viernes, 11 de septiembre de 2009

Hacer el amor contigo

No estoy loco, nunca he deseado obtener nada que supiera con seguridad que era inalcanzable, como la Luna, pues si esta hubiera tenido una sola posibilidad de tenerla, tú ya la tendrías en tu joyero.
Quiero hacerte el amor y no es una obsesión, porque si lo fuera estaría loco y ya he dicho que no lo estoy, y no es una adicción pues no tuve tiempo para que se creara, es simplemente la culminación del amor que siento por ti.
QUIERO HACERTE EL AMOR CON AMOR, que es mucho más que sexo, quiero sentirme aceptado, comprendido, amado y deseado por ti, tan especial. . . Quiero abrazarte, mirarte, darte un beso, tomarte de la mano para sentir ese algo indescriptible pero muy especial que solo se tiene cuando se siente amor… Amor, esa fuerza maravillosa que me hace sentir por encima de todo lo que ocurre a mi alrededor, esa sensación que me hace tomar todo tu ser y me hace vibrar internamente. Ese ingrediente indispensable para compartirme a mi mismo, mi placer será tu placer y viceversa.
Si. Quiero hacerte el amor con amor Quiero que hagamos el amor con la mirada, con la voz, con las neuronas, los nervios, los sentidos en pleno y sus humildes pliegues. Despacio, íntimo, como una danza solo entre los dos. Celebra mi ser hombre en tus ojos, deleita mis manos en tu piel. Recorre las esperanzas en tu sexo... déjame celebrar tu ser mujer en mis espacios. Quiéreme en un abrazo y siénteme en esta infinidad de ser humano sensual y libre. Hagamos una fiesta con nuestros sentidos... y cuando ya no alcance el vino y estemos a punto de explotar, déjate navegar en mi piel por encima y debajo y así enlazarnos en el abrazo de los cuerpos. Siénteme... sutil, completo y eterno, como amanecer a la orilla del mar, como criatura del Universo. Entrégate en mi universo de hombre y regálame tu aroma de mujer. Oleré tus cabellos, sentiré tus ritmos, oiré tu corazón latir al ritmo del mío... déjate convencer por mi lenguaje masculino, saborea el cambio de los sabores que produces en mi. Entrégate. Se como el mar ama a la arena y se mete en sus pequeños espacios para desaparecer en ella, voluptuosamente déjame someter mis sentidos en los tuyos, tu piel en la mía.
Hagamos el amor como una dulce melodía. Celebremos la fiesta de los cuerpos, besemos el canto de los sexos, y cuando mis ojos miren los tuyos llenos de mi, cuando mis manos toquen tu cuerpo lleno de mi... piérdete, desintégrate en mis brazos y confía en mi abrazo de hombre enamorado. algoritmo.
Amar es amar y punto, con el corazón, el alma y todo el ser, cuando lo tengo que explicar con palabras, solo describo lo bien que me siento y lo que me atrae de ella.
Si lo escribo desnaturalizo al amor. Es difícil transmitirlo por palabras lo que siento.
Otros tienen la facilidad de poder expresar los sentimientos en las letras, como un día leí: "Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal" . Teresa de Calcuta. De seguro, se puede aplicar al amor que se siente.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Dos Actos

El primero ... La invité entonces a venir a mi casa, estaba sólo y no pensé que Jennifer volviera aquella noche, esa fue mi mayor locura, mi peor error. Caminamos medio embriagados por el alcohol por las estrechas calles que llevaban a mi casa, llegamos a mi bloque y tras subir al ascensor, el primer beso estalló entre nosotros. Tras el beso, le siguieron las caricias y al llegar a mi piso ambos estábamos ya medio desnudos. Ebrios de deseo entramos en el piso. Las prendas fueron cayendo al suelo una tras otra, mientras los besos y las caricias se sucedían y como podíamos avanzábamos hasta la habitación. Caímos ya desnudos sobre la cama, mi sexo ardía, el suyo quemaba, éramos dos cuerpos sedientos de sexo. Sentí la humedad de su entrepierna cuando mi verga choco con su vulva, me introduje entre sus piernas, todo su cuerpo se estremeció al sentir como rozaba sus labios y ya no pude parar, aunque algo dentro de mí me decía que aquello no estaba bien, ya sólo pensaba en terminar, en derramarme en su interior, en dejar que mi deseo se desbocara sobre aquel hermoso cuerpo de mujer, a veces creo que era el diablo que vino a tentarme.

El segundo ... Mientras le comento el calor que esta haciendo estos días,... su albornoz se abre un poco dejando ver casi entero uno de sus pechos y ella pone cara de picara con una mirada provocativa mientras le da un sorbo a su copa y cruza sus piernas dejando entre ver sus muslos. Me acerco por detrás y la susurro al oído... bonito pecho y que pezón uhnnn!!!...... mientras le cojo con mis labios el lóbulo de la oreja se lo muerdo suavemente, luego le doy un beso en su cuello, y de su boca sale un pequeño suspiro uhmm..., ella gira su cabeza para que bese sus preciosos labios mientras con mi mano desato el albornoz dejando todo su bello cuerpo al descubierto, sin nada de ropa interior como yo ya sospechaba desde que la vi en la puerta, me pongo delante de ella la cojo por la cintura y la pongo de pie de frente a mi, sus pechos están contra mi pecho sus pezones rozan los míos muy duros y desafiantes, y la cojo por la nunca a la acerco a mi y muestras bocas se funden en un apasionado y largo beso jugando con nuestras lenguas e intercambiando nuestras salivas mientras su mano me despoja de mi toalla quedando mi miembro libre rozando su pubis sintiendo un fuego que desprende de nuestros sexos.
Erotikakarenc Hielka

martes, 8 de septiembre de 2009

Inicio de una sumisa

José y Bea me invitaron a la cena como acompañante de Norma; la idea en principio no me disgustaba; pensé que sería una forma diferente de pasar ese viernes en el que, por otra parte, nada interesante tenía previsto hacer.

Durante la cena, Norma se mostró como una chica extremadamente educada para su edad; era tímida y las pocas veces que abrió la boca fueron para llevarse algo de comer.

Siempre me han gustado las mujeres femeninas y su comportamiento durante la cena me llamó la atención. La forma en la que cruzaba las piernas; su ropa, cuidada hasta en el último detalle... Informal pero con clase; la forma en que se alimentaba, su tono de voz, todo era envolvente; sin necesidad del don de la palabra consiguió tenerme pendiente de ella durante toda la velada.

De regreso a casa en coche estuvimos charlando alegremente de cosas sanas hasta que una llamada a mi móvil interrumpió la conversación.
Siempre llevo el móvil conectado a las manos libres, sin quererlo ella ni por supuesto yo, escuchó la conversación.

- Si, ¿Quién es?

- Hola, Señor... Soy su perra, Jewel.

- No es buen momento, Jewel.... Te llamo yo en unos minutos.

Nunca me he avergonzado de practicar el BDSM (Bondage, Disciplina, Sadismo y Masoquismo), pero reconozco que la situación me violentó bastante, por inesperada y por hacer partícipe de ella a una persona a la que apenas conocía.

Norma se quedó callada y mirando a la ventanilla en un intento baldío de evitar que nuestras miradas se cruzasen. Estaba ligeramente ruborizada y eso, unido a lo alocado de la situación, hizo que la misma me resultara graciosa.

- Perdóname Norma. Debí mirar de quien era la llamada, lamento si te has sentido incómoda.

- No... No pasa nada... De verdad... No pasa nada.

Nos despedimos con dos besos.

Catorce días más tarde, Norma me llamó por teléfono; la sorpresa fue mayúscula, puesto que yo no le había dado mi móvil y pensé que después de aquella noche lo último que haría sería pedir mi móvil a José para llamarme.

- Si, ¿dígame?

- Hola Marcos, soy Norma... La amiga de José y Bea.

- Ah, qué sorpresa... Dime.

- Mira, es que me gustaría quedar contigo y hablar.

- ¿Hablar? Bueno.... Pues tú dirás.

- Prefiero hablarlo cara a cara, ¿te importa si voy a tu casa y charlamos?

Le di mi dirección a Norma y en media hora llegó; vestía una falda negra justo por encima de las rodillas y llevaba una camisa de cuadros, de esas en las que la manga termina justo por debajo del codo. Llevaba varios botones desabrochados, lo que dejaba ver el canalillo de los que, en ese momento, me parecieron unos pechos de lo más exuberantes.

Serví unas cervezas y, algo curioso, le pregunté a Norma por el motivo de la visita.

- Verás… Desde la noche en la que te conocí no he dejado de pensar en la conversación que mantuviste con la chica que te llamó por teléfono. Hace años que siento una terrible atracción por esa forma de sexo y me gustaría saber si tú... Si te gustaría ser mi Amo.

A eso le llamo yo ir directamente al grano- pensé.

La verdad es que Norma me sorprendió tremendamente; no me esperaba que aquella muchachita de aspecto normal, con cara angelical, modosita y a la que apenas conocía, se estuviese entregando a mí de aquella manera.

- Bueno... La verdad es que no sé que decir, Norma. ¿Sabes bien de lo que hablas? Es decir... ¿Conoces las prácticas sexuales del BDSM?- pregunté.

- Más ó menos... Esperaba que tú me enseñases todo lo concerniente al tema, la verdad.

- ¿Y por qué yo?- pregunté con cierta incredulidad.

- Porque sé que no me harás nada malo; desde siempre me ha atraído este tema, eres amigo desde hace muchos años de José y Bea y... Porque me gustas.... Mucho. Llevo tocándome todos los días desde que oí a esa chica llamarte Señor...- dijo ruborizándose.

Mientras Norma me hablaba... Noté como sus pezones se endurecían, como sus labios se mojaban alocadamente, y todo lo que en aquella chica días atrás me había parecido normal, empezó a parecerme precioso.

- De acuerdo, Norma. No voy a decirte que tú no me atraigas y que no me seduzca la idea de tratarte como a una perra. Pero en el BDSM hay unas normas y a ellas hay que atenerse.

Yo entiendo esto como un juego en el que tu adoptarás el rol de sumisa y yo el de AMO. Lo que más me atrae de este mundo es tener la responsabilidad de obtener el máximo placer para ambos.... Pero hay que imponer unos límites, y para ello debo saber qué es lo que realmente te excita de las prácticas del BDSM.


En mis sesiones hay dos palabras claves. Una es piedad... Con ella conseguirás que aminore la intensidad de la sesión. La otra es "Para Marcos"; en ese momento se detendrá por completo la sesión. Aunque bien es cierto que nunca se me ha dado tal caso, es importante que tengas presentes estas dos posibilidades.

- Me parece bien… - dijo Norma

Su iniciación como perra empezaría esta misma noche. Como habíamos acordado, Norma llegó a mi casa pasados unos minutos de las diez de la noche de su primer día como sumisa.

Sin apenas maquillaje, su cara lucía más preciosa que nunca; se había vestido igual que la noche en la me planteó ser mi sumisa, pero esta vez unas botas de cuero alto estilizaban aún más una figura que ya de por sí era realmente hermosa.

Todo estaba hablado y bien hablado... Así que, preso de una excitación al límite de lo controlable, pasé a la acción sin mayor demora.

Norma ya sabía como tenía que dirigirse a mí; sabía que en mi presencia jamás cruzaría las piernas, que era libre de pedir su libertad cuando lo creyese oportuno, sabiendo que yo se la concedería. Pero mientras no fuese "libre", obedecería cada una de mis órdenes ya que para ello había depositado en mí toda su confianza.

Hice que se despojase de la ropa lentamente. De toda menos de sus botas y de su tanga blanco e inmaculado.

Me coloqué delante de ella.... Y le di un bofetón seco, más sonoro que doloroso.

Norma ni se inmutó.

- Ahora soy yo el que manda, perra. - dije con firmeza.

Ese bofetón daba comienzo a la sesión. Puse el collar de perra a Norma y adoptó su posición de sumisa.

Cabeza gacha, piernas separadas y manos a la espalda.

Tirando de su pelo corto, negro y ondulado, coloqué una mordaza en su boca que mientras llevase puesta le impediría articular palabra. Norma temblaba.... No era de miedo, era de excitación, de curiosidad por saber cuál sería mi siguiente paso; temblaba de deseo y eso provocó en mí una seguridad total.

La senté en una silla de espalda alta, muy adecuada para la realización del Bondage con el que tenía pensado obsequiar a mi perra. Con unas tijeras corté la tanga de Norma, como estaba previsto... Su sexo estaba rasurado completamente; rasurado y húmedo, ligeramente hinchado por la excitación reinante y listo para mi disfrute.

Podía ver y notar con mis dedos cómo, al rozar su sexo, éste estaba completamente mojado y deseoso.

Até las manos de Norma a la espalda de la silla, sus tobillos a las patas de la silla y rodeé con una cuerda sus pechos. Ésta, ejercía sobre ellos una ligera presión que provocaba su endurecimiento y una creciente excitación.

Liberé su boca soltando su mordaza... Quería oír su voz, quería tener la tranquilidad de que todo marchaba bien.

- ¿Estás bien, puta?

- Sí, Señor... Dispuesta a darle el placer que se merece. - dijo tranquilizándome.

Pasé una cuerda por el coñito húmedo de Norma, anudándola a su espalda.
El roce de la cuerda con su sexo provocó los primeros suspiros de Norma.
Eran gemidos secos, violentos, temerosos. Eran gemidos en forma de regalo.

Mi excitación aumentaba por momentos; mi lengua recorrió lentamente el cuello de Norma, bajando por su cuerpo hasta llegar a morder levemente sus duros y excitados pezones rosados.

Me excitó sobremanera ver cómo cada centímetro abandonado por mi lengua se erizaba, dejando su piel de gallina.

- Eres una perra, Norma.... Debería darte vergüenza ser como eres, mírate... Sentada en una silla, atada... Y chorreando como una puta en celo. - solté a bocajarro.

- ¿Sabes qué? Me encantan tus pezones... Pero seguro que pinzados lucen más... ¿No crees, zorra?

- Seguro que sí, Señor.

Puse dos pinzas BDSM en sus pezones... Norma no pudo evitar dar un pequeño quejido, pero mantuvo el tipo y siguió con su mirada baja, orgullosa de sí misma.

Pasé mis dedos por la rajita de Norma, comprobando como su sexo encharcaba ya la silla; sin duda la perra estaba gozando como nunca de la situación, y ese, su gozo, hacía que el mío creciese de forma paralela.

Introduje un pequeño vibrador en su sexo, provocando que Norma empezase ya a gemir descaradamente y sin ningún tapujo.

Entonces me distancié; quería contemplar su imagen.... Atada, pinzada.... y follada por un consolador, sabiendo que todo aquello lo disfrutaba, pero que sobre todo, lo hacía por darme placer a mí, a su Amo.

Manteniendo la distancia adecuada (unos 30 cm), dejé caer unas gotas de cera blanca sobre los pezones de Norma; eso provocó que ella se retorciese de dolor y placer... Una sabía mezcla que, bien utilizada, es cruelmente excitante.

Sin duda, Norma por aquel entonces estaba deseosa de catar la polla de su Amo, pero ese regalo había que ganárselo, y ella lo sabía perfectamente.

Liberé a la zorra de sus ataduras y tras hacerla gatear por toda la habitación, le di permiso para meterse mi pija en la boca.

Como una buena perra, Norma chupó mi pija sin necesidad de sujetarla con las manos; se la metía en la boca y, sin dejar de mirarme a los ojos, lamía con pasión y dedicación cada centímetro de mi pene. Su boca lo succionaba en un enjambre de besos, mordiscos y lametones que hicieron que mil escalofríos recorriesen mi piel, desde los dedos de mis pies hasta el último pelo de mi cabeza.

En ocasiones jugué con su boca; me encantaba sacar mi verga de ella y contemplar como Norma, con las manos cruzadas en su espalda, intentaba sin éxito volver a introducirse mi miembro en una boca, la suya, abierta y deseosa de ser tapada.

Cuando lo creí adecuado, llevé a Norma a la cama; la puse a cuatro patas y me dispuse a recorrer su cuerpo con mi lengua.

Antes de hacerlo, vendé sus ojos para que perdiese el sentido de la vista y acentuase otros sentidos que, en ese preciso instante, yo consideré más importantes.

Mi lengua recorrió todo su cuerpo; lamí sus pezones, su cuello, y me detuve especialmente en su culo. Mi lengua fue haciendo círculos alrededor de su ano, mientras mis dedos masturbaban frenéticamente y sin descanso su mojado sexo.

Norma se retorcía de placer y me pedía que le metiese la pija. Incluso llegó a suplicármelo:

- Deme su pija, Señor, cogéme como a una perra en celo... Es lo que soy, una puta deseosa de pija.

- Mi pija tienes que ganártela, putita. Norma... Nunca te han sodomizado, ¿verdad?

- No, Señor... Nunca.

-¿Quieres?

-Quiero, Señor.

Fusta en mano, acaricié el culo de Norma con la prolongación de mi brazo... La fusta recorría su culo provocando los gemidos de una Norma, consciente de que su culo recibiría mi pija antes que su coñito.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco..... Hasta diez fustazos recibió el trasero de Norma, que poco a poco fue enrojeciendo y haciéndola arder.

- ¿Quieres pija, puta? Pues la vas a tener...

Coloqué mi pija, con una tremenda erección, en el culo de Norma, previamente dilatado con mis dedos.

Lentamente fui metiendo mi pija en su culo, abriéndome paso sin descanso alguno.... Mi pene entraba y salía cada vez con más fuerza y deseo de esa vagina que me atrapaba sin dejarme huir. Norma tuvo su primer orgasmo con mi pija follando su recto... Mientras oía toda clase de insultos que tan sólo conseguían darle más placer; esa polla violando su culo, y los insultos recibidos, consiguieron hacerla sentir la mejor de las putas.

Agarré su pelo y la obligué a mirarme a los ojos mientras la enculaba.
Mi pija alternaba sus dos orificios, tan pronto follaba su culo como follaba su coño en un mar de idas y vueltas infernal.

Entonces, y cuando quedaba poco para que eyaculase, la obligué a ponerse de rodillas en el suelo.

Acerqué a sus manos un pintalabios y le dije:

- Norma.... Escribe en tu pecho con el pintalabios lo que eres.

- Sí, Señor...

Norma cogió el pintalabios rojo y, lentamente y apretando con fuerza, escribió la palabra puta en su pecho.

Agarré su cabeza y le metí la pija en la boca sin ningún miramiento.... Follé su boca mientras ella permanecía con sus manos a la espalda, mamando sin parar hasta que bebió todo mi placer. Eyaculé en su interior y ella pudo saborear toda mi pasión; la vorágine había comenzado, ya era imposible retroceder.

Desde esa noche, Norma fue mía y yo de ella. Somos nuestros. Para siempre.
Draco

sábado, 29 de agosto de 2009

La Mamacita de mi amigo

Eran las 8 de la noche y estaba en la casa de German, mi mejor amigo, haciendo un trabajo de derecho civil que teníamos que entregar al día siguiente. Norma, la mamá de mi amigo, me había ofrecido quedarme a dormir ya que se había hecho bastante tarde y yo vivía algo lejos, y acepte la generosa oferta.
Mi relación con German era y sigue siendo perfecta, nos llevamos bárbaro y nos entendemos entre nosotros a la perfección. Norma es una mujer de unos 38 años con unas tetas chicas pero muy bien formadas, una cola perfecta de gimnasio y una boquita increíble que excitaba a cualquiera. Todos los amigos le tenían ganas y, generalmente, jodian a German con ella. Yo realmente nunca me había fijado en ella como una mujer, sino, simplemente, como la mamá de mi mejor amigo, hasta esa noche. Después de cenar y ya preparándonos para dormir, me dirigí hacia al baño. La puerta de la habitación de Norma estaba entreabierta y German ya acostado en su cama por lo que decidí echar un vistazo. La vi ella semidesnuda, solo con una bombachita, que no llegaba a ser una tanga pero que me puso a full. Al ver que ella se dirigía hacia la puerta seguí mi camino hacia al baño como que no había pasado nada.
Ya acostado, ella vino a darnos las buenas noches. German quedo palmado enseguida, pero yo no podía pegar un ojo, tenia la imagen de Norma en la mente y eso me calentaba.
Recordé que German tenía los canales codificados por lo que me dirigí a la sala, prendí la tele, puse uno de los canales en mute y comencé a masturbarme lentamente. Estaba viendo como se cogían a una rubia sobre la mesa de una cocina y pensando que ese hombre era yo y esa mujer Norma me calenté mal y empecé a masturbarme con toda la furia. No se que toque, o que paso pero el mute de la tele se salio y se escucharon varios gemidos. Enseguida volví a poner el mute y me fije si German o Norma se habían despertado pero los dos seguían dormidos. Volví a lo mío, quería acabar pensando en ella. Cerré los ojos dejándome llevar por el placer de esa paja. Al abrirlos me encontré con Norma parada en el pasillo mirando como yo me pajeaba, como por acto de reflejo, traté de esconder mi poronga adentro del pantalón. Ella se sentó al lado mió y me dijo:
- No te preocupes, entiendo en la edad que estas, no pasa nada. Es mas, desde que me separé de mi marido, a veces lo hago, no tiene nada de malo.
- Es que me da verguenza, Ud es la mamá de mi mejor amigo.
- En serio, no te preocupes. Después de esas palabras, ella estiró su mano, sacó mi pija del pantalón y me empezó a pajear ella, y agregó:
- Yo te puedo ayudar.
Yo no sabía que hacer, la mamá de mi mejor amigo, que estaba buenísima me estaba pajeando en el sillón de su sala y German durmiendo en su habitación como si no pasara nada.
Puse mi mano sobre una de sus tetas y se la comencé a acariciar por encima de la remera, al ver que le gustaba, comencé a acariciarle la otra. Tenía los pezones duros, estaba tan excitada como yo.
- Acá no, nos puede escuchar German. Vamos a mi estudio. Me agarró de la pija y me llevó hasta su estudio donde atendía a sus pacientes (ella es psicóloga).
Cerró la puerta y comenzó a besarme apasionadamente. Nuestras lenguas se tocaban provocando tal calentura que yo estaba por explotar. Le saqué la remera y empecé a chuparle los pezones desesperadamente. A ella no le molestaba, sino que la calentaba más y más.
- Ahora me toca a mí Me sentó en el sillón y me bajó los pantalones.
Comenzó a pasar su lengua lentamente por la punta de la pija. Eso me provocó una erección y ella al notarla se la metió entera en la boca. Era algo increíble, la experiencia que tenía esta mujer a la hora de chuparla era realmente algo admirable.
- ¿Voy a tener que hacer todo yo?
Esa frase me terminó de calentar, me paré ya con la pija a mil y le bajé los pantalones. No era la primera vez que cogía, sabía que tenía que calentarla un poco yo a ella porque sino se iba a complicar.
Así, que me aguanté un poco mas, le bajé los pantalones y la abrí de piernas sobre el sillón. Comencé a pasarle la lengua por concha, suavemente, y luego con mas rapidez y algún que otro dedo.
- Aaaah!, que bien que lo haces!
- Te gusta?
- Me encanta!, quiero sentir tu pija adentro mío, ya!
Me hizo sentarme a mí y se sentó arriba mío. Empezó a cabalgarme y yo le amasaba las tetas con las manos mientras ella saltaba y gemía de placer.
Mi pija estaba en su máximo potencial, entraba y salía de esa concha hermosa y depiladita y yo estaba en el paraíso. Dejó de cabalgarme y se paró yo la tomé por la espalda y la conduje hasta la pared.
Ella apoyó sus manos sobre la misma y esperó. Yo pasé un poco mis dedos por su concha mojadita y probé los jugos que me quedaron en los dedos y me encantaron. Tomé mi poronga con la mano y la conduje hasta su concha y se la metí hasta al fondo, logrando que ella soltará un gemido de placer interminable. Me la estaba cogiendo de tal manera, que ya no era la mamá de mi amigo, era la puta mas puta de todas y eso me encantaba.
- Quiero esa cola
- Estas seguro?
- Sí, la quiero toda Se puso en cuatro sobre el famoso sillón de diván, dejando que yo le viera ese ojete tan perfecto, que si bien ya estaba roto, era toda una tentación.
Le empecé a chupar el culo y a colarle un par de dedos. Una vez que ella me dio el OK, comencé a meter lentamente mi poronga en esa cola hermosa.
- Aaaaaahh!, que rica pija, métela toda Haciendo caso a lo que ella me decía comencé a meterla y a sacarla lentamente y así cada vez mas rápido. Tenía miedo de que a German la levantarán los gemidos.
-Siii!, dale! hazme acabar Eze, Aaaaaah
Sentí como ella comenzaba a temblar y a relajar el cuerpo.
Lo había logrado, la había hecho acabar. En ese preciso momento, me invadió esa misma sensación a mí
- Quiero acabar
- Aguanta lindo, que me la quiero tragar toda Saqué mi pija de su cola, y ella se agachó para chupármela. Me la chupaba tan bien que mi cuerpo ya no daba más. Empecé a temblar y sentí como un chorro de leche salía de mi poronga y se metía en su boquita. Me la mostró y se la tragó. - Estaba muy rica, tienes un poco más? Y me pajeó hasta la última gota. Me sentía cansado, eran ya las 2 y media de la mañana, había estado en un sueño de mas o menos una hora. Finalmente me dio un beso en la frente y me dijo:
- Gracias, por el momento
- Me siento raro
- Es normal, soy la mamá de tu mejor amigo.
Buenas noches - Buenas noches
Y cada uno se fue a su respectiva habitación a dormir.
Al día siguiente ninguno dijo una palabra y me fui con German al colegio, sabiendo que lo que había pasado aquellas noche podía repetirse mas adelante