domingo, 2 de agosto de 2009

Descubre el punto G masculino y ¡muchos más!



El cuello, la oreja, el pecho, la parte baja de la espalda y, por supuesto, los genitales. El cuerpo del hombre está lleno de zonas erógenas. Ahora sólo tienes que descubrirlas y aprender qué puedes hacer con, sobre y en cada una de ellas.


Zonas erógenas masculinas

No hace falta ser un genio para saber cuál es el lugar de su cuerpo que tu chico espera que colmes de atenciones y mimos varios. Pero por fortuna en la anatomía masculina hay otros tantos puntos lujuriosos que, debidamente estimulados, llevarán a tu hombre a cotas de placer superiores a las que está acostumbrado. Según Ian Kerner, autor de Ellas llegan primero (Punto de lectura): "Estimular estos puntos le resultará superplacentero y creará cierta tensión sexual que incrementará el flujo sanguíneo en dirección a los genitales. Esta excitación intensificará sus contracciones pélvicas y potenciará el orgasmo". El hecho de que sean sitios inesperados en donde es muy probable que nunca antes le hayan tocado añade una dosis de picante y se convierte en una de las zonás erógenas masculina. He aquí el mapa de sus puntos escondidos más potentes y la guía para activarlos al máximo.
Su punto G
La próstata del hombre (esa glándula del tamaño de una avellana que se localiza bajo su vejiga) es el botón mágico para volverlo loco de placer. Para estimularlo, mientras le das sexo oral o durante la penetración, coloca dos dedos sobre la piel que está entre sus testículos y el ano. Tal y como explica Kerner: "Su próstata está situada en ese punto, aunque en el interior del cuerpo. Al presionar justo ahí lo que haces es rozarla de forma indirecta". Cuando sientas que tu chico está a un paso del orgasmo, presiona el área rítmicamente una vez por segundo hasta que llegue al clímax. Y si quieres, y él se atreve con una técnica más potente, estimúlale analmente. Cuando estéis en la postura kamasutra del misionero o en la de la cuchara (de lado), acaríciale alrededor de su "puerta trasera". Si no se queja ni pierde intensidad en la erección, es que tus movimientos le gustan.
¿Quieres dar un paso más? Pregúntale si puedes penetrarle. A unos tres centímetros de profundidad y hacia la parte delantera de su cuerpo sentirás una protuberancia redonda, ésa es la próstata. Puedes tocarla ligeramente o acariciarla con la punta del dedo, con movimientos rápidos y firmes o más lentos. No olvides tener las uñas cortas, usar mucho lubricante y estar pendiente de su reacción.
Su punto C
La oreja también tiene su punto G y, concretamente, el borde exterior de la misma, es otra zona superexcitante. "Esta firme prominencia cartilaginosa en forma de C alberga una gran cantidad de nervios", explica Barbara Keesling, autora de "Cómo volver loca a la mujer en la cama" (Robinbooks). Bésale en el cuello lentamente y ve desplazando tus labios hacia la parte trasera de la oreja. Apoya los labios en la zona alta del pabellón auditivo y recorre el borde de modo que roces la parte trasera y delantera de la oreja al mismo tiempo. Cuando sientas que su nivel de excitación está a tope, habrá llegado el momento de mordisquear y succionar su punto C. ¿Un toque extra? Acaríciale los genitales al mismo tiempo y con el mismo ritmo. Lo volverás loco porque es una de las zonas erógenas masculinas más demandadas por ellos.
Su punto 8
Este rincón es una bomba de placer . Coloca el dedo en la base de su pene, en el punto exacto donde se une a los testículos. "Esta zona está recubierta de un tejido igual de sensible y eréctil que el del pene", señala Kerner. Dibuja con la punta del dedo un anillo alrededor de la base de su miembro (ésa es la parte superior del ocho), entonces dibuja otro alrededor de su escroto justo en donde se adhiere al cuerpo (ésa es la parte inferior).
Durante los juegos sexuales previos dibuja ese ocho imaginario con el dedo o estimula una mitad con la lengua mientras acaricias la otra. Para multiplicar las sensaciones, alterna los movimientos y así no sabrá qué es lo que vas a hacer a continuación. Haz círculos con la lengua alrededor de los testículos, esta es otra manera de excitar esas zonas erógenas masculinas y, al mismo tiempo, presiona suavemente la base del pene. Este pinzamiento retiene la sangre en la zona y prolonga la excitación un poco más. Otras ideas sexys: sujeta una taza de agua caliente durante unos segundos y después coloca tus manos tibias sobre la zona. El calor intensificará la sensación de cada movimiento.

El punto W
Dile a tu chico que se tumbe boca arriba, siéntate sobre él y coloca un dedo en uno de los laterales del pecho. Recorre el borde de su pectoral hacia abajo, desplaza el dedo hacia el centro y después hacia arriba para hacer el mismo movimiento pero a la inversa en el otro lado. Esta postura kamasutra es como si dibujaras una uve doble. Empieza con una caricia firme (ponte un poco de lubricante en la yema del dedo para que el roce de la piel sea más placentero) y luego repite el movimiento de forma más suave, con la mano o con la lengua. Cuanto más despacio le toques más excitarás todos los nervios que están bajo la piel. Alterna las caricias hacia delante y hacia atrás a lo largo de todo el punto W y no te olvides de prestar especial atención a sus pezones. Aumenta la presión y tócalos cada vez un poco más fuerte para que se concentre más sangre en la zona y la sensación de placer se intensifique.
El punto F
En uno de los lados del pene, justo por debajo del glande, hay una línea fina extremadamente sensible: el frenulum o frenillo. Es cierto que muchas mujeres tocan el punto F durante el sexo, pero la mayoría ignora cuál es la mejor técnica para estimularlo igual que se estimula el punto G. Cuando le practiques sexo oral procura que tus dedos estén sobre el frenillo.
Mueve la mano y la boca al mismo tiempo hacia delante y hacia atrás, asegurándote de llegar hasta la punta del pene para rozar el punto F en cada movimiento. Y durante el coito, por ejemplo, colocaos en una postura (como el misionero o estilo perrito) en la que sea él quien haga casi todo el movimiento a la hora de penetrarte. De esta forma él se ocupará de que su frenillo consiga la máxima fricción.
El punto X
Dile a tu chico que se tumbe boca abajo con las piernas juntas. Verás que la hendidura que queda entre sus nalgas (el pliegue en el que cada nalga se encuentra con la parte posterior de sus muslos más los pliegues de la parte interior de sus muslos) forma una X. "Acariciar el punto X es excitante porque te acercas al ano, al perineo y a los testículos sin tocarlos directamente", dice Keesling.
Dale un masaje en la espalda y desliza las manos hasta el trasero. Presiona con cada mano el pliegue de ambas nalgas (donde se unen con los muslos) y, poco a poco, acerca los dedos entre sí.
Cuando se encuentren en la mitad desliza un dedo en dirección a la espalda mientras que con el otro presionas hacia la zona interna de los muslos. Alterna los movimientos para mantener el factor sorpresa y, para poner la guinda, lámele el centro de su punto X o su punto G, justo donde las dos líneas se cruzan.
El punto R
Los testículos son extremadamente sensibles y, de hecho, hay un pequeño punto que, bien estimulado, le lleva al placer total antes que cualquier otro roce. Se trata de esa línea que recorre el centro de su escroto de arriba abajo. Pero también es verdad que es un punto tan sensible que hay hombres que lo encuentran maravilloso y otros que ni locos se dejan tocar. Así que experimenta de qué tipo es tu chico tocándole ahí suavemente mientras le acaricias el pene durante los juegos previos.
Si se pone tenso o deja de jadear está claro que has de parar. Si, en cambio, le gusta, puedes lamerle en la zona donde el escroto se une al cuerpo. Continúa deslizando la lengua hasta llegar a la cabeza del pene y ya verás como en cuestión de segundos tu chico estará directamente en el nirvana.
El punto 0
Según los textos tántricos un ligero masaje en la rabadilla despierta el "kundalini" o energía sexual. En la base de la columna vertebral hay una pequeña protuberancia repleta de terminaciones nerviosas conectadas directamente con los genitales, igualito que el G. Por eso, acariciar esta zona es una buena manera de estimularle.
Dile que se tumbe boca abajo, coloca los pulgares sobre el punto O y muévelos en círculos pequeños. Después, bésale o lámele sobre el dibujo de la columna vertebral mientras continúas dándole ese intenso masaje en la parte baja de la espalda. Presiona de forma constante y ve alternando los movimientos firmes con otros más delicados. Cuando termines, te darás cuenta de que su columna no es la única parte del cuerpo que está dura

martes, 28 de julio de 2009

historias hot

[1]Por Aún te recuerdo MICI... ELO
Yo 18, tú 36...Yo novato, tú experta...
Yo temeroso, tú excitada...
Yo besándote apasionadamente, tú desnudándome...
Yo besando una vagina por primera vez, tú lamiendo mi pene por primera vez...
Yo sin saber cómo continuar, tú guiando mi pene a tu vagina...
Yo encima penetrándote, tú moviéndote...
Yo besándote y lamiéndote los pezones, tú arañando mi espalda y besando mi pecho...
Yo sintiendo un dolor delicioso en mi pene, tú recostándome y subiéndote encima de mí...
Yo tocando tu trasero, tu espalda, tus senos, tú moviéndote lentamente de atrás para adelante...
Yo susurrándote palabras de amor y lisuras, tú pidiendo que te penetre por atrás...
Yo colocándome un condón, tú colocando mi pene en tu ano...
Yo metiéndotelo despacio, tú gritando diciendo “así amor”...
Yo quitándome después el condón, tú regresándome a tu vagina...
Yo sudando, sintiendo placer, tú gimiendo, gritando, mojándote...
Yo eyaculando en una vagina por primera vez, tú moviéndote con más fuerza pidiéndome todo mi semen...
Yo abrazándote diciéndote te amo, tú abrazándome diciéndome no puede ser...
Yo aprendiendo a gozarte y amarte por 4 años, tú aprendiendo a alejarte aún amándome...
Yo sufriendo por perderte, tú casándote...Yo aún hoy recordándote, tu aún hoy olvidándome…

[2]Por Marie Curie
Había decidido terminar…
lo amaba pero me estaba enloqueciendo. ¿Su novia?...
no, pero sí su mujer.Me buscó hasta darse cuenta que era en serio.-“Déjame estar contigo por última vez”-rogó.-“No es buena idea”-.Insistió…
terminé aceptando.Al cerrar la puerta, el universo fue de dos.Se acercó, acarició mi mejilla:-“Siempre recordaré la primera vez…
está fotografiado en mi memoria”- dijo quedamente.Sus ojos brillaban…
ya no era suficiente.Tomó mi cara…
pasó la lengua por la cuenca de mis ojos; sonreí al reconocer la caricia de tantas veces anteriores.-Desnúdate-pidió.Lo hice, me acosté en la cama…
extendí mi mano, la tomó y besó. Abrió mis piernas, en su ascenso besó mis muslos, mi vientre, mordió mis senos… amantes por tres años…
sabía recorrerme… abrí la boca para recibir su saliva. Buscó mis labios delicadamente…
luego con fiereza. Nos acariciamos desesperados…
no había mañana, humedecí su cuerpo con lágrimas…
atrayéndolo hacia mí…
aún lo deseaba…
todavía lo amaba.Desnudos…
sin inhibición ni vergüenza… hicimos el amor por última vez. Besé su pecho…
sorbí sus tetillas…
grabé su aroma lamiendo su cuerpo.No permití mucha demora:-Tómame ya-.Unidos…
no hubo nada más, diluidos en el otro, encajados los sexos…
todo se revolvió.Fue mío…
también el cielo… cuando escuché:-“Siempre que respire…
te amaré”.

[3]Por Fauno
Le dije que se quedara quieta, que dejara que la mirase. Me dijo que se ponía nerviosa, pero entendió mis labios apretados, todos los gestos que le decían que tengo muchas ganas. Derechita como un soldado se aproximó al espejo cerca de mí. Repasé mi rostro en su cuerpo, busqué su particular olor de hierbas y saliva, el aroma de su perfume atrapando mi aliento y mi nariz en sus piernas y mi nariz acariciando el cuello y mi nariz entre sus nalgas. Besé sus pies y le dio cosquillas. Me agradó verla reír. Eres muy bonita, le dije, no sabes cuánta suerte tengo. Yo también tengo mucha suerte, repuso, eres muy lindo. Me encantó que dijera mi nombre.-Mira el espejo, dije. Así vinimos al mundo, ¿verdad?-Sí, respondió, desnudos vinimos.-¿Y cómo nos vamos a ir?- Así también.Sonrió, parecía ebria.-Así no, dije, ven. Le tomé la mano y miramos el espejo. Así, repuse, juntos.Se puso a llorar, no recuerdo haber dicho nada más tierno. Hicimos el amor llorando.

Marido Travesti

Cada mes leo su revista con mucha atención, por lo que ya no me sorprende pensar que toda esa gente que veo en la calle tenga una vida sexual tan activa como yo. Cuando camino por las avenidas de mi ciudad me imagino cómo serán las personas que envían sus cartas a Foro En los transportes, con más calma, fantaseo en unir a tal o cual persona con su respectiva pareja, haciéndolos interactuar como en la revista.
A veces me veo a mí mismo hablándoles acerca de mi travestismo y la manera en como lo comparto con mi esposa. Porque deben saber que desde hace mucho tiempo me gusta vestirme de mujer. Ya no recuerdo la fecha en que comencé a hacerlo, de todos modos no importa. Temí que mi esposa alguna vez me descubriera y que eso fuera motivo de separación. Por fortuna, no tuve que ser yo quien propusiera la idea de vestirme de mujer.
Todo comenzó cuando desde la cama observaba a mi esposa desvestirse y ella bromeaba conmigo, diciéndome que me vería muy bien con su ropa interior y hasta me puso el sostén. Eso, claro, me excitó a más no poder. Lo sensacional no fue sólo eso, sino que me di cuenta que ella también estaba muy excitada se mordía los labios y visiblemente nerviosa empezó a buscar en los cajones del clóset más prendas; Termino ,por ponerme una de sus pelucas, un sostén, pantaletas, liguero, medias. Luego pintó mis labios y me maquilló. La mujer que aparecía en el espejo no me era del todo desconocida. Cuando concluyo la transformacion, me confesó que le gustaba tanto o mas vestido como mujer y ella que en el papel de hombre.

Yo guardaba silencio, al fin el ansiado momento llegaba. Las fantasías de hacerle el amor vestido de mujer estaban a punto de hacerse realidad. Acariciaba mis hombros con una singular vehemencia jamás. había pensado que un día mi, esposa deslizaría sus manos bajo las copas de un sostén para buscar deseosa mis tetillas. Los pequeños pellizcos que me propinaba hicieron que mi pene se convirtiera en un mástil deseoso de desaparecer en la caverna caliente de. la vulva de Rita. Mientras tanto, a pesar de que ella seguía en ropa interior, a través de su sostén se podían ver sus pezones hinchados y endurecidos por el deseo Me pidió que me pusiera de pie y comenzó a besarme, asumiendo una actitud de mando muy masculina. Clavaba sus dedos y su uñas en mis glúteos pasando de manera constante la palma de su mano sobre mi erecto falo.
Yo hacía lo mismo en sus partes Sus piernas siempre me han atraído poderosamente y ni qué decir de sus glúteos, redondos, firmes y elevados como los de una bailarina de ballet."Chúpame 1os senos preciosa" me ordenó en tono ardiente. No acababa de pedirme que lo hiciera, cuando ya se habla bajado las copas de su brasier y me ofrecía uno de ellos, acercándolo hasta mis hambrientos labios con lujuriosos movimientos. El lápiz labial que me había puesto en los labios tiñó de rojo su excitada y contraída areola en cuanto comencé a succionar su pezón, que tenía una singular rugosidad y cuyo volumen ¡ parecía agrandarse a cada chupada. Estaba embebido chupando su delicioso seno cuando me confesó algunos de sus secretos íntimos que ahora compartiré con ustedes. Según me comentó, desde hacía tiempo deseaba que otra mujer la acariciara provocándola hasta desatar sus instintos lesbios. Añadió suplicante mirándome a los ojos: Ámame mi cielo, chupa mis senos con toda la pasion que eres capaz de demostrar Enloquecidos de placer caímos en la cama, en tanto su mano hurgaba con desesperación debajo de mis pantaletas para sacarme el erguido miembro; que desde hacía rato goteaba líquido lubricante.
La humedad de mi sexo empapó su mano, lo qué ella aprovechó para masturbare Me atrevo a recomendarles que intenten esto ¿Se imaginan lo que es cumplir una fantasía sin temor de que nuestra pareja se espante, impulsados por ella? De manera hábil soltó el broche del sostén que ella misma me había colocado y con gran agitación se lanzó sobre mis tetillas, para amasarlas y chuparlas como si fueran los pezones de una mujer. Las succionaba con tal fuerza que me provocaba dolor, pero ni modo de quejarme. Haré que sientas lo mismo que yo, decía en tono ardiente. Pero no cesaba de acariciarme el miembro, apretándolo, jalándolo, ordeñándolo como muchas veces había hecho yo mismo con sus ubres. Estábamos muy excitados, de modo que cuando metí la mano en la entrada de su vagina, ésta ya pare- cía manantial de lubricante. Mis dedos se perdía á momentos en ese exquisito delirio aromático. Traté de desnudarme para penetrarla pero ella me lo impidió. déjate la ropa, quiero que me penetres así, vestido de mujer," abrió las piernas con sus manos como un compás y condujo mi falo hasta la entrada de su vulva. Estiró sus manos y me abrazó, atrayendo mi cuerpo hacia ella con verdadera. voluptuosidad.
Me sobaba las tetillas al tiempo que me obligaba a entrar en ella,. Por mi parte, imitaba todos sus movimientos, colocando mis manos sobre sus redondeces que se meneaban conforme metía y sacaba mí pene. Al volver la vista hacia el espejo vi la escena que me impulsó a escribirles esta carta: ella acostada en la cama con las piernas totalmente abiertas. y yo, vestido y maquillado como mujer, penetrándola con locura. El hecho de contemplarme con ese liguero y las medias hizo que arreciara mis jadeos y arremetidas. Sentí que podía eyacular en cualquier momento, pero ella me hizo a un lado para ponerse en la posición conocida como "de perrito", Ella sabe que esa postura me resulta irresistible, ya que no puedo controlarme cuando veo sus nalgas ofreciéndome tal placer .
Desde ésa vez hemos repetido muchas veces la experiencia; ya ella conoce mi secreto, por lo que la hora puedo decires que soy un travestí completamente satisfecho.