durante un tiempo estuvimos acostándonos juntos. Confieso que de nada me arrepiento. Hoy estoy casado y me gusta metérmela de vez en cuando. y si son prietas mejor.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Diario

Lunes



En algún momento apoyé mi cabeza contra la carpeta, como
durmiendo. Y mi parte trasera se ha pegado bien atrás, pegadita al respaldo del
asiento. Mi compañero de la carpeta de atrás ha puesto su rodilla justo en una
rendija por donde puede alcanzar mi trasero. Lo ha hecho despacio para no
sobresaltarme, primero un leve roce, como una caricia. Mis pensamientos han
volado lejos con ese contacto. Me hago la dormida como autorizándolo a seguir, y
sueño despierta que estoy en una tienda de ropa para mujeres. Estoy allí sola,
con toda la ropa a mi disposición.



Él sigue rozando su rodilla contra mi trasero. Y por esas
caricias alucino que de pronto aparece alguien que parece ser un empleado de la
tienda, uniformado, guapísimo y fornido. Me dice que está allí para servirme,
que estamos solos, que una amiga ha pagado el servicio para realizar mi sueño de
ser una mujer esa noche. Mientras me habla, me toma de la mano y me conduce por
la tienda. Yo paseo por allí escogiendo la ropa, tomo primero un vestido verde,
y un juego completo de lencería negra. Luego zapatos de tacos.



Una vez en el probador, él se retira y me deja vestirme sola.
Me despojo de la ropa que llevo puesta y la arrojo lejos, decidida a ser una
completa mujer. Salgo completamente vestida. Mi acompañante me recibe tomandome
de la cintura y llevando mi femenino cuerpecito hacia el suyo, duro, contundente
y muy masculino. Ese hombre me tiene tomada de una forma que me hace sentir
entregada a su fuerza, que me somete y despierta mi química más femenina. Siento
su olor de macho y de mi pequeño pene brota un leve chorro que me lubrica. Por
primera vez en mi vida no lo siento como un órgano masculino, sino como si esa
pequeña tripita mía fuese también una mujercita, un clítoris también sometido a
la grandeza del pene de mi acompañante, cuya dureza ya había empezado a sentir
en mi muslo, al cual mi macho había colocado entre sus piernas.



De pronto me quedo sin ideas. Se acaba mi sueño y yo estoy
con mi culito levantado tratando de que la rodilla de mi compañero coincida con
mi agujero.



Mis pensamientos de mujer me habían hecho confundir la
fantasía con la realidad. Ese compañero era como mi acompañante de la tienda de
ropa. Y yo empecé mover mi culito para contribuir a ese baile delicioso que
nuestros cuerpos realizaban.



Había empezado a gemir discretamente, cuando el profesor
golpeó mi carpeta con una regla y me hizo saltar. Todo el salón se rió y yo no
sabía qué cara poner. Al parecer, nadie se había dado cuenta de lo que estaba
pasando debajo de las carpetas y me tomaban sólo por una dormilona.



Por supuesto, mi compañero retiró inmediatamente su rodilla.
Yo lamenté eso más que el susto que me dio el profesor, porque al final de
cuentas esa sorpresa me sirvió para excitarme pensando que en verdad me habían
descubierto en toda mi femenidad. Yo soñaba con anunciarme ante todo el salón
como la mujer que me siento. Anhelaba ser tratada como una dama y vestirme como
tal en el salón. Deseaba entrar al baño, levantarme el vestido para sentarme y
hacer pipí como una señorita.



Martes



La experiencia de ayer me ha dado fuerzas para ponerme un
calzón de mi hermana y dirigirme al colegio escondiendo alli mi secreto pero
también arriesgándome a ser descubierta. Por supuesto que en el fondo me moría
de ganas que me descubran. No sé por qué razón yo estaba segura que Freddy, mi
compañero de atrás, no le contaría a nadie de esa silenciosa relación que había
comenzado a surgir entre nosotros.



Apenas me senté, volví a poner mi culito bien atrás, pero él
no hizo nada. Me quedé así durante toda la clase, y me quedé frustrada pues
Freddy parecía haberse arrepentido.



Al salir al recreo, se formó un tumulto en la puerta, y en
medio de tanto delicioso olor a hombre, sentí una mano que me tomaba del culo.
Era Freddy. Yo traté de relajarme para que él sienta que su iniciativa
maravillosa contaba con mi plena aprobación. Pronto se disipó el gentío, y me
quedé nuevamente vacía, apenas con mi calzón como único símbolo de la mujer
oculta.



Tan fuerte fue mi deseo de sentir otra vez sus caricias, que
se me ocurrió una gran idea: buscar otro tumulto. Sabía que en el kiosko lo
encontraría. Así que allí me dirigí luego de lanzarle una mirada coqueta a
Freddy para que me siga. Y hasta alli me siguió Freddy, sólo que no fue su mano
lo que sentí esta vez, sino su miembro viril balanceándose contra mi trasero. No
duró mucho, pero ha sido muy delicioso para mí sentirme zamaqueada por primera
vez. He comprobado que la realidad es mucho mas rica que todas mis fantasias.




El mismo Martes por la noche



Aunque pensaba en en Freddy y en la femenina vivencia de
haber tenido un cazón puesto y un pene frotandome por atras, no sospeché que
fuese él el que estaba tocando a mi puerta. Mi hermana lo hizo pasar a la sala y
luego me llamó para que bajara de mi dormitorio. Adopté el paso de una princesa
mientras descendía por las escaleras, lo miré coquetamente y sonreí. En ese
momento me sentí enamorada. Luego de verificar que nadie nos miraba, me acerqué
a él y le di un beso en la mejilla, y me retiré hacia el sillón frente a él algo
sonrojada. Allí agaché la cabeza y lo miré de reojo. No sabía qué decir, y se me
ocurrió tomar un papel y un lápiz. Escribí algo y le entregué el papel:



"Freddy, piensa que tienes frente a ti a una mujer que te
ama"



Él extendió su mano para que le alcance el lápiz, y escribió:




"Desde ya considérame tu marido. Esto será siempre un secreto
entre los dos. Me voy. Nos vemos mañana"



Miércoles



Sin darnos cuenta, los dos habiamos definido el juego que
ibamos a seguir en el colegio. Yo le pasé un papel que decía: "Pon tu rodilla",
y él respondió: "Quiero que tu culito se coloque primero y muévelo para que yo
me excite. Quiero ver tu trasero sufriendo por mí, deseándome, mientras yo te
castigo negándote mi rodilla"



Al leer esas palabras, algo me remeció. Me estaba gustando
sentir que me humillaba. Fue una experiencia nueva y muy agradable que se
prolongó toda la clase, entre súplicas hacia quien empezaba a considerar como mi
hombre. Luego de varios ruegos de mi parte, él ponía su rodilla en el sitio
exacto donde me daba más placer y la retiraba poco después dejándome deseosa.
Los ruegos proseguían a través de papelitos y él me premiaba con una nueva
caricia. Y así, varias veces. Cuando su rodilla no estaba allí, me parecía que
mi cuerpo estaba incompleto, que faltaba algo de él tocándome, pero al mismo
tiempo me excitaba saberme sometida a él y depender de su voluntad. Sufría y
gozaba al mismo tiempo.



Jueves



Por momentos me provocaba llegar vestida de mujer al salón de
clases y otras veces me daba mucha verguenza. Cuando me sentía mujercita, era
bien mujer ante todo el mundo. Cuando la verguenza me cohibía, era una mujer
fiel a Freddy, y me complacía mucho sentirme su esclava. Las otras veces, en
cambio, soñaba con ser la mujer de todo el salón. Creo que gozaba al ser
castigada por él, sentía como que merecía ese castigo por mis malos
pensamientos.



Justamente con estos pensamientos entré al salón. Freddy es
bien macho y fuerte, pero Enrique es mucho más guapo. Así que toda la clase la
pasé mirándolo. Freedy no se dio cuenta, pero mientras me ponía su rodilla como
de costumbre y yo estaba con mi cabeza recostada sobre mi carpeta, mis
pensamientos estaban puestos en Enrique.



Al salir al recreo, me he colocado delante de él y me
detenido bruscamente para que él se choque conmigo, precisamente para que me
tome por detrás y me empuje. Yo he sentido su cuerpo arremetiendo contra mi
trasero y he simulado perder el equilibrio y caerme. Enrique me ayuda a
levantarme. Siento esos brazos tomando los míos y me incorporo soñando que mi
príncipe azul me levanta y me carga para llevarme a la cama.



Luego me dirijo al kiosko y lo espero. Enrique de pronto está
detrás mío y me toca el trasero con su mano. Yo muevo mi culito lateralmente en
señal de aprobación y él va más allá haciéndome sentir la inmensidad de su
miembro. Es mucho más grande que el Freddy, a quien en ese momento veo a mi
costado mirándome con cara de molesto. Lo siento deslizar su mano hacia mis
nalgas e interponiéndose entre Enrique y yo. Me toma de la cintura y me
balancea. Sin aviso, Freddy empieza a golpear a Enrique y se arma un lío de los
mil demonios. Yo huyo despavorida y me hago la enferma para que me envíen a mi
casa.



Ya en la tranquilidad de mi dormitorio, recuerdo los momentos
y pienso que todos se han dado cuenta. Por un lado me sentía temerosa, pero por
el otro... ¡qué inmesa alegría! Mi identidad femenina avanzaba a grandes pasos.
De la emoción, me puse el vestido que le había robado a mi hermana. Y fue en ese
momento en que Freddy llamaba a la puerta de mi casa y escuché que mi mamá le
indicaba que yo estaba en mi cuarto y que subiera no más.



Todas las casualidades se juntaron para que mi feminidad
avance. Cuando Freddy entró a mi cuarto, encontró a una jovencita, a una
adolescente excitada que corrió a sus brazos y le dio un beso.



--Ya todos lo saben, Sandra --me dijo.



--No me importa. Yo quiero ser una mujer.



--Todos en el salón quieren que mañana vayas como chica.



Me di media vuelta y puse mi trasero a su disposición.



--Pues hazme sentir mujer, mi amor, para estar preparada.



Freedy me abrazó, luego me tomó de la cabeza y me fue bajando
hasta que mi boca llegó a su miembro viril.



--Ve aprendiendo, nena, sácalo y chúpalo, que mañana te
presento como mi mujer. A Enrique le he sacado la mierda.



No más terminó de decir eso y yo estaba desesperada abriendo
el camino hacia su miembro. Fue la primera vez que mis labios sintieron la
humedad, la dureza y hasta los latidos de esa torre vigorosa que se me metía en
la boca y me dejaba todos sus jugos calientes y deliciosamente pegajosos.



Estrenada con una abundante eyaculación sobre mi cara, con su
leche chorreando por mi nariz y mis mejillas, con mi boca lamiendo con fuerza y
sacándole hasta la última gota: así he sido feliz esta noche. He vivido la
maravillosa experiencia de una sumisión total. Con el recuerdo de mi vestido
sobre mi cuerpo, con mi cuerpo de rodillas ante Freddy y mi boca brindándole
placer, con esas escenas de mi feminidad con una verga dentro de mi boca empiezo
a pensar en el día de mañana, cuando ingrese vestida de mujer al salón de
clases.



Viernes



Freddy pasó muy temprano por mi casa y me ayudó a escoger
entre los cuatro vestidos que le robé a mi hermana. Uno por uno me los fui
poniendo y desfilando ante él como una modelo de pasarela. Mientras caminaba
coquetamente, él me levantaba el vestido o me agarraba las nalgas. Yo me hacía
la ruborizada, la inocente, y noté que a Freedy le gustaba esa conducta mía.



El decidió por el vestido negro y la lencería del mismo
color. En un maletín metimos las medias negras, el calzón, el portaligas... Y
partimos hacia el colegio.



Pasamos por el baño, que por suerte estaba cerca del salón, y
de allí salí convertida en una colegiala rumbo a un aula con 30 hombres
excitados.



Freddy me tomó de la mano y me llevó hacia el salón. Yo
esperaba encontrar un alboroto, pero me di con la sorpresa que todos estaban
callados. Después de unos segundos de estar con la cabeza agachada, avergonzada,
levanté la vista y me encontré con la mirada penetrante de todos, examinándome
de pies a cabeza, con cara de asombro.



La quietud del salón se quebró con los primeros susurros.
Enrique quiso levantarse, pero Freddy le ordenó que se quedara en su lugar.
Todos empezaron a reclamar. Yo no sabía qué querían. Empezaron a discutir con
Freddy hasta que él no pudo contener a los demás, y me dijo que tenía que
chupársela a todo el salón.



A esas alturas, la idea no me resultaba nada desgradable,
pero me hice la ofendida, actitud que no duró más que unos segundos, pues
inmediatamente Enrique se acercó a mí, me tomó por atrás, y me dijo: "No
quisieras tener en la boca eso que sientes en tu culo". En realidad, lo que
sentía no era mucho. La verga de Enrique era muy pequeña, pero me pareció
simpático comenzar por la más chiquita y sentir cada vez una verga más grande.




Se sentó en la silla del profesor. Yo me puse de rodillas
inmediatamente, le abrí el pantalón y bajé la cremallera hasta que emergió su
pequeño pene, que creció algo al contacto de mis labios y los movimientos de mi
lengua.



Levanté la vista y vi el guapo su guapo rostro. Se la chupé
mientras lo miraba. Su belleza física me estimulaba a embestir contra su pene
sintiéndome una mujer muy afortunada al hacerle eso a alguien tan apuesto.



Enrique eyaculó rápida y sorpresivamente. El tamaño de su
pene no iba de acuerdo con la potencia de su eyaculación ni tampoco con la
cantidad de leche. Me mojó el cabello y todavía le alcanzó para mojarme buena
parte de la cara.



El siguiente era Javier. Cuando pasé mi mano por su sexo, me
sentí una delicada mujercita con a la enormidad de carne que estaba palpando. La
tenía apretada contra su pantalón y de costado. Empezaba a tomarla y recorría
toda su longitud, que parecía no acabar nunca. Cuando la sacó, todo el salón
aplaudió y se reía. Javier me sentó en la silla. Me dijo que cruzara las
piernas. Yo obedecí rápidamente, posando de la manera más femenina posible,
mientras seguía con la vista la enorme pinga de él, que se movía de un lado a
otro. Me pídió que pusiera las manos atrás, y que mirara hacia los demás, hacia
adelante. La mirada de todos se dirigía a mis piernas cruzadas y a mi vestido
algo levantado, que dejaba ver parte de mi liguero.



De pronto sentí algo húmedo y caliente en mi mejilla derecha.
Yo giré la cabeza para alcanzarla con mi boca, pero él se retiró gritándome que
siga mirando hacia adelante. No bien giré sumisamente, ya tenía en mi otra
mejilla esa misma humedad que anunciaba la presencia de unos 25 cms. de
masculinidad potente y amenazante. "No te muevas", me dijo. Y fue acercándose
hasta casi llegar a mis labios. Me moría de ganas de tener eso en mi boca, pero
él no me dejaba.



Continuó dibujando mi cara con su verga, y a su paso me
dejaba el rastro de sus jugos.



Cuando la puso sobre mis labios, yo abrí mi boca lentamente
dejando pasar la punta hacia mi interior. Fue una penetración oral, porque mi
boca alcanzaba con las justas para el diámetro descomunal de su pinga.



Con mi boca toda abierta, él se fue balanceando metiéndola y
sacándola, mojándome toda la boca y lubricándomela. Luego se quedó quieto. Fui
yo entonces quien empezó a moverse, pero él me dijo que no lo hiciera, que aún
no quería eyacular, pues quería metérmela por el culo.



No medí bien las consecuencias (y por supuesto, tampoco las
dimensiones de su miembro), porque acepté gustosa de inmediato.



Su primer avance fue una prueba de fuego. No era virgen, pues
en mis noches de mujer solitaria en mi casa, ya me había metido varias cosas por
el culo. Sin embargo, esa primera embestida me hizo gritar. Tomada de las
caderas, como a una perra, Javier empezó su paseo por mi conducto anal con un
intento breve, pero violento. Sentí nuevamente dolor, y sentí alivio cuando
deslizó su pene por la puertita de mis entrañas, lubricándolo. Me sentí bien
mojada y me animé a pedirle que ingresara ya a mi mundo interior, que estaba
lista, apta, preparada para cualquier cosa.



La primera barrera ya había sido vencida. Su cabeza estaba ya
dentro de mí, con comodidad. La puerta de mi culo estaba mojadísima, alojando a
un huésped muy querido y deseado.



El segundo avance fue muy difícil. A pesar de que yo sentía
adentro cómo sus juguitos brotaban para ayudarme a soportar mejor sus
embestidas, el dolor era bien fuerte, aunque también era delicioso. Comencé a
gritar que me dolía mucho.



--Me duele!, me duele!... pero me gusta!!!!



--No me digas eso que me alocas -- me dijo Javier.



Y acompañó a sus palabras con una embestida brutal que quebró
cualquier final resistencia.



Él era ya poseedor de mis entrañas. Entraba y salía como en
su casa. Mi culito, dilatado, latía cuando él retiraba toda su interminable
longitud. Debo confesar que esa parte de la penetración anal tiene un gustito
especial. Todo él se va retirando y una siente la fricción de otra manera, como
cuando nos sentamos a defecar (disculpen la vulgaridad), pero con la diferencia
que nosotras no controlamos esa retirada. Es como si él decidiera por nosotras.




Yo la tenía toda adentro destrozándome cada centímetro
conquistado, cuando entró el profesor y...



..reclamó su parte!!.



Javier me la metía por el culo y el profe me penetraba por la
boca. Los dos estaban tan sincronizados, que sus movimientos resultaban
elegantes y el sentirme poseída me estaba siendo muy cómodo. Javier eyaculó
primero dejándome más húmeda por dentro. Pero eso no impidió que yo siguiera con
toda su torre adentro. La dejó allí, rígida y quieta, en toda su extensión,
explorando serenamente mi interior.



Yo estaba sentada sobre Javier, y tenía que agacharme para
alcanzar la verga del profe. Cuando eyaculó, lo hizo con la verga adentro, y
lanzó un chorro que me hizo atorar y toser hasta escupir toda su leche hacia su
miembro, el cual mamé hasta dejarlo seco, flácido y exhausto.



Sábado



Me despierto boca abajo. Mi pene, perdón, mi clítoris se
frota con la cama. Levanto luego mi culito. Soy una mujer