Una noche, me encontraba estudiando para un parcial que tenía al día siguiente. Había entrado en mi cuarto, prendí el reproductor de CD y me recosté en la cama con el libro de Cálculo. Llevaba más de dos horas estudiando y eran más de las 9:30 P.M. cuando tomé un descanso para ir a comer algo. Al pasar por el cuarto de Claudia, escuché voces que conversaban, voces de mujer. No le presté atención, me dirijí a la cocina, comí algo y me volví al cuarto.

Me sorprendió bastante no volver a escuchar ninguna voz. No había visto salir a nadie del apartamento. Pensé que podía estar en el baño. Verifiqué que la puerta del baño estaba abierta y la luz apagada. Pegué la oreja a la puerta esperando oír algo. Alcancé a escuchar un leve gemido procedente del cuarto de Claudia. Me excité de sólo pensar qué podría estar haciendo y se me puso tiesa la polla. La toqué por encima del jean (tal y como estoy haciendo ahora al recordar). Llevado por la curiosidad, abrí sigilosamente la puerta.
Claudia estaba de espaldas, mostrándole su culito a su amiga mientras ella le introducia los dedos por la vagina y la lengua por el ano. Tanto Claudia como su amiga estaban muy bien, tenían unos senos bien redonditos y un trasero inigualable. Seguí mirando durante unos minutos hasta que tuvieron un orgasmo y la amiga de Claudia (más tarde me vine a enterar que se llamaba Andrea) le dijo que tenía que irse.
Fuí a mi cuarto para tratar de retomar el estudio, pero me era imposible concentrarme. Cinco minutos después escuché la puerta del apartamento cerrarse y Claudia ir al baño. La ducha se abrió y yo sentía que la polla me iba a estallar. Esperé a que Claudia desocupara el baño para entrar y pajearme. Cuando sentí que el agua no caía más, me dirijí a la puerta y, calculando un minuto, la abrí y salí al hall. Claudia llevaba la toalla atada al rededor de su bien formado cuerpo. Se sorprendío al verme.

- ¿Tu estabas aquí? -me preguntó. - Estaba estudiando. Tengo parcial mañana -le respondí. - ¿Desde qué hora estás aquí? -me preguntó, como si temiera algo. - Bueno, mira..., yo ví lo que hacías con tu amiga, pero fresca, yo no le voy a decir a nadie..., no te preocupes -le dije.
Ella se calmó un poco. Notó que mi pene estaba erecto y que tenía urgencia de ir al baño. Me agradeció que no dijera nada pues si sus padres se enteraban la harían volver a la ciudad de donde ella era. Yo le reiteré que no diría nada y que no se precupara. Ella entró a su cuarto y yo al baño. Entré y pasé el seguro. El baño olía todo a su perfume, eso me excitó más. Me masturbé fantaseando que ella era quien masajeaba mi pene, y que se lo introducía todo en su culito.
Pasaron algunas semanas sin que se dijera nada del tema. Yo había olvidado casi por completo el asunto. Una noche, en el apartamento, estaba yo solo. Mis compañeros y Claudia habían salido a rumbiar. Me estaba poniendo cómodo cuando timbró la puerta. Me pregunté quién podía ser a esa hora pues eran más de las 9. Abrí la puerta y allí estaba Andrea. Me sorprendió bastante verla a esa hora.
- Hola, ¿está Claudia?-me preguntó. - No, salió. Lo más probable es que se demore. - Bueno, si puedo esperarla..., quedamos en que yo viniera aquí a las nueve y media para estudiar un rato. - OK.
Empezamos a charlar y, al cabo de una media hora, salió el tema del sexo. Creo que fue mi impresión pero ella trataba de insinuarme que era virgen y que deseaba iniciarse. Me preguntó si yo había tenido alguna experiencia sexual anteriormente. En son de burla le dije "¿solo o con compañia?". Reímos un rato hasta que, sorpresivamente, mi pene se levantó y ella estiró su mano y me lo masajeó por encima del jean.
- ¿Te molesta? -me dijo. - No, para nada.
Sacó mi pene del jean, se arrodilló y empezó a mamármelo. Primero jugaba con mi glande y, de pronto, se la metió de tajo, toda. Es la mejor sensación que yo haya experimentado jamás y Andrea era una profesional en eso. Cuando ya iba a eyacular, dejó de mamar y, con la mano, me hizo la paja más deliciosa que haya podido recibir.
En ese momento me preguntaba si Claudia no le había contado que yo las había visto hacía algunas semanas y estaba tratando, por el mejor de los métodos, de que no dijera nada. Cuando las primeras gotas de semen salían, introdujo mi polla en su boca y me vine en ella.
Se levantó y se fue quitando su blusa, luego la camiseta para, por último, dejar al descubierto sus hermosos y redonditos senos sostenidos solamente por el brasier. Se despojó de sus jeans y, quedando en paños menores, estaba a toda mi disposición. Le acerqué mis manos a sus caderas y la atraje hacia mí. Para ese momento mi polla estaba recuperando su tamaño, estaba caliente.

Su vientre quedó a la altura de mi cara y la besé, al comienzo algo lento, pero luego locamente. Ella emitió un pequeño gemido. Lentamente, me fue quitando la camisa mientras yo me deshacía de los pantalones. Terminé de desnudarla con la boca, completamente desnuda, y se veía más hermosa que con ropa. Noté que tenía su coño depilado, y me excitó ver sus labios vaginales mojaditos. Le dije que se sentara. Se recostó en el sofá y, lentamente, le introduje primero dos dedos y luego la lengua. Jugaba con su clítoris y cada segundo lanzaba unos excitantes gemidos. Llegó a su primer orgasmo.
Justo cuando Andrea llegaba a su primer orgasmo de la noche (esa noche tuvimos como cinco), Claudia entró al apartamento. No nos fijamos en ella hasta que se acercó silenciosamente al equipo y cambió la música. Yo me sobresalté al ver a Claudia.
- Qué divertido,¿ no? ¿Me invitan a participar? -dijo Claudia con tono de burla.

Andrea se paró y le dio un beso a Claudia en la boca, lo cual me excitó tremendamente. Mientras Claudia se desnudaba, Andrea le masajeaba el coño. Se acercó a mí y me acarició el pene. Andrea me dijo que quería que penetrara a Claudia mientras Claudia se lo mamaba a ella. Andrea se acostó en el piso y Claudia acercó su cara al coño de Andrea, mientras yo la penetraba por la vulva y le introducía un dedo por el ano. Andrea emitió un grito fuerte, lo que me sobresaltó, y le dije que debíamos producir el mínimo de ruidos o los vecinos sospecharían.
Yo me movía primero despacio y después rápido. De pronto, paré y busqué con mis manos los senos de Claudia. Jugeteé un rato con sus pezones. Andrea llegó al orgasmo y se separó de Claudia. Se acercó a mi y me dijo que penetrara a Claudia por el ano, que a ella le gustaba. Saqué mi pene de su vulva y, con los dedos, fui separando sus nalgas y, lentamente, le metí la punta del pene. Ella empezó a gritar y Andrea rapidamente le tapó la boca.
Viendo que Claudia tenía la boca tapada y que difícilmente podía gritar, le introduje mi pene de una. Unas lágrimas le rodaron por las mejillas. Eso me excitó soberanamente. Cuando Claudia llegó al orgasmo, se levantó y me dijo que quería mamármelo. Me senté en el piso y ella se echó enfrente mío y, de tajo, se lo metió en la boca. Yo sentía que me venía y, como si Claudia lo supiese sin yo decírselo, se paraba y, con la mano, presionaba debajo del glande. Mientras, Andrea se sentó encima de Claudia y se masturbó en frente mío.

Tras unos diez minutos en eso, le dije que quería hacerme una cubana. Me miró algo sorprendida y me dijo "Vamos, nene, estoy toda a tu disposición". Se echó en el piso, tomé sus senos y metí mi pene entre ellos. Andrea llegó a otro orgasmo, se acercó a Claudia y, sin decirle nada, le puso su coño en la boca. Claudia mamaba el coñito de Andrea y, con la otra mano, se masturbaba. Llegamos los tres al tiempo al más delicioso orgasmo que hallamos podido tener. Yo me corrí en los pechos de Claudia y Andrea lamió mi semen con morbo de los pechos de Claudia.
Finalizamos más o menos como a la una de la madrugada y mis compañeros no habían llegado todavía. Al final, Andrea se quedó a dormir en el cuarto de Claudia (no sé si harían algo) y yo me fuí a dormir. De vez en cuando nos reunimos para hablar sin tema fijo, y de aquella noche no hablamos nunca.




Hasta sus amigas se lo decían siempre. Esto hizo que ella se imaginara cosas y siempre dijera que le gustaría probar cuanto antes. Reconozco que yo la tocaba siempre que podía, notando mi corazón acelerarse y un calor exagerado. Estaba encoñada de esa criatura, en serio. Sus pechitos pequeños y redonditos, su culito prieto y a la justa medida de mis gustos, su cara virginal, pelo algo largo, rubito, ojos verdes rasgados... De miedo. El caso es que un día salimos a cenar todos juntos, pues tuvimos avería en la pizzería y cerramos. Tras la cena nos fuimos a un pub y charlamos en grupos o de dos en dos. Somos en total 9 personas. En una de las veces, quedamos hablando la niña y yo. Sacó el tema del sexo y de la pérdida ansiada de su virginidad. Entre risas causado por el alcohol, le dije que no se precipitara, que por querer hacerlo cuanto antes se la llevaría cualquier asqueroso de esos que sólo van a lo suyo y le haría daño sin dejarla disfrutar. Busca a alguien que sea sensible, que sea limpio de cuerpo y alma, alguien de quien te puedas enamorar, le dije. Ella respondió con pesadumbre, indicando al mencionado chico con la cabeza:
Si quisiera él... Ya, contesté yo, pero a él le gusto yo y no tú. Lo siento. Pero te lo regalo, porque, no sé si lo sabes, pero no me gustan los hombres. Su cara fue un poema, pero no se molestó y siguió hablando y riendo conmigo. Los días transcurrieron sin pena ni gloria y dos meses después nos dijo que iba a ser su cumpleaños en una semana y que nos invitaba después del trabajo a tomar algo en una disco. Cuando salimos esa noche, me presté para llevarla a casa en mi coche y aceptó. Yo fui todo el camino mirándola de reojo y en un par de ocasiones noté cómo ella me miraba a mí. Yo pensaba que era por el flash que se llevó con mi declaración de homosexualidad, pero no le di importancia. Cuando llegamos a su portal, paré y le pedí que me dijera que regalo quería para su cumpleaños, pues desconozco sus gustos. Rápidamente lanzó un "tu regalo serás tú misma". La miré alucinada, extrañada, sorprendida y muy muy feliz. Al ver mi sorpresa, me dijo: Ya se que las lesbianas lo haces con consoladores que piensas con un cinturón, quiero que lo hagas tu con uno de esos. Asentí con la cabeza y le dije que ya hablaríamos sobre el tema y me fui. Mi sonrisa era de oreja a oreja en el camino a casa.
Toda esa semana estuve planeando cómo hacerlo. Dos días antes de la celebración, recogiendo en el local, tanto el chico, como ella o yo, nos percatamos mirándonos unos a otros. Se me encendió la luz y decidí hablar con él. Y así lo hice. Le propuse un trío con ella, sabiendo que no le atraía mucho la niña. Alegué que él podría estar conmigo y no lo pensó más, aceptando al momento. Y llegó el gran día. Salimos de trabajar, nos fuimos a duchar y nos reunimos en la disco. Nosotras dos estuvimos poco tiempo. Le di una llave de mi casa al chico y nos fuimos ella y yo. Llegamos a casa. La vi nerviosa. No sé si por la situación de estar a punto de hacer el amor con una chica o porque iba a dejar de una vez de ser virgen. Comencé a besarla suavemente en la cara, en los labios, en el cuello... Se tiró a mi boca y me morreó como si fuera su amor de toda la vida. La llevé a mi cuarto y la tumbé en la cama boca abajo. Le quité la blusa y besé y lamí su espalda. La giré y besé y lamí su torso. La giré y le quité el sujetador, lamiendo todo de nuevo. Comiéndole y besándole las piernas y el resto. La giré e hice lo mismo por delante. A cada prenda que le quitaba, besaba mordía o lamía la parte descubierta y el resto, primero por detrás y luego por delante.
De ese modo, acabó desnuda y con su chochito ante mí, para que yo se lo comiera como nunca nadie repetirá, estoy segura. Llegó al orgasmo en pocos minutos, pero no me detuve, por supuesto. Le metí un dedo con cuidado de no romper nada aun, mientras chupaba su clítoris, tan jugoso con todo mojadito alrededor. Se desasía y retorcía gimiendo sin articular palabra. Le rebocé todo el cuerpo con la lengua, los labios, los dientes y se moría de placer. Otro orgasmo. Con un grito me pidió: Rómpeme ya el virgo por favor!! Saca ese aparato y métemelo hasta el fondo!! Entonces di paso a la segunda fase de mi plan. Le dije que lo haría, pero no todavía, que era mejor hacer una cosa que daba mucho morbo y ponía a 1000 por hora a cualquier persona. Naturalmente aceptó. Saque de la mesita de noche unos pañuelos negros y le até las muñecas y los tobillos a la cama con 4 de ellos. Con el que me quedaba, le vendé los ojos. Prepárate que vas a morir de placer; esto será el mejor polvo que tengas jamás, le anuncie. Entonces le acaricie todo el cuerpo muy suavemente, casi sin tocarla. Se estremecía y gemía. Follameeeeeee!!!!, repetía la pobre. Todavía no, le dije.
Antes me voy a masturbar y así te calmas, que llevas ya unos cuantos orgasmos y puede ser malo. Me hizo caso, pues no sabe mucho del tema. La dejé para que se relajara, dando paso al tercero que nos faltaba, que llevaba mirando un buen rato escondido. Me abrí de piernas y él comenzó a chuparme el chochete. Estaba encantado el hombre. Me comió la almeja y todo lo que se come. Lo cierto es que yo disfrutaba mucho, para qué negarlo. Cuando tuve mis correspondientes orgasmos, le dije a la niña que era el momento, que me iba a poner el dildo, pero antes le mojaría de nuevo la vagina. Lo que quieras!!, gritó. Me puse a ello, mientras el chico me lo comía a mí, luego me subí un poco y le pedí a ella que chupara el consolador, lo que empezó a hacer sin mucha habilidad, pero daba lo mismo, era un aparato sin sensibilidad. Le comí las tetitas de nuevo y me retiré. Ahora va el desvirgamiento, le anuncié. Venga, dijo ella. La desaté, pero no le quité la venda.
Lo que sí hice fue atarle de nuevo una mano a la otra, para que no pudiera tocar su sorpresa, su auténtico regalo de cumpleaños. La atraje hasta casi el borde de la cama y estando yo de rodillas empecé a frotarle el coñito con el dildo, mientras el chico me la metía a mí. Después de un ratito así y ciento que ella estaba desesperada por tener algo dentro, me retiré y la arrastré hasta el mismo borde de la cama. El chico, en pie, empezó a introducir su buen nabo en el chochito de mi niña. La excitación y su falta de práctica no la dejaron notar que el pene era de verdad y más gordo y las manos de un hombre. Poco a poco fue frotando sus labios con la verga, luego empujó con la puntita, luego la sacó y frotó de nuevo. Finalmente, se la metió entera en tres embistes acertados. Ni se quejó mi reina.
El chico se la folló como mandan los cánones. Cuando se iba a correr, la sacó y se abalanzó sobre ella, poniendo la polla cerca de su boca. Yo ayudé, diciendo a la niña que chupara el consolador. Lo hizo. Y el se corrió dentro de su boca. Le dio una pequeña arcada, pero siguió chupando; estaba muy caliente. Chupó hasta dejar seco aquel "consolador". Antes que reaccionara, la cogí deprisa y la até de nuevo, mientras se relamía. Me dijo: Jolin no se como será la leche de un tío, pero la que trae este cacharro esta buenísima! Me reí y él tuvo que aguantar la carcajada. Pedí a la niña que se relajara, para penetrarla otra vez, ahora que ya no había obstáculos. Aceptó. Entonces me tumbé en la alfombra y me abrí de piernas.
Tenía que recompensar al chico, por su amabilidad y porque me deseaba de veras. Primero me comió el coño, lo lubricó y me folló un ratito, luego me giré y me lamió el ano, para meter todo su cacharro hasta el fondo. Lo único que no hago es chupársela a un tío, pero sí que deje que se corriera en mi pecho con una cubana. Luego me puse el dildo y me folle de nuevo a la niña, mientras él me mordía el culo y me sobaba las tetas. Y el chaval era cumplidor, porque, y ahora viene el final, desatamos a la niña, le quitamos la venda y... lloró como una bendita, mi vida, cuando vio a su amado. Él estaba como un toro de nuevo y, como he dicho, cumplió otra vez, ensartando a la niña y acabando dentro de ella. Cuando la sacó, ella chupó de nuevo, notando que el sabor era el mismo Lo repetimos a menudo, ya con los ojos abiertos los 3 y hasta se la mamamos entre las dos al chico.
Cuando terminé con ella, intercambiamos posiciones y ella me empezó a comer el coño, mmmm, todavía recuerdo esas primeras lengüetadas, qué gusto, me lo estaban comiendo como nunca, estaba muy excitada y me vine pronto también. Esa noche no seguimos, ya que la noche anterior no habíamos dormido y queríamos descansar algo. Al día siguiente estuvimos hablando de lo que había ocurrido la noche anterior y se nos ocurrió que podíamos meter a algún tío en nuestra habitación. Conociéndolos bien, seguro que no rechazaban la propuesta. Esa noche no pudo ser, ya que mucha gente no durmió y habría sido muy arriesgado meter a alguien y que nos descubrieran. Pero, el día siguiente las dos sabíamos que todo el mundo iba a estar cansado e iba a dormir, excepto nosotras... Ese día nos fuimos en el autobús para Florencia y quedamos en elegir bien al tío, pero en una parada se nos ocurrió una idea mucho mejor, meternos a jugar a las cartas a la habitación de unos tíos y montar una orgía. Esa idea nos excitó muchísimo y nadie nos la podría haber quitado de la cabeza. Al llegar al hotel quedamos con los tres tíos de la habitación de enfrente para ir a su habitación a las 2:30 de la mañana.
No nos acostamos tarde ese día, eso era un punto a nuestro favor, ya que nos aseguraríamos de que nadie estuviera despierto. Al llegar las dos y media fuimos a su habitación, los tres tíos se llamaban Javi, Carlos y Adrián, y les conocíamos desde bastante tiempo. Juntamos las camas sin hacer mucho ruido y empezamos a jugar a las cartas. Habíamos quedado en pedirles jugar al Strip Poker, pero nos tendrían que enseñar ya que ninguna sabía. Se lo propusimos y ellos, encantados, nos intentaron explicar, pero pensamos que seria mucho más fácil repartir las cartas y que la carta más baja pagara prenda. No teníamos más que el pijama y la ropa interior, así que pronto nos fuimos quedando sin prendas. Sara fue la primera en quitarse el sujetador, los tres nos miraban con cara de que aquí se iba a montar algo gordo, por ahora nos estaba saliendo todo redondo. A los tres ya se les notaba la erección demasiado, aunque intentaban disimularla. La ronda siguiente fue la definitiva, le toco quitarse prenda a Adrián que se quedó en pelota picada, tenía la verga erecta como un palo, ya no podía resistirme más, me acerqué a donde estaba, le agarre la polla y me la metí en la boca y empecé a sobarla, estaba bien caliente y me sabia divina.
Al poco tiempo observé como los otros dos habían cogido a Sara y la empezaban a sobar. Sabía que le quedaba poco a Adrián para correrse, me avisó y saco la polla de mi boca, lo que le salió fue algo espectacular, llego hasta la pared. Entonces me cogí a Javi y me encontré con una verga enorme, esto me excitó tremendamente y me dio un subidón, empecé a hacerle una mamada a su polla grandiosa mientras que Adrián se colocaba y me empezaba a comer el coño, Sara por su parte se divertía con la polla de Carlos. Estaba excitadísima y sabía que me iba a correr en cualquier momento, Javi me avisó que se corría, pero esta vez quería toda su leche para mí, saco la polla y me apunto de cerca a la boca, y una ráfaga de leche inundó mi boca y mi cara, mmmm, nunca me había sabido tan buena. Ya no podía más y me corrí en la cara de Adrián que se lo estaba pasando de lo lindo con mi concha. Solo acabábamos de empezar, me limpié la cara y le dije a Javi que quería que me penetrase, Javi se puso manos a la obra y me la metió lentamente en mi coñito que ya estaba muy bien lubricado, empezó a follarme poco a poco y fue subiendo el ritmo.
Carlos y Sara ya habían terminado y, viéndome a mi, la dio envidia y le dijo que la penetrara a ella también a la vez que se acercó a Adrián y se metio su verga en la boca y empezó a disfrutar por partida doble. A mi me lo estaban haciendo como nunca, cambiamos de postura y me puse encima, empecé a pegar botes, teníamos que tener cuidado de no hacer mucho ruido, aunque estábamos subiendo el tono. Cambiamos de nuevo de posición y me puse a cuatro patas, esa era la posición en la que alcanzamos mayor placer y llegamos al orgasmo casi a la vez. Javi tuvo cuidado de sacar la verga a tiempo para evitar futuros problemas. Este era el momento de cumplir una de mis mayores fantasías, nunca antes me habían cogido por detrás, y deseaba que me follaran por los dos lados a la vez, así que llamé a Adrián y me coloqué encima de Javi, dejando mi agujerito listo para la verga de Adrián, que no era tan grande como la de Javi. Empezó a lubricarme el ano y a meterme los dedos, hasta que mi agujerito se abrió lo suficiente para empezar a gozar. Me la metió poco a poco y empezó a sodomizarme, al principio me hacía daño, se mezclaba con el placer que sentía con la polla de Javi, poco a poco me fue dando más y más placer, le dije a Adrián que se corriera dentro, así lo hizo.
Paramos un momento y observamos a Carlos que había empezado a sodomizarla a ella también, en cuanto terminamos descansamos un poco y quede con Sara en disponer de los tres a la vez para cumplir una gran fantasía, y la prometí que luego ella los tendría a los tres si quería. Me puse encima de Carlos, y le pedí a Javi que era su turno de follarme por detrás, quería sentir su gran verga en mi agujerito que estaba más dilatado. Nos pusimos en posición y pedí a Adrián que me la metiera por la boca, esos fueron los mejores momentos de mi vida, sentía la verga en el ano y parecía que me iba a explotar, duramos un buen rato, pero no me pude contener y allí mismo tuve el orgasmo que más recordaré durante tiempo. Cuando ellos ya no podían más, nos quitamos de esa posición y les pedí que se corrieran en mí, así lo hicieron los tres. Ahora le tocaba disfrutar a Sara. Me fui a lavarme un poco, pero me di prisa porque no me quería perder el espectáculo. A Sarita también le parecía excitante la idea de ser follada por detrás por una gran polla, así que se colocaron y empezó la acción.
Yo intenté ayudar metiéndome en donde podía, Sara debía de esta disfrutando como nunca, seguro. Estuvieron un buen rato así hasta que, agotados, se quitaron y Sara empezó a hacerle una cubana a Javi, mientras los otros dos se preparaban para correrse. El primero fue Javi, los otros dos se acercaron y yo me metí a comerme su concha húmeda y hacerla gozar con el último orgasmo de la noche. Se corrieron los tres a la vez. Allí acabo nuestra triunfal orgía. Quedamos en repetirlo otra noche, pero nos fue imposible porque solo nos quedaban dos y casi nadie durmió. Pero quedamos en repetirlo algún día y no hablar de ello excepto entre nosotros. La verdad es que ahora mismo estoy rompiendo el pacto, aunque a Sara no le importaba que se publicara la historia. Todos los días que nos vemos a solas alguna menciona algo de aquella noche, que será imborrable de nuestras memorias.