"Ohhh ahhhh ummmm", Murmuraba Claudia cuando los enormes chorros del esperma que emanaba del pene de Alejandro caían en su cara, boca y senos, terminaban su jornada sexual diaria, pues esa era la relación que mantenían Claudia y Alejandro, ella era su secretaria y el es un Psico-terapeuta de mujeres con problemas con sus maridos. Claudia pidió el trabajo solo por tener sexo con el, era una chica muy coqueta y caliente, el era bien parecido, guapo, con un pene enorme, que volvía locas a todas las hembras que lo probaba, y era el instrumento principal en las terapias.
Cierto día, una nueva paciente llego al consultorio, Carolina, una mujer de 36 años, muy hermosa, pero triste, pues su marido solo complacía sus placeres y no los de ella, no había magia en su relación, solo sexo en bruto, por lo que no soporto mas y busco ayuda profesional con Alejandro, ya que su amiga Lissa la había recomendado.
- Buenas Tardes, mi nombre es Carolina ..., tengo cita con el doctor. - Buenas Tardes, por favor tome asiento el doctor la recibirá en unos momentos.
Alejandro la recibió, y el primer pensamiento de Carolina fue de lujuria, pues era tan guapo Alejandro que sintió cosquilleos por todo su cuerpo.
- Buenas tardes sra., tome asiento por favor. - Gracias Dr. - A ver, a que se debe su visita, cuéntame - Vera doctor, tengo problemas con mi esposo, el es muy frió conmigo, siempre trato de ser algo apasionada con el, pero el solo se satisface y termina todo, siempre tengo que recurrir a la masturbación y no lo soporto mas. - ¿Lo ha platicado directamente con el?
En ese instante Alejandro se levanto de su asiento y se puso detrás de Carolina, y empezó a hacerle un masaje en sus hombros
- Ohh, este, la verdad nunca he platicado con el, por miedo a su reacción.
El masaje ponía inquieta a Carolina, pero no la molestaba, la verdad disfrutaba sentir las manos de tan bello doctor, sentía claramente como su vagina se empezaba a poner húmeda.
- Doctor que buen masaje - Si gusta podemos comenzar mi terapia especial para solucionar su problema.
Alejandro bajo sus manos hacia los pechos de Carolina por dentro de su blusa y empezó a pellizcar sus erectos pezones, ella empezó a gemir suave y pregunto.
- ¿En que consiste esa terapia? - En hacerle lo que usted necesita, señora.
Alejandro comenzó a besar a Carolina desenfrenadamente, mientras ella de primas a primeras empezó a sacar el pene de Alejandro, que cabe decir que era enorme y estaba bien erecto. Ella empezó a lamer la punta del pene, con gran necesidad, empezó a mamarla desenfrenadamente, estaba descargando sus instintos más bajos. Alejandro comenzó a frotar la vulva de Carolina que estaba bien mojada, los dos gemían de placer, cuando le dijo:
- Ahora viene la parte básica de la terapia.
Alejandro cargo a Carolina y la llevo a un sillón, empezó a estimularle el hoyito del culo, ella sintió algo de incertidumbre, pero no desistió, la idea de ser penetrada por el ano la excitaba aun más.
- Penétrame, penétrame!!
Alejandro lentamente empezó a entrar en el ano de Carolina.
- Soy virgen aun por el ano, pero es suyo doctor, es suyo, aplique su Terapia.
Alejandro penetraba el ano de Carolina en un ritmo acelerado, en lo que ella empezó a gemir de dolor junto con placer.
- Uhhhhhhhhhh ahhhhhhhhh uhhhhhhhhhh jodeme, jodeme - Te solucionare tus problemas, preciosa - Hazme acabar, doctor.
El ritmo de Alejandro se acelero, y era tanto la excitación y el placer, que Carolina empezó a gemir por su enorme orgasmo, gemía de placer, había estallado como nunca, su vagina era una catarata de lo mojada que estaba, Alejandro seguía penetrandole el ano, y ella quería mas.
- Ahhhhhh ahhhhhhh voy a acabar -gemía Alejandro, en lo que saco su miembro del delicioso ano de Carolina, y ella automaticamente lo tomo y Alejandro empezó a chorrearla de semen. - Lo quiero todo, todo, que rico, mi amor!!
Carolina estaba estaba extendiéndose por la cara cada gota del dulce semen de Alejandro.
Fue una consulta de lujuria total.
- Gracias doctor, ha solucionado mi problema, regresare mañana si es posible. - Regrese cuando se le antoje Sra., estoy dispuesto a crear nuevas Terapias para usted.
Y así Carolina resolvió su problema, pero personal, dejo que su marido actuara igual, pero tenia una terapia que la respaldaba. Desde esa vez Carolina se hizo adicta a la Psico-Terapia Anal.
Siempre es apasionante, traer a la memoria, aquellos tiempos de pasión desenfrenada y relatarlos como si se los estuviera viviendo. Eso hará revivir el deseo y sentirse como si nada hubiera cambiado.
viernes, 20 de noviembre de 2009
martes, 17 de noviembre de 2009
Una noche
Cierto dia acudimos a una discoteca, ya de salida
A Nancy se le antojó un muy atractivo aquel chico que andaría por los veinticinco años, de ojos café claros y con un cuerpo que, aún bajo la ropa, se veía que estaba acostumbrado a largas horas de ejercicios físicos. despues de cruzar varias miradas se acerco y se precento.
-Mucho gusto, me llamo Esteban.
- ¿Andas en carro? -preguntó Mario a Esteban. - No, fíjate que está en el taller. - Si quieres te llevamos. - Está bien, perfecto. - Sólo que primero pasaremos por mi casa y luego pasaremos a dejar a Nancy. ¿Te parece? - Está bien.
A la salida, los tres muchachos abordaron el auto de Mario, un Toyota rojo donde apenas cupieron pues era únicamente de dos asientos. Nancy iba en medio de los dos y aquello le resultaba un poco incómodo y... excitante al mismo tiempo.
Al llegar a casa de Mario, bajaron del coche y entraron a la sala del apartamento. No era lujoso, pero sí tenía lo más indispensable para vivir con suficiente comodidad.
La chica se sentó en el sofá que Mario le ofreció antes de salir a la cocina. Esteban se sentó al lado de Nancy y le hizo plática:
- ¿Y cuántos años tienes? Digo si no es mala educación de mi parte. - De ninguna manera. Tengo veinticuatro. - ¿En serio?, pareces de menos... como de diecinueve o veinte.
El último comentario le hizo gracia y la halagó al mismo tiempo.
Mario habló desde la cocina:
- ¿Quieren un trago? - Sí -respondió Esteban-. ¿Y tú, Nancy?
Nancy no bebía, jamás le había gustado el alcohol, pero esta vez, ni siquiera ella misma entendía por qué sentía deseos de hacer lo que no había hecho nunca, y accedió.
- También -respondió.
Mario apareció con tres copas y le dio una a Esteban y la otra a Nancy y se sentó en el sofá, al lado izquierdo de ella. La chica había quedado de la misma forma como habían venido en el auto. Aquello la estaba mortificando un poco. No era usual para ella estar bebiendo y aún sola en un apartamento con dos hombres. Tomaba con lentitud de la copa, que al principio le raspó la garganta, con su mirada fija en la mesita de cristal del centro de la sala, mientras los chicos se intercambiaban una conversación a la que era por completo ajena.

- ¿Quieren otro? -preguntó Mario. - Por favor -dijo Nancy. -Yo también -secundó Esteban.
Se tomaron otra más. El alcohol, poco a poco, comenzaba a desinhibir a la chica, quien se mostraba más alegre a cada momento.
Siguieron platicando vanalidades por unos minutos. Nancy se estaba impacientando, quería irse para su casa o... Luego hubo un rato de silencio.
De improviso, sin decir nada, la boca de Mario se apoderó de la oreja de Nancy, penetrando la lengua en ella. Nancy se cimbró en lo más profundo y, por pudor o por reacción cosquillenta, se retiró hacia la derecha, pero de ese lado estaba Esteban, quien la recibió de la misma manera. La chica se encontraba acorralada literalmente, así que se levantó del asiento... o por lo menos lo intentó, porque Mario la retuvo por los hombros al mismo tiempo que Esteban le inmovilizó poniendo su mano, abierta en abanico, sobre el vientre, y fue sentada de nuevo.
- No, no -suplicó Nancy- por favor...

En realidad sus palabras eran una falacia, aunque ella no estuviera consciente de eso. Desde que venían en el coche, en sus adentros imaginó aquella situación. Ahora no podía dar marcha atrás, su cuerpecito era presa segura de aquellos amigos suyos y estaba sucumbiendo a sus caricias, porque un escalofrío fascinante comenzaba a recorrer su cuerpo, desde su espalda hasta sus piernas, haciendo que su carne se pusiera erizada y se le pararan todos los vellos de la piel.
- ¡No! -alcanzó a decir por última vez antes de perderse en un remolino enloquecedor.
Los chicos hicieron caso omiso a sus súplicas. Mientras Esteban continuaba besando ardientemente su rostro y sus labios, Mario ya había conseguido alzarle la blusa y el brassier y mamaba sus pechos blancos y sus pezones sonrosados. La mano de Esteban se deslizó como una serpiente hacia el centro de las piernas de Nancy, quien hizo el último acto de pudor y las cerró en vano, ya que aquella llegó antes a su sexo, que ya se encontraba húmedo. Por encima de la delgadísima ropa interior, la mano se deslizó de arriba a abajo haciendo vibrar todas las fibras de la chica desde ese punto tan pequeño.

Ya para entonces, toda la resistencia pasiva de Nancy se había desmoronado y sólo quedaban residuos de su fuerza transformados en leves gemidos, y se abandonó por completo al ataque de sus amigos. Cuando Mario le despojó de su faldita y su tanga, ella incluso le ayudó, quedando completamente desnuda. Esteban, entonces, se dirigió hacia la vulva de la chica, apoderándose de ella con su boca. Nancy se cimbró por la sensación cuando la lengua profanó su más recóndita intimidad con grosería y empezó a revolver en círculos sus caderas. Los muchachos se turnaban para hacerle el sexo oral. Apenas la dejaba uno, el otro se aferraba al sexo de la chica, introduciendo la lengua y lamiéndole casi todo el interior. La chica se agarraba con desesperación al mullido forro del sofá, para que el placer no la impulsara fuera de sí misma. Cada palmo de su piel fue explorado por sus amigos, sin dejar de besar hasta el más íntimo rincón de su cuerpo.
Pero Nancy ya no quiso seguir en desventaja frente a sus oponentes. Con premura, liberó a Esteban de su camisa, dejando al desnudo su atlético pecho, y empezó a quitarle el jeans, tarea que terminó el muchacho por sí mismo. Mario, en tanto, ya había hecho lo propio y se encontraba desnudo. Su miembro viril erguido y enorme, tanto que Nancy creyó nunca haber visto uno de ese tamaño y de ese grosor. Empezó a dudar si lograría soportar la embestida de aquel animal.

La chica se sentó en el sofá y, aferrándose con sus manitas de una nalga de cada chico, los atrajo a ella de tal forma que ambos penes quedaron al alcance de su boca. Casi desencajando las mandíbulas, la chica fue mamándolos. Uno al tiempo, los miembros viriles iban desapareciendo dentro de los finos labios bermellones y salían lubricados por la saliva de la muchacha y un poco manchados de su lápiz labial. Los chicos se estremecían a cada succión de Nancy, como sintiendo que de un momento a otro iban a desatarse en una lluvia líquida dentro de su boca. Nancy no dejaba un centímetro de los falos sin relamer y succionar.
Esteban, antes que Mario, sintió que ya le era imposible continuar sólo con aquella deliciosa, pero insuficiente estimulación. Alzando a la chica en vilo, la condujo a la habitación de Mario, seguidos por éste, y recostó a la chica en la cama, bocarriba, y le abrió las piernas... más bien la ayudó un poco, porque Nancy, ansiosa también, ya las estaba abriendo, mostrando a los chicos su vulva humedecida y tumefacta por la excitación.

Sin más miramientos, Esteban se encajó en medio de las piernas blancas y lindas, y, tomando su pene por el tallo, lo enfiló hacia la velluda hendidura de la chica. Una vez centrado en la abertura, lo hundió rápida pero suavemente. Nancy se sacudió en lo más profundo con la embestida. A Mario no le gustaba permanecer quieto viendo cómo sólo Esteban y Nancy disfrutaban. Volvió a apoderarse con su boca de los pechos delicados de la chica y a producirle un placer extra aparte del que Esteban le estaba proporcionando. Nancy sentía volverse loca a ratos. Mientras una de sus manos acariciaba el pecho peludo de Esteban, con la otra buscaba con afán el pene de Mario, hasta que al fin logró aferrarse a él y empezó a masturbarlo con ahínco. Esteban continuaba entrando y saliendo de Nancy mientras la sujetaba por los muslos. Mario le mamaba los pechos y el abdomen.
Segundos después, Esteban era el que estaba acostado y la chica montada sobre él, el pene erguido encajado en su vagina, cabalgándolo la chica con frenesí con movimientos de arriba abajo mientras el muchacho se asía de las nalgas blancas y redondas de la chica para entrarle con firmeza. Las manos del otro muchacho acariciaban desde la espalda hasta las nalgas, al tiempo que las manos de Esteban estrechaban y frotaban los senos de Nancy.

Poco después, la chica giró sobre Esteban, sin sacar el pene de su cavidad, y quedó de espaldas a él, mostrándole su espléndido trasero, y continuó moviéndose en esta posición. Esteban, al tener contacto visual con el ano de Nancy, dirigió uno de sus dedos hacia el trasero de la chica, haciendo fluctuar la yema en la entrada de su orificio posterior, pero sin introducirlo. Aquella sensación le agradó a Nancy, quien iba a retirarle la mano a Esteban al sentir la incómoda e insolente caricia. Pero luego no lo hizo.
Mario aprovechó la excitación de la chica y le bastó acercar su miembro al rostro de Nancy para que sus labios se prendieran de él con afán.
Nunca se imaginó la muchacha que alguna vez haría el amor con dos hombres a la vez, y aquello llegaba al vértice de lo imaginable. Hasta se le antojó por un momento que no fuesen dos, sino más.
Ni Nancy ni Esteban soportaron más el ejercicio y el chico se derramó dentro de ella. quien dejó escapar el último gemido cuando sintió cómo el líquido caliente inundaba su interior. El chico quedó exhausto en la cama, cansado y satisfecho por completo.

Nancy respiraba profunda y rápidamente, pero no tuvo tiempo de recuperarse. Apenas Esteban salió de ella, Mario se montó y la penetró, haciéndola crecer de nuevo en excitación. Ya Esteban no volvió a tomar parte en la acción, pero a Nancy le bastó sólo Mario para encenderla de pasión, para llevarla al cielo, para satisfacerla de nuevo y darle un orgasmo maravilloso.
Mario colocó a la chica a gatas y, rodeándola con sus brazos, sujetó los pechos y comenzó a penetrarla desde atrás. Para Nancy Figeac aquella experiencia era nueva. En esta posición sentía como si el miembro viril tocara nuevos puntos deliciosos dentro de su vagina y empezó a menear las caderas en un sabroso vaivén, en sentido contrario a los movimientos del muchacho para brindarle una mejor movilidad al pene y para satisfacerse más plenamente ella misma.

Los pechos le dolían por la fuerza con que Mario se había afirmado de ellos, pero el placer que estaba experimentando aminoraban el sufrimiento y lo transformaban en una especie de disfrute masoquista. Fue así como obtuvo su segundo orgasmo en menos de dos minutos. Una fuerza descomunal, mucho más grande que la primera, la lanzó por los aires y sintió que tocaba el cielo otra vez. Lo sintió esta vez como algo explosivo e inminente dentro de su vientre y notó cómo su corazón volvía a palpitar aceleradamente... Luego, nada, sólo un agotamiento enorme, un gozo sin límites y una satisfacción infinita. Mario terminó con espasmos asombrosos, vaciándose dentro de ella en cada movimiento hasta que se exprimió por completo. Nancy cayó desplomada entre los dos chicos, que la abrazaron y la acariciaron mientras se recuperaban de aquel remolino que los había envuelto.
A Nancy se le antojó un muy atractivo aquel chico que andaría por los veinticinco años, de ojos café claros y con un cuerpo que, aún bajo la ropa, se veía que estaba acostumbrado a largas horas de ejercicios físicos. despues de cruzar varias miradas se acerco y se precento.
-Mucho gusto, me llamo Esteban.
- ¿Andas en carro? -preguntó Mario a Esteban. - No, fíjate que está en el taller. - Si quieres te llevamos. - Está bien, perfecto. - Sólo que primero pasaremos por mi casa y luego pasaremos a dejar a Nancy. ¿Te parece? - Está bien.
A la salida, los tres muchachos abordaron el auto de Mario, un Toyota rojo donde apenas cupieron pues era únicamente de dos asientos. Nancy iba en medio de los dos y aquello le resultaba un poco incómodo y... excitante al mismo tiempo.
Al llegar a casa de Mario, bajaron del coche y entraron a la sala del apartamento. No era lujoso, pero sí tenía lo más indispensable para vivir con suficiente comodidad.

La chica se sentó en el sofá que Mario le ofreció antes de salir a la cocina. Esteban se sentó al lado de Nancy y le hizo plática:
- ¿Y cuántos años tienes? Digo si no es mala educación de mi parte. - De ninguna manera. Tengo veinticuatro. - ¿En serio?, pareces de menos... como de diecinueve o veinte.
El último comentario le hizo gracia y la halagó al mismo tiempo.
Mario habló desde la cocina:
- ¿Quieren un trago? - Sí -respondió Esteban-. ¿Y tú, Nancy?
Nancy no bebía, jamás le había gustado el alcohol, pero esta vez, ni siquiera ella misma entendía por qué sentía deseos de hacer lo que no había hecho nunca, y accedió.
- También -respondió.
Mario apareció con tres copas y le dio una a Esteban y la otra a Nancy y se sentó en el sofá, al lado izquierdo de ella. La chica había quedado de la misma forma como habían venido en el auto. Aquello la estaba mortificando un poco. No era usual para ella estar bebiendo y aún sola en un apartamento con dos hombres. Tomaba con lentitud de la copa, que al principio le raspó la garganta, con su mirada fija en la mesita de cristal del centro de la sala, mientras los chicos se intercambiaban una conversación a la que era por completo ajena.

- ¿Quieren otro? -preguntó Mario. - Por favor -dijo Nancy. -Yo también -secundó Esteban.
Se tomaron otra más. El alcohol, poco a poco, comenzaba a desinhibir a la chica, quien se mostraba más alegre a cada momento.
Siguieron platicando vanalidades por unos minutos. Nancy se estaba impacientando, quería irse para su casa o... Luego hubo un rato de silencio.
De improviso, sin decir nada, la boca de Mario se apoderó de la oreja de Nancy, penetrando la lengua en ella. Nancy se cimbró en lo más profundo y, por pudor o por reacción cosquillenta, se retiró hacia la derecha, pero de ese lado estaba Esteban, quien la recibió de la misma manera. La chica se encontraba acorralada literalmente, así que se levantó del asiento... o por lo menos lo intentó, porque Mario la retuvo por los hombros al mismo tiempo que Esteban le inmovilizó poniendo su mano, abierta en abanico, sobre el vientre, y fue sentada de nuevo.
- No, no -suplicó Nancy- por favor...

En realidad sus palabras eran una falacia, aunque ella no estuviera consciente de eso. Desde que venían en el coche, en sus adentros imaginó aquella situación. Ahora no podía dar marcha atrás, su cuerpecito era presa segura de aquellos amigos suyos y estaba sucumbiendo a sus caricias, porque un escalofrío fascinante comenzaba a recorrer su cuerpo, desde su espalda hasta sus piernas, haciendo que su carne se pusiera erizada y se le pararan todos los vellos de la piel.
- ¡No! -alcanzó a decir por última vez antes de perderse en un remolino enloquecedor.
Los chicos hicieron caso omiso a sus súplicas. Mientras Esteban continuaba besando ardientemente su rostro y sus labios, Mario ya había conseguido alzarle la blusa y el brassier y mamaba sus pechos blancos y sus pezones sonrosados. La mano de Esteban se deslizó como una serpiente hacia el centro de las piernas de Nancy, quien hizo el último acto de pudor y las cerró en vano, ya que aquella llegó antes a su sexo, que ya se encontraba húmedo. Por encima de la delgadísima ropa interior, la mano se deslizó de arriba a abajo haciendo vibrar todas las fibras de la chica desde ese punto tan pequeño.

Ya para entonces, toda la resistencia pasiva de Nancy se había desmoronado y sólo quedaban residuos de su fuerza transformados en leves gemidos, y se abandonó por completo al ataque de sus amigos. Cuando Mario le despojó de su faldita y su tanga, ella incluso le ayudó, quedando completamente desnuda. Esteban, entonces, se dirigió hacia la vulva de la chica, apoderándose de ella con su boca. Nancy se cimbró por la sensación cuando la lengua profanó su más recóndita intimidad con grosería y empezó a revolver en círculos sus caderas. Los muchachos se turnaban para hacerle el sexo oral. Apenas la dejaba uno, el otro se aferraba al sexo de la chica, introduciendo la lengua y lamiéndole casi todo el interior. La chica se agarraba con desesperación al mullido forro del sofá, para que el placer no la impulsara fuera de sí misma. Cada palmo de su piel fue explorado por sus amigos, sin dejar de besar hasta el más íntimo rincón de su cuerpo.
Pero Nancy ya no quiso seguir en desventaja frente a sus oponentes. Con premura, liberó a Esteban de su camisa, dejando al desnudo su atlético pecho, y empezó a quitarle el jeans, tarea que terminó el muchacho por sí mismo. Mario, en tanto, ya había hecho lo propio y se encontraba desnudo. Su miembro viril erguido y enorme, tanto que Nancy creyó nunca haber visto uno de ese tamaño y de ese grosor. Empezó a dudar si lograría soportar la embestida de aquel animal.

La chica se sentó en el sofá y, aferrándose con sus manitas de una nalga de cada chico, los atrajo a ella de tal forma que ambos penes quedaron al alcance de su boca. Casi desencajando las mandíbulas, la chica fue mamándolos. Uno al tiempo, los miembros viriles iban desapareciendo dentro de los finos labios bermellones y salían lubricados por la saliva de la muchacha y un poco manchados de su lápiz labial. Los chicos se estremecían a cada succión de Nancy, como sintiendo que de un momento a otro iban a desatarse en una lluvia líquida dentro de su boca. Nancy no dejaba un centímetro de los falos sin relamer y succionar.
Esteban, antes que Mario, sintió que ya le era imposible continuar sólo con aquella deliciosa, pero insuficiente estimulación. Alzando a la chica en vilo, la condujo a la habitación de Mario, seguidos por éste, y recostó a la chica en la cama, bocarriba, y le abrió las piernas... más bien la ayudó un poco, porque Nancy, ansiosa también, ya las estaba abriendo, mostrando a los chicos su vulva humedecida y tumefacta por la excitación.

Sin más miramientos, Esteban se encajó en medio de las piernas blancas y lindas, y, tomando su pene por el tallo, lo enfiló hacia la velluda hendidura de la chica. Una vez centrado en la abertura, lo hundió rápida pero suavemente. Nancy se sacudió en lo más profundo con la embestida. A Mario no le gustaba permanecer quieto viendo cómo sólo Esteban y Nancy disfrutaban. Volvió a apoderarse con su boca de los pechos delicados de la chica y a producirle un placer extra aparte del que Esteban le estaba proporcionando. Nancy sentía volverse loca a ratos. Mientras una de sus manos acariciaba el pecho peludo de Esteban, con la otra buscaba con afán el pene de Mario, hasta que al fin logró aferrarse a él y empezó a masturbarlo con ahínco. Esteban continuaba entrando y saliendo de Nancy mientras la sujetaba por los muslos. Mario le mamaba los pechos y el abdomen.
Segundos después, Esteban era el que estaba acostado y la chica montada sobre él, el pene erguido encajado en su vagina, cabalgándolo la chica con frenesí con movimientos de arriba abajo mientras el muchacho se asía de las nalgas blancas y redondas de la chica para entrarle con firmeza. Las manos del otro muchacho acariciaban desde la espalda hasta las nalgas, al tiempo que las manos de Esteban estrechaban y frotaban los senos de Nancy.

Poco después, la chica giró sobre Esteban, sin sacar el pene de su cavidad, y quedó de espaldas a él, mostrándole su espléndido trasero, y continuó moviéndose en esta posición. Esteban, al tener contacto visual con el ano de Nancy, dirigió uno de sus dedos hacia el trasero de la chica, haciendo fluctuar la yema en la entrada de su orificio posterior, pero sin introducirlo. Aquella sensación le agradó a Nancy, quien iba a retirarle la mano a Esteban al sentir la incómoda e insolente caricia. Pero luego no lo hizo.
Mario aprovechó la excitación de la chica y le bastó acercar su miembro al rostro de Nancy para que sus labios se prendieran de él con afán.
Nunca se imaginó la muchacha que alguna vez haría el amor con dos hombres a la vez, y aquello llegaba al vértice de lo imaginable. Hasta se le antojó por un momento que no fuesen dos, sino más.
Ni Nancy ni Esteban soportaron más el ejercicio y el chico se derramó dentro de ella. quien dejó escapar el último gemido cuando sintió cómo el líquido caliente inundaba su interior. El chico quedó exhausto en la cama, cansado y satisfecho por completo.

Nancy respiraba profunda y rápidamente, pero no tuvo tiempo de recuperarse. Apenas Esteban salió de ella, Mario se montó y la penetró, haciéndola crecer de nuevo en excitación. Ya Esteban no volvió a tomar parte en la acción, pero a Nancy le bastó sólo Mario para encenderla de pasión, para llevarla al cielo, para satisfacerla de nuevo y darle un orgasmo maravilloso.
Mario colocó a la chica a gatas y, rodeándola con sus brazos, sujetó los pechos y comenzó a penetrarla desde atrás. Para Nancy Figeac aquella experiencia era nueva. En esta posición sentía como si el miembro viril tocara nuevos puntos deliciosos dentro de su vagina y empezó a menear las caderas en un sabroso vaivén, en sentido contrario a los movimientos del muchacho para brindarle una mejor movilidad al pene y para satisfacerse más plenamente ella misma.

Los pechos le dolían por la fuerza con que Mario se había afirmado de ellos, pero el placer que estaba experimentando aminoraban el sufrimiento y lo transformaban en una especie de disfrute masoquista. Fue así como obtuvo su segundo orgasmo en menos de dos minutos. Una fuerza descomunal, mucho más grande que la primera, la lanzó por los aires y sintió que tocaba el cielo otra vez. Lo sintió esta vez como algo explosivo e inminente dentro de su vientre y notó cómo su corazón volvía a palpitar aceleradamente... Luego, nada, sólo un agotamiento enorme, un gozo sin límites y una satisfacción infinita. Mario terminó con espasmos asombrosos, vaciándose dentro de ella en cada movimiento hasta que se exprimió por completo. Nancy cayó desplomada entre los dos chicos, que la abrazaron y la acariciaron mientras se recuperaban de aquel remolino que los había envuelto.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Fin de Año
Como todos los años, el colegio donde yo estudiaba organizaba una despedida a los alumnos de último grado; esa noche era súper importante para mí y para la mayoría de mis compañeros pues, probablemente, era la última vez que nos veríamos. Esa noche, la reunión era en un renombrado club de la ciudad. La noche empezó aburrida, primero los actos de siempre, que los himnos, las palabras de los profesores, bla, bla, bla... Como a las 9:30, nos dieron la comida y luego a azotar baldosa (bailar). Esa noche todas las niñas iban bien vestidas y se puede decir que no había ninguna fea. Me llamó la atención una chica de vestido azul; llevaba el cabello cogido en una moña y un escote que te permitía ver lo que quisieras, tenia sostén con "varillitas" que le levantaban esos hermosos senos lo suficiente como para desearlos.

Tenía un traserito redondito y bien formado, se notaba que asistía al gimnasio. Cuando estábamos bailando, la busqué durante algo más de dos horas para bailar con ella, pero por ningún lado la encontré. Estaba frustrado. A unos pasos del club había un sitio donde estaban bebiendo unos tipos (en el club lo más fuerte que nos daban era coca-cola con unas "góticas" de ron), y decidí ir a ver quién estaba. Encontré a un par de amigos que estaban tomadísimos, y me senté en la mesa de ellos a conversar. Ella también estaba en aquel local. Me quedé mirándola unos segundos, tuve una pequeña erección de sólo imaginar metiéndole mi polla en su culito. Ella me miró a los ojos y le sonreí. Me acerqué a su mesa y me presenté. Ella estaba con dos amigas más (que también estaban muy bien). Charlamos un rato hasta que una de ellas propuso subir al club a bailar algo más "apretadito".

Entramos, y las amigas de Eliana se encontraron con unos amigos y se fueron a bailar. Le pregunté si quería bailar y me dijo que no. Nos dirigimos a un balcón que daba a la parte de atrás del club. Había otras parejas allí. Hablamos un rato y, de pronto, la conversación se tornó hacia el sexo. Sin darnos cuenta estábamos solos en el balcón. Al cabo de un rato yo estaba excitado, mi polla se salía del pantalón y ella se percató. Se acercó hacia mí y me besó en la boca.- ¿Te gusto? -me preguntó. - Un resto -le respondí, y antes de acabar de hablar ella ya había llevado su mano a mi bragueta y me masajeaba la polla por encima. Me acerqué más a ella y con la mano le acaricié los senos. Con la mano le corrí el vestido para dar paso a sus senos cubiertos por un fino sostén negro que corrí hasta llegar a sus hermosos senos, que masaje unos segundos hasta poner duros sus pezones. Mientras, ella se apoderaba de mi pene y me hacía una paja fenomenal. Bajé mi rostro hasta quedar a la altura de sus senos y comencé a succionar como si fuera un niño.

Eliana emitió un pequeño gemido. Pasé mis manos por su espalda, bajé la cremallera de su vestido y acaricié su espalda.- Tienes las manos muy frías -me dijo. Seguí bajando hasta su traserito y se lo masaje. Ella me paró y me dijo que quería tragarse mi polla. Me bajó los pantalones hasta la rodilla y empezó a pasarme la lengua por mi glande, luego fue humedeciendo todo mi pene hasta que, sin aviso alguno, se la tragó toda. El placer que sentía en ese momento era indescriptible y Eliana era toda una profesional en eso. Sentí que me venía y se lo dije, pero a ella no le importó y me vine en su boca. Se tragó toda mi leche. Luego se paró, yo la tomé por la cintura y la atraje hacia mí. Me arrodillé ante ella, le levanté la falda, que dio paso a un coñito rosadito y mojado. No traía tanga ni nada. La miré a los ojos y me dijo con la mirada que se la lamiera toda, hasta dejársela seca (cosa que, por cierto, veía muy difícil). Acerqué mi lengua a su coñito y enseguida sentí lo saladito, y a la vez dulce, de sus jugos. Metí mi lengua y jugué con su clítoris mientras por el ano le introducía un dedo.

Ella emitió unos gemidos que me excitaban cada vez más hasta hacerme poner tiesa la polla de nuevo. Ella llegó al orgasmo y, entre gemidos, me dijo que quería que la penetrara. Le dije que sí, pero que allí no. Nos arreglamos un poco y nos fuimos del balcón. Pedí prestado algo de dinero a unos amigos, lo suficiente para pagar un buen hotel, y nos fuimos. Durante el camino al hotel, en el taxi, no podía dejar de mirarla. Cada segundo que pasaba me parecía más linda. No pude evitarlo y le acaricié la pierna, a lo que ella me correspondió mirándome a los ojos con deseo. Llegamos al hotel, y ya en la habitación, le dije que la quería ver completamente desnuda. Ella se fue desnudando muy despacio, bailando, como si me estuviera haciendo un show strip tease para mí solito. Yo no podía aguantar más. Sus hermosos senos, su cinturita, sus piernas (tenía las piernas más lindas que jamás haya visto), su coñito... Cuando estaba completamente desnuda, me abalancé sobre ella y nos botamos a la cama. Me miró algo sorprendida y yo a ella con lujuria. Empecé besándole los senos. Con mi lengua jugaba con sus pezones, que estaban paraditos y duros. Fui bajando hasta su coño, el cual devoré íntegro. Ella gemía incontrolablemente.

Le restregué la cabeza de mi pene en la entrada de su vagina. Ella me dijo que era virgen, que se lo introdujera suave. Se lo fui metiendo muy suavemente hasta que la desvirgué. Empecé a embestirla rápidamente y a cada embestida ella emitía un gemido. Eso me ponía a mil. Sentí que me venía y traté de retirar mi pene para eyacular en su vientre, pero ella me dijo que quería sentir mi leche en su vagina. Mi semen salió e inundó toda su vagina. Su cara fue transformándose en una expresión de placer. Acerqué mi boca a sus labios y la besé. Estaba exhausto. Había tenido el orgasmo más rico de toda mi vida con la chica más linda del colegio.- ¿Qué te pareció? -le pregunté. - ¡Fantástico! , tenemos que hacerlo más a menudo -y me guiñó el ojo. Nos unimos en un beso, que aún recuerdo, durante unos 5 minutos. - A propósito -me dijo-. ¿Quieres ser mi novio?

Tenía un traserito redondito y bien formado, se notaba que asistía al gimnasio. Cuando estábamos bailando, la busqué durante algo más de dos horas para bailar con ella, pero por ningún lado la encontré. Estaba frustrado. A unos pasos del club había un sitio donde estaban bebiendo unos tipos (en el club lo más fuerte que nos daban era coca-cola con unas "góticas" de ron), y decidí ir a ver quién estaba. Encontré a un par de amigos que estaban tomadísimos, y me senté en la mesa de ellos a conversar. Ella también estaba en aquel local. Me quedé mirándola unos segundos, tuve una pequeña erección de sólo imaginar metiéndole mi polla en su culito. Ella me miró a los ojos y le sonreí. Me acerqué a su mesa y me presenté. Ella estaba con dos amigas más (que también estaban muy bien). Charlamos un rato hasta que una de ellas propuso subir al club a bailar algo más "apretadito".

Entramos, y las amigas de Eliana se encontraron con unos amigos y se fueron a bailar. Le pregunté si quería bailar y me dijo que no. Nos dirigimos a un balcón que daba a la parte de atrás del club. Había otras parejas allí. Hablamos un rato y, de pronto, la conversación se tornó hacia el sexo. Sin darnos cuenta estábamos solos en el balcón. Al cabo de un rato yo estaba excitado, mi polla se salía del pantalón y ella se percató. Se acercó hacia mí y me besó en la boca.- ¿Te gusto? -me preguntó. - Un resto -le respondí, y antes de acabar de hablar ella ya había llevado su mano a mi bragueta y me masajeaba la polla por encima. Me acerqué más a ella y con la mano le acaricié los senos. Con la mano le corrí el vestido para dar paso a sus senos cubiertos por un fino sostén negro que corrí hasta llegar a sus hermosos senos, que masaje unos segundos hasta poner duros sus pezones. Mientras, ella se apoderaba de mi pene y me hacía una paja fenomenal. Bajé mi rostro hasta quedar a la altura de sus senos y comencé a succionar como si fuera un niño.

Eliana emitió un pequeño gemido. Pasé mis manos por su espalda, bajé la cremallera de su vestido y acaricié su espalda.- Tienes las manos muy frías -me dijo. Seguí bajando hasta su traserito y se lo masaje. Ella me paró y me dijo que quería tragarse mi polla. Me bajó los pantalones hasta la rodilla y empezó a pasarme la lengua por mi glande, luego fue humedeciendo todo mi pene hasta que, sin aviso alguno, se la tragó toda. El placer que sentía en ese momento era indescriptible y Eliana era toda una profesional en eso. Sentí que me venía y se lo dije, pero a ella no le importó y me vine en su boca. Se tragó toda mi leche. Luego se paró, yo la tomé por la cintura y la atraje hacia mí. Me arrodillé ante ella, le levanté la falda, que dio paso a un coñito rosadito y mojado. No traía tanga ni nada. La miré a los ojos y me dijo con la mirada que se la lamiera toda, hasta dejársela seca (cosa que, por cierto, veía muy difícil). Acerqué mi lengua a su coñito y enseguida sentí lo saladito, y a la vez dulce, de sus jugos. Metí mi lengua y jugué con su clítoris mientras por el ano le introducía un dedo.

Ella emitió unos gemidos que me excitaban cada vez más hasta hacerme poner tiesa la polla de nuevo. Ella llegó al orgasmo y, entre gemidos, me dijo que quería que la penetrara. Le dije que sí, pero que allí no. Nos arreglamos un poco y nos fuimos del balcón. Pedí prestado algo de dinero a unos amigos, lo suficiente para pagar un buen hotel, y nos fuimos. Durante el camino al hotel, en el taxi, no podía dejar de mirarla. Cada segundo que pasaba me parecía más linda. No pude evitarlo y le acaricié la pierna, a lo que ella me correspondió mirándome a los ojos con deseo. Llegamos al hotel, y ya en la habitación, le dije que la quería ver completamente desnuda. Ella se fue desnudando muy despacio, bailando, como si me estuviera haciendo un show strip tease para mí solito. Yo no podía aguantar más. Sus hermosos senos, su cinturita, sus piernas (tenía las piernas más lindas que jamás haya visto), su coñito... Cuando estaba completamente desnuda, me abalancé sobre ella y nos botamos a la cama. Me miró algo sorprendida y yo a ella con lujuria. Empecé besándole los senos. Con mi lengua jugaba con sus pezones, que estaban paraditos y duros. Fui bajando hasta su coño, el cual devoré íntegro. Ella gemía incontrolablemente.

Le restregué la cabeza de mi pene en la entrada de su vagina. Ella me dijo que era virgen, que se lo introdujera suave. Se lo fui metiendo muy suavemente hasta que la desvirgué. Empecé a embestirla rápidamente y a cada embestida ella emitía un gemido. Eso me ponía a mil. Sentí que me venía y traté de retirar mi pene para eyacular en su vientre, pero ella me dijo que quería sentir mi leche en su vagina. Mi semen salió e inundó toda su vagina. Su cara fue transformándose en una expresión de placer. Acerqué mi boca a sus labios y la besé. Estaba exhausto. Había tenido el orgasmo más rico de toda mi vida con la chica más linda del colegio.- ¿Qué te pareció? -le pregunté. - ¡Fantástico! , tenemos que hacerlo más a menudo -y me guiñó el ojo. Nos unimos en un beso, que aún recuerdo, durante unos 5 minutos. - A propósito -me dijo-. ¿Quieres ser mi novio?
viernes, 13 de noviembre de 2009
Mi Cumpleaños
Esta historia ocurrió hace ya un tiempo y fue precisamente el día de mi cumpleaños. Ese día habíamos quedado, mi marido y yo en ir a cenar con el padrino de mi hijo menor. Quedamos con él en nuestra casa y vino a la hora indicada. Mientras yo terminaba de arreglarme y tal como había quedado con mi pareja, él aprovecho para enseñarle la revista Clima, una revista erótica y de contactos donde suelo enviar mis fotos. Nuestro amigo se la estuvo mirando y leyendo hasta casi el momento justo que yo salí de la habitación casi arreglada. Me iba a ir a terminar de arreglar cuando él me pregunto que sentía cuando veía mis fotos en esa revista, y yo le contesté que me excitaba un montón verme y pensar que seguramente más de una persona se excitaba también al verme.

Entonces mi compañero dijo:- Tú no sabes lo que a Mar le gusta, es una exhibicionista
Nuestro amigo, un poco desconcertado y dirigiéndose a mí me pregunto:
- ¿Es eso verdad? Y yo le dije que si, que me gustaba mostrar mi cuerpo, excitar pensando que seguramente alguna persona al verme no tendría más remedio que hacerse una paja a mi salud. Me terminé de arreglar y nos dispusimos a salir a cenar. Yo me había vestido con una minifalda negra, unas botas del mismo color y una camiseta con botones en la parte delantera sin llevar sujetador. Fuimos a cenar fuera de Barcelona, a una población marítima, y en medio de la cena y supongo que aún incrédulo, me pregunto si era verdad que disfrutaba provocando con mi cuerpo. Casi si se lo tuve que prometer diciéndole que esto era una de mis fantasías sexuales favoritas y que podía llevar a la practica. Nuestro amigo cada vez estaba más sorprendido, mientras que mi marido se divertía cada vez mas por la situación. Entonces este último le dijo:
- Uffff, si supieras... Mar siempre me ha hablado de su sueño de estar con una persona bastante más mayor que ella, de estar con uno mucho más joven, de hacer un intercambio de parejas e incluso de tener una relación bisex y se que algunas de estas cosas las llevará tarde o temprano a la práctica.
Creo que aquí nuestro amigo ya pensó que todo era una broma y continuamos hasta el final de la cena hablando de otras cosas. Cuando decidimos irnos del restaurante mi compañero me dijo:
- ¿Que Mar, vamos a demostrarle de lo que eres capaz?... ¿porque no vamos a una de esas terrazas cerca de la playa.

Dicho y hecho, nos fuimos a una en la que ya había varias mesas ocupadas aunque también muchísimas libres. Escogimos una mesa en la que me fuera fácil intentar excitar a los ocupantes de otras mesas. Al poco de estar ahí, la mesa que teníamos delante fue ocupada por tres chicos jóvenes, les dejamos que se aposentaran y yo me fui un momento al servicio. Al regresar me había desabrochado tres botones de la camiseta, con lo cual una parte importante de mi pecho quedaba a la vista de esos tres chicos. Cuando empecé a ver que miraban ya bastante seguido hacia mi le dije a mi compañero:
- Ahora lleva tus manos a una de mis piernas
Cosa que hizo pues no era la primera vez que hacíamos eso y me la empezó a acariciar, subiendo cada vez más su mano con lo que mi corta falda cada vez me cubría menos. Yo también con mis movimientos iba ayudando a que cada vez se pudiera ver más, incluso mis braguitas. En un momento aproximé mis labios a los de mi marido, empezamos a besarnos llevando él su mano hacia mis pechos y con total descaro la introdujo dentro de la camiseta, empezando a acariciarme una de las tetas. Estuvo un rato así y ya saco la mano intencionadamente para que esa teta me quedara fuera. Las caras de los tres chicos eran de alucine puro y dos de ellos se levantaron para ir al lavabo. Entonces le pedí a nuestro amigo que fuera también él hacia ahí para ver si podía enterarse de algo. Cuando se levantó me fije en su entrepierna y le noté un buen bulto.

Regreso al cabo de un tiempo y ante nuestras preguntas nos dijo:
- Pues si, se han ido a chascársela, incluso he oído que uno de ellos le decía al otro "la zorra esa me ha puesto como una locomotora" y a lo que el otro le había respondido "Mira si será puta que me la estoy meneando a su salud, si no fuera porque va acompañada me la follo aquí mismo",
Cuando nuestro amigo nos lo contó, yo noté que mi excitación iba en aumento, notaba ya mi coño completamente mojado. Al llegar a casa le dijimos que subiera a tomarse la última copa cosa que aceptó inmediatamente. Subimos, pagamos a la canguro y mientras yo echaba un vistazo a los niños que estaban dormidos, mi compañero preparó unas copas. Ya sentados le pregunte que le había parecido lo que había hecho esa noche, a lo que él me dijo:
- Desde luego Mar eres increíble, pero me has dejado caliente como una estufa en pleno desierto
Mi compañero mirándome me dijo:
- ¿Verdad Mar que esto tiene solución?
A lo que conteste que si, que claro y que además yo también estaba completamente caliente. Eso si le dije:
- Ya sabes que me excita muchísimo ser desnudada y ya que tu eres el invitado...
Me puse de pie lo mismo que él, uno frente al otro. Cuando iba a llevar su mano hacia mi cintura, le paré y le dije que prefería que me desnudara estando el ya desnudo.

Así que empezó a sacarse toda la ropa y cuando quedo desnudo me fije en su polla gorda y bien dura. Mi compañero también se había desnudado y sólo quedaba yo vestida. Entonces le dije que me fuera desnudando pero siempre siguiendo mis indicaciones. Nuestro amigo entonces llevó sus manos a mi cintura, empezando a deslizarme la falda por mis piernas, y con un poco de ayuda por mi parte me la saco. Le alargue una de mis piernas, tomo con sus manos una bota y estirando me la saco, luego repitió la operación con la otra.
Al terminar le pedí que se aproximara a mí y dirigiendo mis pies hacia su polla, se la empecé a acariciar. Veía que esta iba dando saltitos y paré por precaución. Me levanté y le dije que me sacara otra pieza de mi ya exiguo vestuario. Se decidió por las braguitas y confieso que me dio un poco de vergüenza, pues sabia que estaban completamente mojadas. Por fin le dije que terminara de desnudarme con lo que acercándose a mí, empezó a desabrocharme los botones de la camiseta. Entonces yo aproveché para acercarme a él y llevar mi coño a la altura de su polla. Una vez que me hubo quitado la camiseta, llevé mis manos hacia su cintura y me apreté a él para que sintiera el calor de mi coño en su polla y de mis tetas en su pecho. Mi compañero aprovecho para situarse detrás de mí y tomándome por mi cintura, apoyó también su polla entre mis nalgas. Empezamos a bailar en esta posición de bocadillo hasta que les pedí que me dejaran sentar y que cada uno me besara y acariciara una de mis tetas. Rápidamente tenía dos manos en cada una de mis tetas que luego fueron cambiadas por una boca junto con una mano en cada pecho. Sentía como los pezones se me iban endureciendo con cada caricia, con cada chupada y con cada mordisquito.

Notaba como un par de manos también me iban subiendo por mis muslos, acariciándolos. Entonces yo separé bien las piernas llena de excitación, y una de las manos empezó con sus dedos a trazar círculos alrededor de mi clítoris mientras notaba otros dedos jugar con el pelo de mi coñito hasta que se fueron deslizando hacia mis labios que fueron acariciados y abiertos aún más. Noté como la presión de los dedos que tenía acariciándome el clítoris aumentaba y como los otros dedos se introducían en mi coño, a todo esto sin que mis tetas dejaran de recibir besos, succiones, caricias, pellizcos o mordisquitos. Yo ya no pudiendo más me vino un orgasmo como nunca había tenido y ellos al notarlo siguieron con más empeño hasta que les hice parar.
Le pedí a mi compañero que se estirara en el sofá y lleve mi boca hacia su erecta polla poniéndome yo sobre él pero dejando libre el camino de mi ano y mi coño. Cuando empecé a chupársela, noté como la lengua de nuestro amigo empezaba a acariciarme en ese espacio que hay entre mi agujero anal y mi coño, sentía su lengua dirigirse a mi culo mientras yo iba chupando la polla a mi compañero. Poco a poco fui aumentando el ritmo de la mamada a mi marido y entonces noté en mi ano la lengua de nuestro amigo como si quisiera entrar por ahí. Paré un momento de chupar la polla de mi compañero y me concentre en el placer que estaba sintiendo con esa lengua. Al momento volví a chupársela a mi compañero, primero el capullo, luego pasando toda mi lengua por su erecto y duro pene y terminando por chuparle los huevos. Luego me la puse toda en la boca y empecé a follarle así, y al mismo tiempo notaba que la lengua que tenia en mi ano se había introducido en él, y saliendo y entrando me estaba siendo follada por el culo con una lengua. Aquí tome otro orgasmo de campeonato y paré al mismo tiempo de chupar, ya que notaba que en caso contrario mi pareja se iba a correr en mi boca.

Les pedí que cambiaran de posición y entonces diciéndole a nuestro amigo que esta vez no se aguantara, le empecé a chupar su polla, mientras que a mi marido le ofrecí mi culo ó mi coño para que escogiera; él escogió mi coño y llevando su boca hacia ahí, empezó a pasarme la lengua a lo largo de toda mi raja varias veces para terminar dedicándose a lamerme y darme pequeños golpecitos con ella en el clítoris. Yo mientras fui chupando con más intensidad la polla de nuestro amigo mientras que con una de mis manos le iba masturbando al mismo tiempo. Mi compañero me estaba succionando el clítoris y eso para mi es mortal, pues tomo unos orgasmos fuertísimos y seguidos que casi hacen que me desmaye. Así que con la polla de nuestro amigo en la boca tuve que parar para concentrarme en el placer que estaba recibiendo. Al rato mi marido paró con su lengua y yo continué con la mamada a nuestro amigo hasta que de pronto noté como la polla de mi compañero se introducía en mi coño y una de sus manos acariciaba mí ya excitadísimo clítoris. Esto me hizo aumentar aún más el ritmo de mi chupada, el ritmo me lo iba marcando los embites que mi marido me daba, hasta cierto momento en que noté una especie de erupción en mi boca y sin tiempo de nada sentí dentro de ella una inundación de leche que casi me ahoga. Sin sacarme la polla de nuestro amigo de la boca, empecé a notar en mis entrañas el anuncio de un nuevo y bestial orgasmo, al tiempo que notaba también mi coño inundado por la descarga de semen de mi pareja. Los tres estábamos agotados por todo lo sucedido aquella noche tan intensa, así que decidimos concluir aquella sesión de sexo, exhibicionismo y morbo.

Entonces mi compañero dijo:- Tú no sabes lo que a Mar le gusta, es una exhibicionista
Nuestro amigo, un poco desconcertado y dirigiéndose a mí me pregunto:
- ¿Es eso verdad? Y yo le dije que si, que me gustaba mostrar mi cuerpo, excitar pensando que seguramente alguna persona al verme no tendría más remedio que hacerse una paja a mi salud. Me terminé de arreglar y nos dispusimos a salir a cenar. Yo me había vestido con una minifalda negra, unas botas del mismo color y una camiseta con botones en la parte delantera sin llevar sujetador. Fuimos a cenar fuera de Barcelona, a una población marítima, y en medio de la cena y supongo que aún incrédulo, me pregunto si era verdad que disfrutaba provocando con mi cuerpo. Casi si se lo tuve que prometer diciéndole que esto era una de mis fantasías sexuales favoritas y que podía llevar a la practica. Nuestro amigo cada vez estaba más sorprendido, mientras que mi marido se divertía cada vez mas por la situación. Entonces este último le dijo:
- Uffff, si supieras... Mar siempre me ha hablado de su sueño de estar con una persona bastante más mayor que ella, de estar con uno mucho más joven, de hacer un intercambio de parejas e incluso de tener una relación bisex y se que algunas de estas cosas las llevará tarde o temprano a la práctica.
Creo que aquí nuestro amigo ya pensó que todo era una broma y continuamos hasta el final de la cena hablando de otras cosas. Cuando decidimos irnos del restaurante mi compañero me dijo:
- ¿Que Mar, vamos a demostrarle de lo que eres capaz?... ¿porque no vamos a una de esas terrazas cerca de la playa.

Dicho y hecho, nos fuimos a una en la que ya había varias mesas ocupadas aunque también muchísimas libres. Escogimos una mesa en la que me fuera fácil intentar excitar a los ocupantes de otras mesas. Al poco de estar ahí, la mesa que teníamos delante fue ocupada por tres chicos jóvenes, les dejamos que se aposentaran y yo me fui un momento al servicio. Al regresar me había desabrochado tres botones de la camiseta, con lo cual una parte importante de mi pecho quedaba a la vista de esos tres chicos. Cuando empecé a ver que miraban ya bastante seguido hacia mi le dije a mi compañero:
- Ahora lleva tus manos a una de mis piernas
Cosa que hizo pues no era la primera vez que hacíamos eso y me la empezó a acariciar, subiendo cada vez más su mano con lo que mi corta falda cada vez me cubría menos. Yo también con mis movimientos iba ayudando a que cada vez se pudiera ver más, incluso mis braguitas. En un momento aproximé mis labios a los de mi marido, empezamos a besarnos llevando él su mano hacia mis pechos y con total descaro la introdujo dentro de la camiseta, empezando a acariciarme una de las tetas. Estuvo un rato así y ya saco la mano intencionadamente para que esa teta me quedara fuera. Las caras de los tres chicos eran de alucine puro y dos de ellos se levantaron para ir al lavabo. Entonces le pedí a nuestro amigo que fuera también él hacia ahí para ver si podía enterarse de algo. Cuando se levantó me fije en su entrepierna y le noté un buen bulto.

Regreso al cabo de un tiempo y ante nuestras preguntas nos dijo:
- Pues si, se han ido a chascársela, incluso he oído que uno de ellos le decía al otro "la zorra esa me ha puesto como una locomotora" y a lo que el otro le había respondido "Mira si será puta que me la estoy meneando a su salud, si no fuera porque va acompañada me la follo aquí mismo",
Cuando nuestro amigo nos lo contó, yo noté que mi excitación iba en aumento, notaba ya mi coño completamente mojado. Al llegar a casa le dijimos que subiera a tomarse la última copa cosa que aceptó inmediatamente. Subimos, pagamos a la canguro y mientras yo echaba un vistazo a los niños que estaban dormidos, mi compañero preparó unas copas. Ya sentados le pregunte que le había parecido lo que había hecho esa noche, a lo que él me dijo:
- Desde luego Mar eres increíble, pero me has dejado caliente como una estufa en pleno desierto
Mi compañero mirándome me dijo:
- ¿Verdad Mar que esto tiene solución?
A lo que conteste que si, que claro y que además yo también estaba completamente caliente. Eso si le dije:
- Ya sabes que me excita muchísimo ser desnudada y ya que tu eres el invitado...
Me puse de pie lo mismo que él, uno frente al otro. Cuando iba a llevar su mano hacia mi cintura, le paré y le dije que prefería que me desnudara estando el ya desnudo.

Así que empezó a sacarse toda la ropa y cuando quedo desnudo me fije en su polla gorda y bien dura. Mi compañero también se había desnudado y sólo quedaba yo vestida. Entonces le dije que me fuera desnudando pero siempre siguiendo mis indicaciones. Nuestro amigo entonces llevó sus manos a mi cintura, empezando a deslizarme la falda por mis piernas, y con un poco de ayuda por mi parte me la saco. Le alargue una de mis piernas, tomo con sus manos una bota y estirando me la saco, luego repitió la operación con la otra.
Al terminar le pedí que se aproximara a mí y dirigiendo mis pies hacia su polla, se la empecé a acariciar. Veía que esta iba dando saltitos y paré por precaución. Me levanté y le dije que me sacara otra pieza de mi ya exiguo vestuario. Se decidió por las braguitas y confieso que me dio un poco de vergüenza, pues sabia que estaban completamente mojadas. Por fin le dije que terminara de desnudarme con lo que acercándose a mí, empezó a desabrocharme los botones de la camiseta. Entonces yo aproveché para acercarme a él y llevar mi coño a la altura de su polla. Una vez que me hubo quitado la camiseta, llevé mis manos hacia su cintura y me apreté a él para que sintiera el calor de mi coño en su polla y de mis tetas en su pecho. Mi compañero aprovecho para situarse detrás de mí y tomándome por mi cintura, apoyó también su polla entre mis nalgas. Empezamos a bailar en esta posición de bocadillo hasta que les pedí que me dejaran sentar y que cada uno me besara y acariciara una de mis tetas. Rápidamente tenía dos manos en cada una de mis tetas que luego fueron cambiadas por una boca junto con una mano en cada pecho. Sentía como los pezones se me iban endureciendo con cada caricia, con cada chupada y con cada mordisquito.

Notaba como un par de manos también me iban subiendo por mis muslos, acariciándolos. Entonces yo separé bien las piernas llena de excitación, y una de las manos empezó con sus dedos a trazar círculos alrededor de mi clítoris mientras notaba otros dedos jugar con el pelo de mi coñito hasta que se fueron deslizando hacia mis labios que fueron acariciados y abiertos aún más. Noté como la presión de los dedos que tenía acariciándome el clítoris aumentaba y como los otros dedos se introducían en mi coño, a todo esto sin que mis tetas dejaran de recibir besos, succiones, caricias, pellizcos o mordisquitos. Yo ya no pudiendo más me vino un orgasmo como nunca había tenido y ellos al notarlo siguieron con más empeño hasta que les hice parar.
Le pedí a mi compañero que se estirara en el sofá y lleve mi boca hacia su erecta polla poniéndome yo sobre él pero dejando libre el camino de mi ano y mi coño. Cuando empecé a chupársela, noté como la lengua de nuestro amigo empezaba a acariciarme en ese espacio que hay entre mi agujero anal y mi coño, sentía su lengua dirigirse a mi culo mientras yo iba chupando la polla a mi compañero. Poco a poco fui aumentando el ritmo de la mamada a mi marido y entonces noté en mi ano la lengua de nuestro amigo como si quisiera entrar por ahí. Paré un momento de chupar la polla de mi compañero y me concentre en el placer que estaba sintiendo con esa lengua. Al momento volví a chupársela a mi compañero, primero el capullo, luego pasando toda mi lengua por su erecto y duro pene y terminando por chuparle los huevos. Luego me la puse toda en la boca y empecé a follarle así, y al mismo tiempo notaba que la lengua que tenia en mi ano se había introducido en él, y saliendo y entrando me estaba siendo follada por el culo con una lengua. Aquí tome otro orgasmo de campeonato y paré al mismo tiempo de chupar, ya que notaba que en caso contrario mi pareja se iba a correr en mi boca.

Les pedí que cambiaran de posición y entonces diciéndole a nuestro amigo que esta vez no se aguantara, le empecé a chupar su polla, mientras que a mi marido le ofrecí mi culo ó mi coño para que escogiera; él escogió mi coño y llevando su boca hacia ahí, empezó a pasarme la lengua a lo largo de toda mi raja varias veces para terminar dedicándose a lamerme y darme pequeños golpecitos con ella en el clítoris. Yo mientras fui chupando con más intensidad la polla de nuestro amigo mientras que con una de mis manos le iba masturbando al mismo tiempo. Mi compañero me estaba succionando el clítoris y eso para mi es mortal, pues tomo unos orgasmos fuertísimos y seguidos que casi hacen que me desmaye. Así que con la polla de nuestro amigo en la boca tuve que parar para concentrarme en el placer que estaba recibiendo. Al rato mi marido paró con su lengua y yo continué con la mamada a nuestro amigo hasta que de pronto noté como la polla de mi compañero se introducía en mi coño y una de sus manos acariciaba mí ya excitadísimo clítoris. Esto me hizo aumentar aún más el ritmo de mi chupada, el ritmo me lo iba marcando los embites que mi marido me daba, hasta cierto momento en que noté una especie de erupción en mi boca y sin tiempo de nada sentí dentro de ella una inundación de leche que casi me ahoga. Sin sacarme la polla de nuestro amigo de la boca, empecé a notar en mis entrañas el anuncio de un nuevo y bestial orgasmo, al tiempo que notaba también mi coño inundado por la descarga de semen de mi pareja. Los tres estábamos agotados por todo lo sucedido aquella noche tan intensa, así que decidimos concluir aquella sesión de sexo, exhibicionismo y morbo.
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