jueves, 12 de noviembre de 2009

Concejos para el orgasmo

hablar de esos orgasmos que desaparecen antes de haberlos catado. Sí, chicas, muchas veces los dejamos escapar y la verdad es que es posible controlarlos para que eso no ocurra. Claro que antes tendrás que aprender a evitar estos cinco errores...

Consejo 1:
No saltarse los juegos sexuales previos
El escenario: tu chico está listo para la acción, pero tú no, o al menos no al mismo nivel que él. Y lo peor es que crees que si le pides un poco más de tiempo él pensará que eres una estrecha o una frustrada. Vamos que, por lo que sea, te sientes insegura y no te atreves a hablar y, al final, él entra en acción y tú no sientes nada de nada. Verás, se ha comprobado que se necesitan unos veinte minutos de excitación para que el cuerpo femenino esté preparado para el orgasmo. Es entonces cuando el clítoris y otras partes del cuerpo están más sensibles a cualquier estímulo. Y, según indican los sexólogos, si te saltas esta fase previa te resultará más difícil llegar al orgasmo.

Puede que veinte minutos te parezcan una eternidad, pero lo cierto es que a un buen amante no le importará esperar. De hecho, si sabe aprovecharlos bien son una estupenda oportunidad para aumentar su propia excitación. Paula, una secretaria de 27 años, lo confirma: “A mí me costaba mucho llegar al orgasmo y le dije a mi chico que no se preocupara si no conseguía tenerlo.

Una noche, me tumbó en la cama y me pidió que le dejara hacer. De pronto lo sentí. Tuve un orgasmo fantástico y te aseguro que él disfrutó de todos y cada uno de los minutos que dedicó a acariciarme y estimularme”. Lo mejor de todo, querida lectora, es que conseguir tener un orgasmo durante los juegos previos es el preludio perfecto para llegar al clímax durante el coito propiamente dicho.
¿Acaso, y sólo por eso, no merece la pena pedirle a tu chico que retrase un poquito el momento?

Consejo 2:
No pensar en otra cosa
Es muy fácil distraerse durante el sexo porque es inevitable que surja algo que te descentre. Desde un “Vaya, ¿eso que ha sonado es mi estómago?” hasta “No me gusta nada ese lunar que tiene en el pecho. Debería vérselo un médico”. Y, por desgracia, en cuanto la mente se va a otra parte, adiós al orgasmo.

El cerebro ejerce un papel fundamental durante el sexo: registra sensaciones y libera sustancias químicas que provocan buenas vibraciones por todo el cuerpo. Cualquier distracción es capaz de alterar el proceso de excitación, reducir los impulsos sexuales en el cerebro y bajar la sensación de placer a cero.

Puesto que controlar los pensamientos es algo muy complicado, lo único que puedes hacer cuando sientas que no estás a lo que estás es intentar poner toda la atención en tu cuerpo. Céntrate en lo que sientes y en cómo respondes a los estímulos y, si lo necesitas, no tengas reparos en tocarte a ti misma o colocarte en una postura en la que sabes que llegarás al clímax.

Otro buen recurso es concentrarte en la respiración. Respira lentamente, siendo consciente del ritmo, e intenta sincronizarlo con el de tu pareja. Este tipo de respiración yóguica ayuda a potenciar las sensaciones, además de conectarte a un nivel más profundo con tu amante.

Cosnejo 3:
No te olvides del punto G
Cuando hablamos del placer femenino, el punto G es una auténtica bomba de relojería peeeeero, la joya de la corona es el clítoris. En este punto de la anatomía femenina existen muchas más terminaciones nerviosas que dentro de la vagina, y por eso es muy difícil que una mujer llegue al orgasmo sin ningún tipo de estimulación en esta zona.

¿Nuestra sugerencia? Ponte encima de tu chico, en la postura de la cowgirl, y coloca tu clítoris de tal forma que se roce con su pelvis durante la penetración. Puede que sientas que la fricción también estimula los labios vaginales. Otra opción es que le pidas a tu chico que te masturbe mientras te penetra desde la postura kamasutra del perrito o cuando tú estés encima de él. No te arrepentirás.


Consejo 4:
Hacer pis
Es muy probable que en el momento cumbre del sexo pases por alto algunas cosas aparentemente insignificantes, como, por ejemplo, la vejiga. Sin embargo, si tu chico te estimula el punto G durante la penetración podrías sentir unas ganas tremendas de ir al baño. La razón es que el punto G está muy cerca de la glándula de Skene, que a su vez está directamente conectada con la vejiga. Por eso, cada vez que sientas presión sobre el punto G tendrás la sensación de que necesitas hacer pis, aunque no sea cierto. ¿Y en qué afecta esto al sexo? Muy sencillo: te distraerás pensando que tienes otra necesidad básica que no es el orgasmo.

Además, algunas mujeres eyaculan y confunden el líquido expulsado con orina, de tal forma que cuando ven aquello, cortan el rollo y, en consecuencia, también el orgasmo queda en stand by. Afortunadamente, existe una solución muy sencilla: hacer pis antes de meterte en la cama con tu chico. Si estás segura de que no tendrás ganas de ir al baño, porque ya has ido, cualquier sensación extraña te parecerá una parte más del proceso sexual. Eso por no hablar de que hacer pis antes de la relación sexual disminuye el riesgo de contraer una infección de orina.

Consejo 5:
Las posturas Kamasutra
Las acrobacias eróticas y las posturas kamasutra están bien si quieres que tu vida sexual sea entrenida y diferente. Pero practicar todas en la misma sesión podría ser contraproducente. ¿Por qué? Básicamente porque la clave para sentir el máximo placer radica en tener una estimulación constante. Una vez que has encontrado la postura y el ritmo adecuados, necesitas controlarlos y desarrollarlos sin alteraciones. De lo contrario, el orgasmo se esfumará.
Si, a pesar de todo, se te va la inspiración en el último momento, tranquila. Recuperad la posición inicial que tanto te excitaba y daos otra oportunidad. Los segundos rounds existen para algo, ¿no crees?

Por que es muy triste no llegar al orgasmo y para la mujer es como una decepción que muchas veces nos tenemos que guardar para no avergonzar a la persona que quieres, el secreto es muy simple: para que llegues al orgasmo, tú tienes que indicarle al hombre lo que debe hacer, previa masturbación mutua, no esperes a que el hombre haga todo el trabajo, una vez que estés recontra excitada con la masturbación, ponte en la pose que más te gusta y dile a tu pareja que te siga masturbando, veras que llegas con el pene y la ayuda de los dedos frotando el clítoris, es una maravilla.
por ejemplo cuando llego al orgasmo, respiro rápido, se me estremecen las piernas y simplemente no puedo ni hablar, antes cuando no llegaba fingía gritando como loca jajajajjaa, que me quedaba, creo que las que mas gritan son las que más fingen.

Somos buenas actrices, todas, creo, en algún momento hemos fingido convincentemente, pero no tiene sentido prolongarlo. Una mujer insatisfecha, rehúye el sexo, y entra en un círculo vicioso. Cuando lo tiene, es peor que la vez anterior y menos quiere hacerlo.
En mi caso, los indicios: sofocación en los senos ( me lo hizo saber una pareja hace tiempo), respiración agitada (lo puedo fingir) , se me levantan las caderas…a veces me tiemblan las piernas (incapaz de fingirlo), en lo más intenso mi espalda se arquea y emito unos quejidos profundos (incapaz de fingirlo), los labios vaginales aletean ( incapaz de fingirlo), al pasar…lucho con las ganas de separarlo (imperceptible para él, espero…preguntare), mojada hasta los muslos(esto no siempre) si la posición lo permite buscó abrazarlo, si no, buscó hacerlo lo mas rápido posible.
Los signos mas notorios para mi son los pezones en punta y la lubricación vaginal , creo que estos dos puntos son fáciles de comprobar.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Estudiantes

Esta historia me sucedió hace más o menos unos 6 meses. Vivo en un apartamento con dos amigos y una amiga. Los cuatro éramos estudiantes universitarios. Yo estudiaba Ingenieria Civil, mis dos compañeros Derecho e Ingenieria Ambiental respectivamente. Claudia, nuestra compañera de apartamento, estudiaba Psicología. Estudiábamos en distintas universidades y pasábamos muy poco tiempo juntos.
Una noche, me encontraba estudiando para un parcial que tenía al día siguiente. Había entrado en mi cuarto, prendí el reproductor de CD y me recosté en la cama con el libro de Cálculo. Llevaba más de dos horas estudiando y eran más de las 9:30 P.M. cuando tomé un descanso para ir a comer algo. Al pasar por el cuarto de Claudia, escuché voces que conversaban, voces de mujer. No le presté atención, me dirijí a la cocina, comí algo y me volví al cuarto.

Me sorprendió bastante no volver a escuchar ninguna voz. No había visto salir a nadie del apartamento. Pensé que podía estar en el baño. Verifiqué que la puerta del baño estaba abierta y la luz apagada. Pegué la oreja a la puerta esperando oír algo. Alcancé a escuchar un leve gemido procedente del cuarto de Claudia. Me excité de sólo pensar qué podría estar haciendo y se me puso tiesa la polla. La toqué por encima del jean (tal y como estoy haciendo ahora al recordar). Llevado por la curiosidad, abrí sigilosamente la puerta.
Claudia estaba de espaldas, mostrándole su culito a su amiga mientras ella le introducia los dedos por la vagina y la lengua por el ano. Tanto Claudia como su amiga estaban muy bien, tenían unos senos bien redonditos y un trasero inigualable. Seguí mirando durante unos minutos hasta que tuvieron un orgasmo y la amiga de Claudia (más tarde me vine a enterar que se llamaba Andrea) le dijo que tenía que irse.
Fuí a mi cuarto para tratar de retomar el estudio, pero me era imposible concentrarme. Cinco minutos después escuché la puerta del apartamento cerrarse y Claudia ir al baño. La ducha se abrió y yo sentía que la polla me iba a estallar. Esperé a que Claudia desocupara el baño para entrar y pajearme. Cuando sentí que el agua no caía más, me dirijí a la puerta y, calculando un minuto, la abrí y salí al hall. Claudia llevaba la toalla atada al rededor de su bien formado cuerpo. Se sorprendío al verme.

- ¿Tu estabas aquí? -me preguntó. - Estaba estudiando. Tengo parcial mañana -le respondí. - ¿Desde qué hora estás aquí? -me preguntó, como si temiera algo. - Bueno, mira..., yo ví lo que hacías con tu amiga, pero fresca, yo no le voy a decir a nadie..., no te preocupes -le dije.
Ella se calmó un poco. Notó que mi pene estaba erecto y que tenía urgencia de ir al baño. Me agradeció que no dijera nada pues si sus padres se enteraban la harían volver a la ciudad de donde ella era. Yo le reiteré que no diría nada y que no se precupara. Ella entró a su cuarto y yo al baño. Entré y pasé el seguro. El baño olía todo a su perfume, eso me excitó más. Me masturbé fantaseando que ella era quien masajeaba mi pene, y que se lo introducía todo en su culito.
Pasaron algunas semanas sin que se dijera nada del tema. Yo había olvidado casi por completo el asunto. Una noche, en el apartamento, estaba yo solo. Mis compañeros y Claudia habían salido a rumbiar. Me estaba poniendo cómodo cuando timbró la puerta. Me pregunté quién podía ser a esa hora pues eran más de las 9. Abrí la puerta y allí estaba Andrea. Me sorprendió bastante verla a esa hora.
- Hola, ¿está Claudia?-me preguntó. - No, salió. Lo más probable es que se demore. - Bueno, si puedo esperarla..., quedamos en que yo viniera aquí a las nueve y media para estudiar un rato. - OK.
Empezamos a charlar y, al cabo de una media hora, salió el tema del sexo. Creo que fue mi impresión pero ella trataba de insinuarme que era virgen y que deseaba iniciarse. Me preguntó si yo había tenido alguna experiencia sexual anteriormente. En son de burla le dije "¿solo o con compañia?". Reímos un rato hasta que, sorpresivamente, mi pene se levantó y ella estiró su mano y me lo masajeó por encima del jean.
- ¿Te molesta? -me dijo. - No, para nada.
Sacó mi pene del jean, se arrodilló y empezó a mamármelo. Primero jugaba con mi glande y, de pronto, se la metió de tajo, toda. Es la mejor sensación que yo haya experimentado jamás y Andrea era una profesional en eso. Cuando ya iba a eyacular, dejó de mamar y, con la mano, me hizo la paja más deliciosa que haya podido recibir.
En ese momento me preguntaba si Claudia no le había contado que yo las había visto hacía algunas semanas y estaba tratando, por el mejor de los métodos, de que no dijera nada. Cuando las primeras gotas de semen salían, introdujo mi polla en su boca y me vine en ella.
Se levantó y se fue quitando su blusa, luego la camiseta para, por último, dejar al descubierto sus hermosos y redonditos senos sostenidos solamente por el brasier. Se despojó de sus jeans y, quedando en paños menores, estaba a toda mi disposición. Le acerqué mis manos a sus caderas y la atraje hacia mí. Para ese momento mi polla estaba recuperando su tamaño, estaba caliente.

Su vientre quedó a la altura de mi cara y la besé, al comienzo algo lento, pero luego locamente. Ella emitió un pequeño gemido. Lentamente, me fue quitando la camisa mientras yo me deshacía de los pantalones. Terminé de desnudarla con la boca, completamente desnuda, y se veía más hermosa que con ropa. Noté que tenía su coño depilado, y me excitó ver sus labios vaginales mojaditos. Le dije que se sentara. Se recostó en el sofá y, lentamente, le introduje primero dos dedos y luego la lengua. Jugaba con su clítoris y cada segundo lanzaba unos excitantes gemidos. Llegó a su primer orgasmo.
Justo cuando Andrea llegaba a su primer orgasmo de la noche (esa noche tuvimos como cinco), Claudia entró al apartamento. No nos fijamos en ella hasta que se acercó silenciosamente al equipo y cambió la música. Yo me sobresalté al ver a Claudia.
- Qué divertido,¿ no? ¿Me invitan a participar? -dijo Claudia con tono de burla.

Andrea se paró y le dio un beso a Claudia en la boca, lo cual me excitó tremendamente. Mientras Claudia se desnudaba, Andrea le masajeaba el coño. Se acercó a mí y me acarició el pene. Andrea me dijo que quería que penetrara a Claudia mientras Claudia se lo mamaba a ella. Andrea se acostó en el piso y Claudia acercó su cara al coño de Andrea, mientras yo la penetraba por la vulva y le introducía un dedo por el ano. Andrea emitió un grito fuerte, lo que me sobresaltó, y le dije que debíamos producir el mínimo de ruidos o los vecinos sospecharían.
Yo me movía primero despacio y después rápido. De pronto, paré y busqué con mis manos los senos de Claudia. Jugeteé un rato con sus pezones. Andrea llegó al orgasmo y se separó de Claudia. Se acercó a mi y me dijo que penetrara a Claudia por el ano, que a ella le gustaba. Saqué mi pene de su vulva y, con los dedos, fui separando sus nalgas y, lentamente, le metí la punta del pene. Ella empezó a gritar y Andrea rapidamente le tapó la boca.
Viendo que Claudia tenía la boca tapada y que difícilmente podía gritar, le introduje mi pene de una. Unas lágrimas le rodaron por las mejillas. Eso me excitó soberanamente. Cuando Claudia llegó al orgasmo, se levantó y me dijo que quería mamármelo. Me senté en el piso y ella se echó enfrente mío y, de tajo, se lo metió en la boca. Yo sentía que me venía y, como si Claudia lo supiese sin yo decírselo, se paraba y, con la mano, presionaba debajo del glande. Mientras, Andrea se sentó encima de Claudia y se masturbó en frente mío.


Tras unos diez minutos en eso, le dije que quería hacerme una cubana. Me miró algo sorprendida y me dijo "Vamos, nene, estoy toda a tu disposición". Se echó en el piso, tomé sus senos y metí mi pene entre ellos. Andrea llegó a otro orgasmo, se acercó a Claudia y, sin decirle nada, le puso su coño en la boca. Claudia mamaba el coñito de Andrea y, con la otra mano, se masturbaba. Llegamos los tres al tiempo al más delicioso orgasmo que hallamos podido tener. Yo me corrí en los pechos de Claudia y Andrea lamió mi semen con morbo de los pechos de Claudia.
Finalizamos más o menos como a la una de la madrugada y mis compañeros no habían llegado todavía. Al final, Andrea se quedó a dormir en el cuarto de Claudia (no sé si harían algo) y yo me fuí a dormir. De vez en cuando nos reunimos para hablar sin tema fijo, y de aquella noche no hablamos nunca.

Vacaciones

Esta historia me sucedió este verano, y se convirtieron en las vacaciones más excitantes de mi vida. Yo los tres últimos años voy con mis amigos a un sitio de la costa, donde un amigo mío cuenta con un apartamento. En esa misma localidad mi primo y su mujer tienen un chalet. La mujer de mi primo, Lupe, pasa allí casi los dos meses de verano, mientras mi primo apenas va veinte días, ya que trabaja.
Lupe era una mujer espectacular a pesar de tener ya dos hijos, pero apenas cuenta con 27 años. Tiene unos pechos de la talla cien. Yo ya lo sabía, porque en agosto, algún día que van al pueblo, yo aprovecho cualquier oportunidad para robarla la ropa interior y masturbarme con ella. Esa practica la tengo ya desde hace muchos años.
Volviendo a la historia, este verano, yo me encontraba con mis amigos por el rastro que ponen los miércoles en la ciudad. Allí de repente me vino un niño pequeño agarrando de las piernas y cuando me gire era su hijo. Entonces apareció ella con su otra niña. Así empezamos a hablar que como me iban las vacaciones y todo eso. Ella me invitó a comer a su casa, y así iba a la playa privada que tenían la urbanización de 15 apartamentos donde vivían. Me dijo que allí hay unas extranjeras en tetas impresionantes.
Así que despidiéndome de mis amigos nos fuimos los dos niños, ella y yo. Pasamos desde las doce que llegamos hasta las tres en la playa, y efectivamente había un grupo de alemanas en top-less que eran impresionantes. A las tres fuimos a comer:
- Voy a mirar haber si hay algún bañador de Basilio para que te pongas, porque sino me llenas todo de agua y tierra, además así se te seca para la tarde. Mientras vete poniendo la mesa

- Vale
A los cinco minutos:
- Ven a mi habitación. No he encontrado bañadores pero hay algún calzoncillo así que ponte el que quieras
Entonces ella se quito la parte de arriba del bikini y estuvo andando por la habitación en busca de una camiseta. Yo al llevar bañador no podía disimular mi bulto. Ella se percato y siguió con lo suyo hasta que se puso la camiseta. Ella me dejo y yo me metí al baño que hay dentro de la habitación y empecé a masturbarme como un loco. Yo notaba como si ella me estuviese espiando pero cuando termine y salí, ya con el calzón puesto, solo pude oírla alejándose por el pasillo.
La comida transcurrió normal, con los dos niños jugando. Después ella les acostó y me dijo que me sirviera un pacharán y a ella también. Ella llegó y empezamos a hablar de cosas triviales, hasta que me preguntó:
- ¿Qué tal de chicas estas vacaciones?
- Bueno lo justo, pero poca cosa
- Así que no has llegado a mayores
- Pues a mayores, lo que se dice mayores, no
- Tranquilo, todavía te quedan cuatro días, y quien sabe lo que puede pasar. Cuando menos te lo esperas, zas. Bueno, vamos a la playa, ahora no hay casi nadie y esta muy tranquilita.
Fuimos a su habitación, ella nada más llegar se quito la camiseta, tenía los pechos todavía sin cubrir, y abajo ya no llevaba el bikini, sino que llevaba una braguita. Me dijo que me diera prisa, pero yo estaba paralizado. Ella se quitó la braguita, quedándose completamente desnuda. Mi bulto no se podía disimular en los boxer. Empezó a ponerse la parte de arriba, y me pidió que se lo atará por la parte de atrás. Yo lo hice gustosamente. Pero después ella se giro y me dijo:
- Pero todavía así, anda toma el bañador y póntelo, que luego se despiertan los niños.
Me lo trajo y al ver mi bulto ella me apretó el bañador contra mis partes.
- Por lo que veo te has excitado conmigo
- Bueno, yo
- No pasa nada es normal, sé que todavía tengo un buen polvo
- Bueno, es que
- Si, que no has podido evitarlo. Como esta mañana ¿no?
- Cuando
- ¿Cómo que cuando? Cuando has ido a masturbarte al baño, que te he visto
- Bueno, yo
- Si no pasa nada. Venga te lo voy a poner yo
Ella todavía no se había puesto la parte de abajo del biquini y poniéndose de rodillas me bajo el calzón y dijo:
- Pues si que te he puesto cachondo

Al tiempo me dio un beso en la punta del capullo. Se puso en pie y se dirigía hasta la cama. Yo no pude evitarlo y la agarré por detrás y la empecé a tocar la concha, que por cierto tenía húmeda. Primero empecé con un dedo, muy despacio, luego con dos, pero ella quería más y terminé metiendo cuatro. Ella disfrutaba mucho y yo estaba cumpliendo una de mis fantasías eróticas. Ella alcanzó el orgasmo. Pero se levantó y se dirigía hacia la puerta, yo la dije que no se podía ir, que ahora no. Pero ella solo puso el pestillo de la puerta. Vino muy rápido y se tuvo en la cama:
- Ven que vas a saber lo que es una buena cubana.
Yo me puse encima de ella de manera que me apretó mi polla entre sus dos enormes tetas. Nunca antes me habían hecho una cubana. Era algo fantástico que me hizo correr muy pronto, me corrí sobre su cara y sus tetas, ella lamía lo que había caído cerca de su boca y luego lamió lo que quedo en mi pene. Y siguió lamiéndomelo, metiéndosela hasta que sus labios chocaban contra mis testículos. Se notaba su habilidad succionadora. Después de hacerme llegar al orgasmo me corrí dentro de su boca hasta que la dejé casi ahogándose y se la salía por los labios, pero después de tragárselo también se lamía los labios.
- Ahora te toca a ti comérmelo todo
Tumbándose en la cama me dejo toda su almeja abierta para que yo lo hiciera con la boca. Así fue, yo empecé a lamérselo suavemente, y también lamía sus alrededores depilados. Después de un rato empecé a introducir un dedo por su culo, ella de placer me agarro por la cabeza y me la apretó más contra su húmedo coño. No tardo en alcanzar el orgasmo mientras me tiraba aun más fuerte del pelo. Me dijo que la follará, que no podíamos descansar ya que los niños no tardarían en despertarse. Así fue, empecé a introducir mi verga por su muy lubricada almeja, empezamos despacio, pero en seguida ella aceleró los movimientos. Era un desgaste inmenso, al igual que era un placer infinito. Lo hicimos durante un buen rato. Después llegaba la despedida:
- Ha sido algo increíble, he soñado muchas veces con esto
- Bueno, yo no lo esperaba, pero al verte empalmado y ver como te masturbabas en el baño, no te podía dejar marchar así.
- Muchas gracias, pero espero que no hagas esto muy a menudo, porque si no Luís no puede entrar por las puertas.
- De los siete años de casados solo lo he hecho un par de veces, de forma casual, pero lo de hoy ha sido fantástico. Pásate esta noche a eso de las doce haber si ya has recuperado fuerzas. Haré una cena especial.

Esa noche me pase por su casa sobre las doce y ella me abrió vestida solo con un tanga y un beso en la boca. Pasamos a su habitación, la mesa estaba llega de marisco. Me dijo que para cenar había que desnudarse. Yo enseguida me quede completamente desnudo. Me dijo que la cena la tenia congelada para cuando viniera su marido pero que este era un mejor momento. Empezamos a comer unas nécoras y unas cigalas. Cuando llegamos a los langostinos ella se puso uno sobre sus labios vaginales, yo fui a comerlo y empecé también a comerla toda su concha. Me paro, me hizo poner en pie y después de echarme mayonesa por toda la polla comenzó a chuuparmela y a lamerla cuando iba a correrme me puso en dirección a su plato de langostinos y me corrí sobre sus langostinos. A continuación se echó mayonesa por todas sus tetas para que yo las chupara, a la vez la iba masturbado con dos dedos, una vez limpiada toda la mayonesa de sus pechos baje la cabeza para terminar el trabajo anterior hasta que ella alcanzo un sabroso orgasmo. Después me dijo que continuáramos cenando porque quería saborear todavía los langostinos. Ella comió sus langostinos impregnados por mi semen.
Después de la cena decidimos hacerlo en el agua del mar. Completamente desnudos salimos de casa y nos zambullimos en el agua. Yo nunca lo había hecho bajo el agua. Nos cubría por los pechos, y los de ella flotaban como dos boyas. Nos fundimos en un gran beso y nos sumergimos debajo del agua. Después de salir otra vez ella se volvió a sumergir para chupar mi verga debajo de agua pero enseguida tuvo que subir de nuevo. Agarrándola por las piernas la levante y me las puso por la espalda enrolladas mientras yo empece a penetrarla. Estuvimos haciéndolo mucho tiempo. El esfuerzo que yo realizaba era menor y la sensación era maravillosa. Cuando yo me corrí dijo que lo mejor era volver a casa porque podían vernos algún vecino.
En casa nos duchamos juntos fundidos en besos y mordisqueando sus enormes pezones. En la cama seguimos con los besos y las caricias. Empecé a rozar con mi mano por su culo y ella dio un leve gemido que me incito a seguir acariciando esa zona, así que introduje un dedo por su culo, cuando iba a introducir el segundo ella me quito la mano y me empezó a lamer los dedos para que estuviesen más lubricados. Así que introduje los dos dedos humedecidos.

- Dame por detrás ya, que no aguanto más
No tarde ni un segundo el sacar los dedos y ella me empezó a lamer todo mi miembro y a escupirle para ponerse luego a 4 patas. Yo introduje mi polla y ella dio un grito de dolor pero a medida que yo aceleraba los movimientos ella cambio esos gritos de dolor por gritos de placer. A los cinco minutos yo descargue dentro de su culo. Después nos fundimos en un beso y me fui a duchar. Cuando regrese ella ya se había dormido. Yo también caí rendido a los cinco minutos. Nunca en un solo día había hecho tantas veces el amor, porque lo que hicimos es el amor
Hoy todavía nos solemos ver una o dos veces por semana en su casa, y lo convertimos en unos polvos fantásticos, siempre estamos innovando lugares, posturas y situaciones y resultan unos polvos inolvidables. Yo me encuentro loco porque lleguen esos días, estoy muy enamorado pero no se si es de ella o de los polvos que echamos. No se lo que durara esto, pero mientras ambos disfrutamos como locos.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Ser bisexual es lo mejor.

Esta historia me ocurrió hace pocas semanas, aunque se estuvo gestando meses. Tengo 22 años, soy lesbiana y mi cuerpo es muy bonito, dicen. Trabajo en una pizzería de encargada, con otras seis personas entre las que se encuentran una chiquita de 17 años y un chico de 19. Puedo contar lo que nos sucedio, porque salio bien y estoy contenta. Empiezo: A mí la niña me tiene loquita desde que entró hace un año, días después de cumplir los 16. Yo le gusto al chico, aunque no me lo ha dicho, sólo que lo noto cuando le miro a los ojos y se pone colorado. A ella le gusta él, siempre le está mirando. A él no le gusta ella porque la ve muy joven. A mí no me gusta él, ni ninguno, claro. A ella no le gusto yo porque es hetero. Un triángulo imposible. El caso es que ella siempre escuchaba con atención las conversaciones de las compañeras y compañeros, cuando se referían al sexo, diciendo que es algo maravilloso por supuesto. Hasta sus amigas se lo decían siempre. Esto hizo que ella se imaginara cosas y siempre dijera que le gustaría probar cuanto antes. Reconozco que yo la tocaba siempre que podía, notando mi corazón acelerarse y un calor exagerado. Estaba encoñada de esa criatura, en serio. Sus pechitos pequeños y redonditos, su culito prieto y a la justa medida de mis gustos, su cara virginal, pelo algo largo, rubito, ojos verdes rasgados... De miedo. El caso es que un día salimos a cenar todos juntos, pues tuvimos avería en la pizzería y cerramos. Tras la cena nos fuimos a un pub y charlamos en grupos o de dos en dos. Somos en total 9 personas. En una de las veces, quedamos hablando la niña y yo. Sacó el tema del sexo y de la pérdida ansiada de su virginidad. Entre risas causado por el alcohol, le dije que no se precipitara, que por querer hacerlo cuanto antes se la llevaría cualquier asqueroso de esos que sólo van a lo suyo y le haría daño sin dejarla disfrutar. Busca a alguien que sea sensible, que sea limpio de cuerpo y alma, alguien de quien te puedas enamorar, le dije. Ella respondió con pesadumbre, indicando al mencionado chico con la cabeza: Si quisiera él... Ya, contesté yo, pero a él le gusto yo y no tú. Lo siento. Pero te lo regalo, porque, no sé si lo sabes, pero no me gustan los hombres. Su cara fue un poema, pero no se molestó y siguió hablando y riendo conmigo. Los días transcurrieron sin pena ni gloria y dos meses después nos dijo que iba a ser su cumpleaños en una semana y que nos invitaba después del trabajo a tomar algo en una disco. Cuando salimos esa noche, me presté para llevarla a casa en mi coche y aceptó. Yo fui todo el camino mirándola de reojo y en un par de ocasiones noté cómo ella me miraba a mí. Yo pensaba que era por el flash que se llevó con mi declaración de homosexualidad, pero no le di importancia. Cuando llegamos a su portal, paré y le pedí que me dijera que regalo quería para su cumpleaños, pues desconozco sus gustos. Rápidamente lanzó un "tu regalo serás tú misma". La miré alucinada, extrañada, sorprendida y muy muy feliz. Al ver mi sorpresa, me dijo: Ya se que las lesbianas lo haces con consoladores que piensas con un cinturón, quiero que lo hagas tu con uno de esos. Asentí con la cabeza y le dije que ya hablaríamos sobre el tema y me fui. Mi sonrisa era de oreja a oreja en el camino a casa. Toda esa semana estuve planeando cómo hacerlo. Dos días antes de la celebración, recogiendo en el local, tanto el chico, como ella o yo, nos percatamos mirándonos unos a otros. Se me encendió la luz y decidí hablar con él. Y así lo hice. Le propuse un trío con ella, sabiendo que no le atraía mucho la niña. Alegué que él podría estar conmigo y no lo pensó más, aceptando al momento. Y llegó el gran día. Salimos de trabajar, nos fuimos a duchar y nos reunimos en la disco. Nosotras dos estuvimos poco tiempo. Le di una llave de mi casa al chico y nos fuimos ella y yo. Llegamos a casa. La vi nerviosa. No sé si por la situación de estar a punto de hacer el amor con una chica o porque iba a dejar de una vez de ser virgen. Comencé a besarla suavemente en la cara, en los labios, en el cuello... Se tiró a mi boca y me morreó como si fuera su amor de toda la vida. La llevé a mi cuarto y la tumbé en la cama boca abajo. Le quité la blusa y besé y lamí su espalda. La giré y besé y lamí su torso. La giré y le quité el sujetador, lamiendo todo de nuevo. Comiéndole y besándole las piernas y el resto. La giré e hice lo mismo por delante. A cada prenda que le quitaba, besaba mordía o lamía la parte descubierta y el resto, primero por detrás y luego por delante. De ese modo, acabó desnuda y con su chochito ante mí, para que yo se lo comiera como nunca nadie repetirá, estoy segura. Llegó al orgasmo en pocos minutos, pero no me detuve, por supuesto. Le metí un dedo con cuidado de no romper nada aun, mientras chupaba su clítoris, tan jugoso con todo mojadito alrededor. Se desasía y retorcía gimiendo sin articular palabra. Le rebocé todo el cuerpo con la lengua, los labios, los dientes y se moría de placer. Otro orgasmo. Con un grito me pidió: Rómpeme ya el virgo por favor!! Saca ese aparato y métemelo hasta el fondo!! Entonces di paso a la segunda fase de mi plan. Le dije que lo haría, pero no todavía, que era mejor hacer una cosa que daba mucho morbo y ponía a 1000 por hora a cualquier persona. Naturalmente aceptó. Saque de la mesita de noche unos pañuelos negros y le até las muñecas y los tobillos a la cama con 4 de ellos. Con el que me quedaba, le vendé los ojos. Prepárate que vas a morir de placer; esto será el mejor polvo que tengas jamás, le anuncie. Entonces le acaricie todo el cuerpo muy suavemente, casi sin tocarla. Se estremecía y gemía. Follameeeeeee!!!!, repetía la pobre. Todavía no, le dije. Antes me voy a masturbar y así te calmas, que llevas ya unos cuantos orgasmos y puede ser malo. Me hizo caso, pues no sabe mucho del tema. La dejé para que se relajara, dando paso al tercero que nos faltaba, que llevaba mirando un buen rato escondido. Me abrí de piernas y él comenzó a chuparme el chochete. Estaba encantado el hombre. Me comió la almeja y todo lo que se come. Lo cierto es que yo disfrutaba mucho, para qué negarlo. Cuando tuve mis correspondientes orgasmos, le dije a la niña que era el momento, que me iba a poner el dildo, pero antes le mojaría de nuevo la vagina. Lo que quieras!!, gritó. Me puse a ello, mientras el chico me lo comía a mí, luego me subí un poco y le pedí a ella que chupara el consolador, lo que empezó a hacer sin mucha habilidad, pero daba lo mismo, era un aparato sin sensibilidad. Le comí las tetitas de nuevo y me retiré. Ahora va el desvirgamiento, le anuncié. Venga, dijo ella. La desaté, pero no le quité la venda. Lo que sí hice fue atarle de nuevo una mano a la otra, para que no pudiera tocar su sorpresa, su auténtico regalo de cumpleaños. La atraje hasta casi el borde de la cama y estando yo de rodillas empecé a frotarle el coñito con el dildo, mientras el chico me la metía a mí. Después de un ratito así y ciento que ella estaba desesperada por tener algo dentro, me retiré y la arrastré hasta el mismo borde de la cama. El chico, en pie, empezó a introducir su buen nabo en el chochito de mi niña. La excitación y su falta de práctica no la dejaron notar que el pene era de verdad y más gordo y las manos de un hombre. Poco a poco fue frotando sus labios con la verga, luego empujó con la puntita, luego la sacó y frotó de nuevo. Finalmente, se la metió entera en tres embistes acertados. Ni se quejó mi reina. El chico se la folló como mandan los cánones. Cuando se iba a correr, la sacó y se abalanzó sobre ella, poniendo la polla cerca de su boca. Yo ayudé, diciendo a la niña que chupara el consolador. Lo hizo. Y el se corrió dentro de su boca. Le dio una pequeña arcada, pero siguió chupando; estaba muy caliente. Chupó hasta dejar seco aquel "consolador". Antes que reaccionara, la cogí deprisa y la até de nuevo, mientras se relamía. Me dijo: Jolin no se como será la leche de un tío, pero la que trae este cacharro esta buenísima! Me reí y él tuvo que aguantar la carcajada. Pedí a la niña que se relajara, para penetrarla otra vez, ahora que ya no había obstáculos. Aceptó. Entonces me tumbé en la alfombra y me abrí de piernas. Tenía que recompensar al chico, por su amabilidad y porque me deseaba de veras. Primero me comió el coño, lo lubricó y me folló un ratito, luego me giré y me lamió el ano, para meter todo su cacharro hasta el fondo. Lo único que no hago es chupársela a un tío, pero sí que deje que se corriera en mi pecho con una cubana. Luego me puse el dildo y me folle de nuevo a la niña, mientras él me mordía el culo y me sobaba las tetas. Y el chaval era cumplidor, porque, y ahora viene el final, desatamos a la niña, le quitamos la venda y... lloró como una bendita, mi vida, cuando vio a su amado. Él estaba como un toro de nuevo y, como he dicho, cumplió otra vez, ensartando a la niña y acabando dentro de ella. Cuando la sacó, ella chupó de nuevo, notando que el sabor era el mismo Lo repetimos a menudo, ya con los ojos abiertos los 3 y hasta se la mamamos entre las dos al chico.