viernes, 10 de diciembre de 2010

Diario

Lunes



En algún momento apoyé mi cabeza contra la carpeta, como
durmiendo. Y mi parte trasera se ha pegado bien atrás, pegadita al respaldo del
asiento. Mi compañero de la carpeta de atrás ha puesto su rodilla justo en una
rendija por donde puede alcanzar mi trasero. Lo ha hecho despacio para no
sobresaltarme, primero un leve roce, como una caricia. Mis pensamientos han
volado lejos con ese contacto. Me hago la dormida como autorizándolo a seguir, y
sueño despierta que estoy en una tienda de ropa para mujeres. Estoy allí sola,
con toda la ropa a mi disposición.



Él sigue rozando su rodilla contra mi trasero. Y por esas
caricias alucino que de pronto aparece alguien que parece ser un empleado de la
tienda, uniformado, guapísimo y fornido. Me dice que está allí para servirme,
que estamos solos, que una amiga ha pagado el servicio para realizar mi sueño de
ser una mujer esa noche. Mientras me habla, me toma de la mano y me conduce por
la tienda. Yo paseo por allí escogiendo la ropa, tomo primero un vestido verde,
y un juego completo de lencería negra. Luego zapatos de tacos.



Una vez en el probador, él se retira y me deja vestirme sola.
Me despojo de la ropa que llevo puesta y la arrojo lejos, decidida a ser una
completa mujer. Salgo completamente vestida. Mi acompañante me recibe tomandome
de la cintura y llevando mi femenino cuerpecito hacia el suyo, duro, contundente
y muy masculino. Ese hombre me tiene tomada de una forma que me hace sentir
entregada a su fuerza, que me somete y despierta mi química más femenina. Siento
su olor de macho y de mi pequeño pene brota un leve chorro que me lubrica. Por
primera vez en mi vida no lo siento como un órgano masculino, sino como si esa
pequeña tripita mía fuese también una mujercita, un clítoris también sometido a
la grandeza del pene de mi acompañante, cuya dureza ya había empezado a sentir
en mi muslo, al cual mi macho había colocado entre sus piernas.



De pronto me quedo sin ideas. Se acaba mi sueño y yo estoy
con mi culito levantado tratando de que la rodilla de mi compañero coincida con
mi agujero.



Mis pensamientos de mujer me habían hecho confundir la
fantasía con la realidad. Ese compañero era como mi acompañante de la tienda de
ropa. Y yo empecé mover mi culito para contribuir a ese baile delicioso que
nuestros cuerpos realizaban.



Había empezado a gemir discretamente, cuando el profesor
golpeó mi carpeta con una regla y me hizo saltar. Todo el salón se rió y yo no
sabía qué cara poner. Al parecer, nadie se había dado cuenta de lo que estaba
pasando debajo de las carpetas y me tomaban sólo por una dormilona.



Por supuesto, mi compañero retiró inmediatamente su rodilla.
Yo lamenté eso más que el susto que me dio el profesor, porque al final de
cuentas esa sorpresa me sirvió para excitarme pensando que en verdad me habían
descubierto en toda mi femenidad. Yo soñaba con anunciarme ante todo el salón
como la mujer que me siento. Anhelaba ser tratada como una dama y vestirme como
tal en el salón. Deseaba entrar al baño, levantarme el vestido para sentarme y
hacer pipí como una señorita.



Martes



La experiencia de ayer me ha dado fuerzas para ponerme un
calzón de mi hermana y dirigirme al colegio escondiendo alli mi secreto pero
también arriesgándome a ser descubierta. Por supuesto que en el fondo me moría
de ganas que me descubran. No sé por qué razón yo estaba segura que Freddy, mi
compañero de atrás, no le contaría a nadie de esa silenciosa relación que había
comenzado a surgir entre nosotros.



Apenas me senté, volví a poner mi culito bien atrás, pero él
no hizo nada. Me quedé así durante toda la clase, y me quedé frustrada pues
Freddy parecía haberse arrepentido.



Al salir al recreo, se formó un tumulto en la puerta, y en
medio de tanto delicioso olor a hombre, sentí una mano que me tomaba del culo.
Era Freddy. Yo traté de relajarme para que él sienta que su iniciativa
maravillosa contaba con mi plena aprobación. Pronto se disipó el gentío, y me
quedé nuevamente vacía, apenas con mi calzón como único símbolo de la mujer
oculta.



Tan fuerte fue mi deseo de sentir otra vez sus caricias, que
se me ocurrió una gran idea: buscar otro tumulto. Sabía que en el kiosko lo
encontraría. Así que allí me dirigí luego de lanzarle una mirada coqueta a
Freddy para que me siga. Y hasta alli me siguió Freddy, sólo que no fue su mano
lo que sentí esta vez, sino su miembro viril balanceándose contra mi trasero. No
duró mucho, pero ha sido muy delicioso para mí sentirme zamaqueada por primera
vez. He comprobado que la realidad es mucho mas rica que todas mis fantasias.




El mismo Martes por la noche



Aunque pensaba en en Freddy y en la femenina vivencia de
haber tenido un cazón puesto y un pene frotandome por atras, no sospeché que
fuese él el que estaba tocando a mi puerta. Mi hermana lo hizo pasar a la sala y
luego me llamó para que bajara de mi dormitorio. Adopté el paso de una princesa
mientras descendía por las escaleras, lo miré coquetamente y sonreí. En ese
momento me sentí enamorada. Luego de verificar que nadie nos miraba, me acerqué
a él y le di un beso en la mejilla, y me retiré hacia el sillón frente a él algo
sonrojada. Allí agaché la cabeza y lo miré de reojo. No sabía qué decir, y se me
ocurrió tomar un papel y un lápiz. Escribí algo y le entregué el papel:



"Freddy, piensa que tienes frente a ti a una mujer que te
ama"



Él extendió su mano para que le alcance el lápiz, y escribió:




"Desde ya considérame tu marido. Esto será siempre un secreto
entre los dos. Me voy. Nos vemos mañana"



Miércoles



Sin darnos cuenta, los dos habiamos definido el juego que
ibamos a seguir en el colegio. Yo le pasé un papel que decía: "Pon tu rodilla",
y él respondió: "Quiero que tu culito se coloque primero y muévelo para que yo
me excite. Quiero ver tu trasero sufriendo por mí, deseándome, mientras yo te
castigo negándote mi rodilla"



Al leer esas palabras, algo me remeció. Me estaba gustando
sentir que me humillaba. Fue una experiencia nueva y muy agradable que se
prolongó toda la clase, entre súplicas hacia quien empezaba a considerar como mi
hombre. Luego de varios ruegos de mi parte, él ponía su rodilla en el sitio
exacto donde me daba más placer y la retiraba poco después dejándome deseosa.
Los ruegos proseguían a través de papelitos y él me premiaba con una nueva
caricia. Y así, varias veces. Cuando su rodilla no estaba allí, me parecía que
mi cuerpo estaba incompleto, que faltaba algo de él tocándome, pero al mismo
tiempo me excitaba saberme sometida a él y depender de su voluntad. Sufría y
gozaba al mismo tiempo.



Jueves



Por momentos me provocaba llegar vestida de mujer al salón de
clases y otras veces me daba mucha verguenza. Cuando me sentía mujercita, era
bien mujer ante todo el mundo. Cuando la verguenza me cohibía, era una mujer
fiel a Freddy, y me complacía mucho sentirme su esclava. Las otras veces, en
cambio, soñaba con ser la mujer de todo el salón. Creo que gozaba al ser
castigada por él, sentía como que merecía ese castigo por mis malos
pensamientos.



Justamente con estos pensamientos entré al salón. Freddy es
bien macho y fuerte, pero Enrique es mucho más guapo. Así que toda la clase la
pasé mirándolo. Freedy no se dio cuenta, pero mientras me ponía su rodilla como
de costumbre y yo estaba con mi cabeza recostada sobre mi carpeta, mis
pensamientos estaban puestos en Enrique.



Al salir al recreo, me he colocado delante de él y me
detenido bruscamente para que él se choque conmigo, precisamente para que me
tome por detrás y me empuje. Yo he sentido su cuerpo arremetiendo contra mi
trasero y he simulado perder el equilibrio y caerme. Enrique me ayuda a
levantarme. Siento esos brazos tomando los míos y me incorporo soñando que mi
príncipe azul me levanta y me carga para llevarme a la cama.



Luego me dirijo al kiosko y lo espero. Enrique de pronto está
detrás mío y me toca el trasero con su mano. Yo muevo mi culito lateralmente en
señal de aprobación y él va más allá haciéndome sentir la inmensidad de su
miembro. Es mucho más grande que el Freddy, a quien en ese momento veo a mi
costado mirándome con cara de molesto. Lo siento deslizar su mano hacia mis
nalgas e interponiéndose entre Enrique y yo. Me toma de la cintura y me
balancea. Sin aviso, Freddy empieza a golpear a Enrique y se arma un lío de los
mil demonios. Yo huyo despavorida y me hago la enferma para que me envíen a mi
casa.



Ya en la tranquilidad de mi dormitorio, recuerdo los momentos
y pienso que todos se han dado cuenta. Por un lado me sentía temerosa, pero por
el otro... ¡qué inmesa alegría! Mi identidad femenina avanzaba a grandes pasos.
De la emoción, me puse el vestido que le había robado a mi hermana. Y fue en ese
momento en que Freddy llamaba a la puerta de mi casa y escuché que mi mamá le
indicaba que yo estaba en mi cuarto y que subiera no más.



Todas las casualidades se juntaron para que mi feminidad
avance. Cuando Freddy entró a mi cuarto, encontró a una jovencita, a una
adolescente excitada que corrió a sus brazos y le dio un beso.



--Ya todos lo saben, Sandra --me dijo.



--No me importa. Yo quiero ser una mujer.



--Todos en el salón quieren que mañana vayas como chica.



Me di media vuelta y puse mi trasero a su disposición.



--Pues hazme sentir mujer, mi amor, para estar preparada.



Freedy me abrazó, luego me tomó de la cabeza y me fue bajando
hasta que mi boca llegó a su miembro viril.



--Ve aprendiendo, nena, sácalo y chúpalo, que mañana te
presento como mi mujer. A Enrique le he sacado la mierda.



No más terminó de decir eso y yo estaba desesperada abriendo
el camino hacia su miembro. Fue la primera vez que mis labios sintieron la
humedad, la dureza y hasta los latidos de esa torre vigorosa que se me metía en
la boca y me dejaba todos sus jugos calientes y deliciosamente pegajosos.



Estrenada con una abundante eyaculación sobre mi cara, con su
leche chorreando por mi nariz y mis mejillas, con mi boca lamiendo con fuerza y
sacándole hasta la última gota: así he sido feliz esta noche. He vivido la
maravillosa experiencia de una sumisión total. Con el recuerdo de mi vestido
sobre mi cuerpo, con mi cuerpo de rodillas ante Freddy y mi boca brindándole
placer, con esas escenas de mi feminidad con una verga dentro de mi boca empiezo
a pensar en el día de mañana, cuando ingrese vestida de mujer al salón de
clases.



Viernes



Freddy pasó muy temprano por mi casa y me ayudó a escoger
entre los cuatro vestidos que le robé a mi hermana. Uno por uno me los fui
poniendo y desfilando ante él como una modelo de pasarela. Mientras caminaba
coquetamente, él me levantaba el vestido o me agarraba las nalgas. Yo me hacía
la ruborizada, la inocente, y noté que a Freedy le gustaba esa conducta mía.



El decidió por el vestido negro y la lencería del mismo
color. En un maletín metimos las medias negras, el calzón, el portaligas... Y
partimos hacia el colegio.



Pasamos por el baño, que por suerte estaba cerca del salón, y
de allí salí convertida en una colegiala rumbo a un aula con 30 hombres
excitados.



Freddy me tomó de la mano y me llevó hacia el salón. Yo
esperaba encontrar un alboroto, pero me di con la sorpresa que todos estaban
callados. Después de unos segundos de estar con la cabeza agachada, avergonzada,
levanté la vista y me encontré con la mirada penetrante de todos, examinándome
de pies a cabeza, con cara de asombro.



La quietud del salón se quebró con los primeros susurros.
Enrique quiso levantarse, pero Freddy le ordenó que se quedara en su lugar.
Todos empezaron a reclamar. Yo no sabía qué querían. Empezaron a discutir con
Freddy hasta que él no pudo contener a los demás, y me dijo que tenía que
chupársela a todo el salón.



A esas alturas, la idea no me resultaba nada desgradable,
pero me hice la ofendida, actitud que no duró más que unos segundos, pues
inmediatamente Enrique se acercó a mí, me tomó por atrás, y me dijo: "No
quisieras tener en la boca eso que sientes en tu culo". En realidad, lo que
sentía no era mucho. La verga de Enrique era muy pequeña, pero me pareció
simpático comenzar por la más chiquita y sentir cada vez una verga más grande.




Se sentó en la silla del profesor. Yo me puse de rodillas
inmediatamente, le abrí el pantalón y bajé la cremallera hasta que emergió su
pequeño pene, que creció algo al contacto de mis labios y los movimientos de mi
lengua.



Levanté la vista y vi el guapo su guapo rostro. Se la chupé
mientras lo miraba. Su belleza física me estimulaba a embestir contra su pene
sintiéndome una mujer muy afortunada al hacerle eso a alguien tan apuesto.



Enrique eyaculó rápida y sorpresivamente. El tamaño de su
pene no iba de acuerdo con la potencia de su eyaculación ni tampoco con la
cantidad de leche. Me mojó el cabello y todavía le alcanzó para mojarme buena
parte de la cara.



El siguiente era Javier. Cuando pasé mi mano por su sexo, me
sentí una delicada mujercita con a la enormidad de carne que estaba palpando. La
tenía apretada contra su pantalón y de costado. Empezaba a tomarla y recorría
toda su longitud, que parecía no acabar nunca. Cuando la sacó, todo el salón
aplaudió y se reía. Javier me sentó en la silla. Me dijo que cruzara las
piernas. Yo obedecí rápidamente, posando de la manera más femenina posible,
mientras seguía con la vista la enorme pinga de él, que se movía de un lado a
otro. Me pídió que pusiera las manos atrás, y que mirara hacia los demás, hacia
adelante. La mirada de todos se dirigía a mis piernas cruzadas y a mi vestido
algo levantado, que dejaba ver parte de mi liguero.



De pronto sentí algo húmedo y caliente en mi mejilla derecha.
Yo giré la cabeza para alcanzarla con mi boca, pero él se retiró gritándome que
siga mirando hacia adelante. No bien giré sumisamente, ya tenía en mi otra
mejilla esa misma humedad que anunciaba la presencia de unos 25 cms. de
masculinidad potente y amenazante. "No te muevas", me dijo. Y fue acercándose
hasta casi llegar a mis labios. Me moría de ganas de tener eso en mi boca, pero
él no me dejaba.



Continuó dibujando mi cara con su verga, y a su paso me
dejaba el rastro de sus jugos.



Cuando la puso sobre mis labios, yo abrí mi boca lentamente
dejando pasar la punta hacia mi interior. Fue una penetración oral, porque mi
boca alcanzaba con las justas para el diámetro descomunal de su pinga.



Con mi boca toda abierta, él se fue balanceando metiéndola y
sacándola, mojándome toda la boca y lubricándomela. Luego se quedó quieto. Fui
yo entonces quien empezó a moverse, pero él me dijo que no lo hiciera, que aún
no quería eyacular, pues quería metérmela por el culo.



No medí bien las consecuencias (y por supuesto, tampoco las
dimensiones de su miembro), porque acepté gustosa de inmediato.



Su primer avance fue una prueba de fuego. No era virgen, pues
en mis noches de mujer solitaria en mi casa, ya me había metido varias cosas por
el culo. Sin embargo, esa primera embestida me hizo gritar. Tomada de las
caderas, como a una perra, Javier empezó su paseo por mi conducto anal con un
intento breve, pero violento. Sentí nuevamente dolor, y sentí alivio cuando
deslizó su pene por la puertita de mis entrañas, lubricándolo. Me sentí bien
mojada y me animé a pedirle que ingresara ya a mi mundo interior, que estaba
lista, apta, preparada para cualquier cosa.



La primera barrera ya había sido vencida. Su cabeza estaba ya
dentro de mí, con comodidad. La puerta de mi culo estaba mojadísima, alojando a
un huésped muy querido y deseado.



El segundo avance fue muy difícil. A pesar de que yo sentía
adentro cómo sus juguitos brotaban para ayudarme a soportar mejor sus
embestidas, el dolor era bien fuerte, aunque también era delicioso. Comencé a
gritar que me dolía mucho.



--Me duele!, me duele!... pero me gusta!!!!



--No me digas eso que me alocas -- me dijo Javier.



Y acompañó a sus palabras con una embestida brutal que quebró
cualquier final resistencia.



Él era ya poseedor de mis entrañas. Entraba y salía como en
su casa. Mi culito, dilatado, latía cuando él retiraba toda su interminable
longitud. Debo confesar que esa parte de la penetración anal tiene un gustito
especial. Todo él se va retirando y una siente la fricción de otra manera, como
cuando nos sentamos a defecar (disculpen la vulgaridad), pero con la diferencia
que nosotras no controlamos esa retirada. Es como si él decidiera por nosotras.




Yo la tenía toda adentro destrozándome cada centímetro
conquistado, cuando entró el profesor y...



..reclamó su parte!!.



Javier me la metía por el culo y el profe me penetraba por la
boca. Los dos estaban tan sincronizados, que sus movimientos resultaban
elegantes y el sentirme poseída me estaba siendo muy cómodo. Javier eyaculó
primero dejándome más húmeda por dentro. Pero eso no impidió que yo siguiera con
toda su torre adentro. La dejó allí, rígida y quieta, en toda su extensión,
explorando serenamente mi interior.



Yo estaba sentada sobre Javier, y tenía que agacharme para
alcanzar la verga del profe. Cuando eyaculó, lo hizo con la verga adentro, y
lanzó un chorro que me hizo atorar y toser hasta escupir toda su leche hacia su
miembro, el cual mamé hasta dejarlo seco, flácido y exhausto.



Sábado



Me despierto boca abajo. Mi pene, perdón, mi clítoris se
frota con la cama. Levanto luego mi culito. Soy una mujer

ttika

miércoles, 11 de agosto de 2010

Ustedes dirán

Las mujeres son seres sumamente sensibles y se enamoran con facilidad, entregan su corazón y su cuerpo con el único interés de sentirse amadas. Pero cuando se sienten encerradas en una relación sin amor, sin pasión, sin deseo, optan por ser infieles.
La falta de atención de la pareja, el trato como un mueble más de la casa, el machismo, la poca o ninguna satisfacción sexual, son unas de las muchas causas por las cuales las mujeres son infieles. Es decir el hombre es el único culpable de que las mujeres busquen en otro lado o de otra manera la satisfacción sexual y amorosa, como por ejemplo; la utilización de objetos sexuales, el cambio del apetito sexual, las relaciones con personas de la familia.

La gran mayoría de los hombres piensan que las mujeres solo necesitan una casa bonita, un apellido prestigioso, una vida cuadrícula, sin emociones, sin buen sexo, sin locuras; se sienten los dueños del mundo al pensar que lo controlan todo, son machistas, egoístas, agresivos. Y esto no solo ocurre en los matrimonios que llevan muchos años de convivencia, sino también por diferencias de edades, por la poca comunicación, por el estrés del trabajo.

No es lo mismo tener relaciones con un hombre mayor; que en ocasiones solo desea compañía y nada de acción, que tenerlas con un hombre joven; con la capacidad de satisfacerla. Para concluir, quisiera agregar que la infidelidad no es un problema, sino una dura situación que es posible evitar si tanto el hombre como la mujer.

Antonio y ....

Mi esposo se llama Antonio y proviene de una familia muy conservadora en todos los
aspectos. Por mi parte, provengo de otra familia tan o más conservadora que la de Antonio,pero con la diferencia de que estudié en un internado suizo para señoritas. Posteriormente mis años de universidad, los viví "sola" en ciudades como París,Roma, New York, San Juan, y desde luego Madrid.
Antonio tiene viviendo conmigo, como cinco años. Nos casamos oficialmente hace tres, con velo y corona, como a criterio de mi esposo y de nuestras familias debía ser. De haber sido por mí, hubiéramos continuado como estábamos, pero debido a la insistencia de Antonio y de nuestras familias accedí a ello. Tras estar viviendo cinco años con él, un día me levanté cansada de hacer siempre lo mismo en la cama. Eso se lo comenté a mi terapeuta, y ella me recomendó, que procurara hablar con mi esposo sobre esa situación, y así lo hice. Debido a la conservadora educación que recibió, la respuesta de mi esposo fue negativa. La terapeuta, me orientó a que usara la imaginación o fantasía en principio, mientras yo debía de ir tratando de convencer a mi esposo.

Al principio me costó algo de trabajo, pero al cabo de unos cuantos meses. Era toda una experta, a tal grado que me acostumbré a fantasear a diario. Observaba una situación, la que fuera, y partía de ella para imaginarme una historia, en la mayoría de las ocasiones, era totalmente mental, al principio. Posteriormente mientras visualizada mentalmente una situación, mis manos, discretamente me las metía de bajo de la falda y me auto satisfacía. En cierta ocasión mi esposo se dio cuenta de ello. De que yo mientras me encontraba viendo una novela. Me imaginaba que era la protagonista, y que el galán de la novela, se revolcaba conmigo en medio de mi sala, frente a la asombrada mirada de mi esposo y nuestras respectivas familias. Claro ésta que él, no podía ver las imágenes que yo tenía en mi mente, pero si vio con lujo de detalles como yo me encontraba, sentada en el sofá, con las piernas
abiertas y sin bragas, acariciando por dentro mi concha.
En otra oportunidad, nos encontrábamos en una cena de negocios, en la casa de su socio,cuando mi atención se fijó en un lienzo que representaba, una escena campestre, de unas dos parejas, como en un día de campo, en el cual las mujeres posaban desnudas. Mi imaginación, me llevó a ser la tercera mujer sin ropa, a la cual, mientras las chicas me acariciaban, los tipos me follaban. Una de mis manos la tenía en mis senos, mientras con la otra me deleitaba, dándome entre mis piernas. Antonio me cortó la inspiración de ese tan grato momento. Al llegar a casa me comenzó hacer preguntas, las cuales yo le fui respondiendo según consideré conveniente.
Para quitarme esa fea e insana afición (según él dijo, en ese momento), Antonio me propuso un acuerdo, el cual consistía en que iba a realizar cualquier cosa que yo le pidiese en el ámbito sexual, con la condición de que no volviese a tener fantasías y a practicar esa indecorosa conducta nuevamente. Al principio yo solo me limité a pedirle que me acariciara los senos, y mis muslos, cosa que para ser tan sencilla a Antonio le costaba algo de trabajo.
Al cabo de una semanas ya se había hecho un experto, y su imaginación fue aportando
nuevas formas de acariciarme, pero no de satisfacerme del todo. Por ejemplo, en una
oportunidad me acostó en la cama, boca abajo. Me encontraba desnuda sin nada de ropa,
mientras que él vestido con chaqueta y corbata. Pasaba las yemas de sus dedos, por todo mi cuerpo. Una vez que terminó, me fue echando finas líneas de miel por casi todo la parte posterior de mi cuerpo, tras lo cual con su lengua me fue quitando la miel, pero ni por equivocación pasó su lengua por mi coño o mi culo. En esa ocasión me quedé dormida, de lo bien que me sentía.

Posteriormente yo le pedí que me besara mi concha, Antonio al principio puso algo de
reparos, pero al final lo convencí de ello, pero solo me la besó por fuera. En otra ocasión le solicité que me dejará besarle su pene, y a pesar de lo avergonzado que se encontraba me lo permitió. Y así, de esa manera sucesivamente fui ganando terreno. Nuestras relaciones, hasta ese entonces fueron de los más normales, yo me acostaba boca arriba y el se colocaba sobre mí, me lo introducía, yo medio me movía y él se corría, y punto. Luego que llegamos al acuerdo, las cosas fueron cambiando, debido a mis solicitudes. Me recuerdo cuando le pedí que me lo metiera en mi coño pero por detrás, su cara de asombro, era de lo más graciosa, pero al fin lo hicimos de una forma distinta. De pasó, yo siempre buscó literatura relacionada con lo sexual, ya sea para orientarme, o para copiar alguna posición.
Poco a poco fui llevando a Antonio por un mundo nuevo, de nuevas experiencias sexuales.
Hasta que al fin logré, que me mamara la raja, y me diera por el culo como a una perra. Al año del acuerdo, ya no necesitaba solicitarle las cosas que yo quería que me hiciese. Pero como todo lo bueno dura poco, comencé por aburrirme. Aunque Antonio en algunas ocasiones me sorprendía, como la vez que me trajo un consolador de color negro, y me lo empujó por mi coño, mientras me daba por el culo. Después le dio por traer películas a casa, al principio eran de parejas de hombre y mujer, pero luego trajo películas de mujeres con mujeres, mujeres con animales, y hasta de hombres con hombres, las cuales me llamaban mucho la atención.
Pero un día trajo, una película de dos mujeres y un hombre, y yo le pedí que se buscara a una golfa, para que compartiera la cama con nosotros. Yo lo dije en broma, y el se cabreó conmigo, me dijo de todo, hasta que me molesté, y le recordé el acuerdo. Antonio podrá haber sido un poco quedado y pusilánime, en las cosas del sexo. Pero cuando da su palabra la cumple, por lo que esa misma noche, se montó en su coche, y regresó con una tipa. Ella era algo mucho más joven que yo, y se hacía llamar "La Niña" debido a su porte casi infantil.
Al principio los tres nos encontrábamos algo cortados, por lo que decidí servir una ronda de brandy, y poner la película, no habían pasado ni quince minutos, cuando ya los tres nos comenzamos a quitar la ropa, mientras mirábamos la película, en la cual una rubia acudía con su marido que era un negro, a una consulta con una terapeuta sexual, que era una joven asiática. Mientras eran observados por la asiática, con bata de doctora, la pareja mantenía un encuentro sexual, al cual se sumaba la doctora posteriormente. No sin antes haberse metido la mano bajo la bata, y haberse puesto a jugar con su coño.
Serví otra ronda de brandy, y dije yo soy la doctora, y ustedes la pareja, así que a follar.
Debido a la forma de ser de Antonio, su verga no se encontraba en condiciones de ser usada, por lo que Niña posó su boca en la verga de él. En cosa de segundos, se armó Antonio, es verdad que no era como la del negro, pero ahí se encontraba, que es lo importante.

Por un buen rato la Niña y Antonio se magrearon, mientras que yo los observaba atenta, y mis dedos comenzaron a jugar con los bellos de mi coño, y a cada momento avanzaban más y más adentro de mí. Ya mi raja se encontraba toda húmeda por dentro, en eso vi como la verga de Antonio se iba introduciendo en el coño de Niña, y como ella lo disfrutaba, y lo demostraba moviendo sus caderas con fuerza. Yo que me encontraba bien excitada, me sumé a la pareja, colocando mi coño en la boca de Niña y mi culo en la de Antonio. Luego comenzamos a cambiar de posiciones. En una mi raja y la de Niña se encontraban pegadas, una contra la otra, nuestras piernas abiertas se encajaban entre sí. Al tiempo que Antonio, me hacía que se lo mamase, y luego para sorpresa mía me puso su hueco a la altura de mi boca para que con mi lengua se lo acariciara. Llegó el momento en que perdí la cuenta de los orgasmos que yo
había alcanzado, solo sé que al final cuando Antonio se corría sobre Niña, yo le pasaba mi lengua por su coño.
Niña nos siguió visitando de cuando en cuando, y en una oportunidad se presentó
acompañada, de una amiga, desde luego que Antonio y yo disfrutábamos de esos encuentros.
En esa ocasión fuimos tres mujeres contra él, a un mismo tiempo, a Niña la tenía por el culo, a la otra con su boca en su concha, y a mí me hacia vibrar con su mano dentro de mi coño.
Nuestras orgías privadas, por lo general eran los fines de semana. En cierta ocasión, por ser mi cumpleaños, Antonio trajo una película de una mujer que supuestamente era violada por cinco hombres a la vez. Un hombre por cada hueco disponible, y los dos restantes, con sus manos. Antonio al ver mi rostro, de inmediato dijo que no. Que cabrón no era. Ese día llegó Niña sola, y al enterarse de que yo cumplía años, preguntó si podía traer a una amiga, como un regalo de cumpleaños muy especial. Antonio aceptó de inmediato, y yo algo desilusionada por la actitud de él, acepté a regañadientes. Niña salió y regresó al rato con
Fabiola, una mulata de casi un metro ochenta de alto. Delgada, con una sedosa cabellera rubia, usando una mini falda, que nada más de respirar, dejaba ver la tersa piel de sus nalgas, sus senos eran grandes, pero firmes, los cuales apenas se ocultaban detrás de la blusa transparente que usaba, sus ojos eran de color miel y su voz más aguda que la de Niña o la mía. Antonio al verla quedó extasiado. Pero Niña, le recordó que Fabiola era su regalo de cumpleaños para mí.
Como de costumbre, se sirvieron bebidas, me cantaron el feliz cumpleaños, partimos el
pastel y me entregaron los regalos. Antonio me había comprado un set del cual yo me había enamorado, en cuero, el cual me probé de inmediato, quedándome monísimo. Por su parte Niña tomó la mano de Fabiola y la colocó entre las mías diciendo, que conste que es por tu cumpleaños que te presentó a Fabiola. Al decir eso me guiñó un ojo y pegó sus nalgas a Antonio, para luego continuar diciendo, comiencen ustedes que luego Antonio y yo las alcanzamos. Yo coloqué la mano de Fabiola sobre mi hombro y me encaminé a mi dormitorio. Tenía la sensación de que lo íbamos a pasar de lo mejor. Fabiola y yo nos entregamos a un largo beso sobre la cama, mientras las dos nos quitábamos parte de nuestra ropa, nos acariciábamos mutuamente, cuando ella dirigió los prominentes labios de su boca a mi coño, el cual ese día mi marido me lo había depilado por ser mi cumpleaños. Su lengua penetró hasta mi clítoris y lo chupó con gran maestría por un largo rato, yo estaba que no aguantaba más.

Me encontraba a punto de desmayarme, de lo feliz que me encontraba, tomé su cara y con mis labios busqué la boca de mi regalo de cumpleaños, luego me dediqué a
besar y a chupar sus bien formados senos, sentí que Fabiola se quitaba el resto de su ropa.
Cuando de momento. Sorpresa!! Sentí que una gran verga descomunal entraba por mi
vagina, yo con cara de asombro me le quedé viendo a los ojos a Fabiola ella se sonrió, mostrándome su blanca dentadura. En ese momento, un sin fin de sentimientos se volcaron sobre mi cabeza. Primero lo disfrutaba, pero me atormentaba lo que haría Antonio cuando entrase por la puerta, y viera que Fabiola me viola... Y después de lo que él había dicho.
Mi corazón casi se paraliza cuando la puerta se abrió. Primero entró Niña, con una cámara de video en mano, completamente sin ropas. Su mirada era sin expresión alguna, yo iba a decir algo cuando un dedo de Fabiola se posó en mis labios, y detrás de su boca. Antonio entró a la habitación desde mi posición apenas y podía verlo sabía que se encontraba desnudo la habitación, desde mi posición apenas y podía verlo, sabía que se encontraba desnudo.

Colocó sus manos sobre las nalgas de Fabiola, y la o lo penetró de golpe. Para mi era
impresionante ver que me estuvieran dando por el coño un quien sabe que cosa, y que mi marido se la o se lo clavara a su vez por el culo a esa persona. Al ver el rostro de satisfacción de Antonio comprendí, que ese arrebató que le dio cuando mirábamos la película solo fue una farsa, muy bien montada, al rato los cuatro cambiamos de posición en varias oportunidades. Hasta que ellos descargaron su ración de leche sobre nosotras, luego nos fuimos a la sala a ver el video, que me habían tomado. Mi cara era una mezcla de pánico, terror, confusión y alegría. Luego me explicaron que la Fabiola era un famoso transvestido, amigo de Niña, a la cual mi esposo le pidió que buscara para gastarme una broma.
El detalle es que Antonio, al terminar con nosotras, tomó la mano de Fabiola y se lo llevó al cuarto. Momentos después Niña yo entramos con cámara en mano. Sorpresa, Fabiola le daba por el culo a mi Antonio. Por su expresión claramente se veía que le gustaba, al principio me quedé paralizada. La voz de mi marido me sacó de mi estupor, me decía, Eli colócate de bajo de mí para disfrutarlo entre los dos. Temporalmente los dos se separaron, fue impresionante el ver como la kilométrica verga de Fabiola, salía del culo de Antonio. Mientras tanto Niña grababa todo con la cámara de video. Yo me acosté boca arriba, después de que Antonio me lamió el coño, me empaló, para luego sentir y ver como Fabiola lo empalaba a él. Era como la escena de la vieja película francesa Enmanuel... Desde esa fecha, no hemos vuelto a ver a
Fabiola. Pero en ciertas ocasiones, uso una verga de plástico, y le doy a Antonio por donde yo se que le gusta.