Estaba sola en mi casa un sábado por la noche porque a mi marido le tocaba trabajar y yo tenía unas ganas de marcha enormes. Tenía ganas de follar pero no sabía con quién hacerlo, hasta que aquel folleto de "pizzas" a domicilio encima de la mesa me dio una idea. Allí podía estar mi consuelo.
Así que, sin pensármelo dos veces, llamé y pedí una pizza. Tenía el tiempo justo para ducharme, ponerme un conjunto de sujetador que realzaba mis tetas y un tanga que hacía que mi culo fuera muy apetecible. Encima me puse una bata de raso muy suave que hacía que se notaran mis pezones ya erectos por la emoción.
No tardó en llegar. Estaba nerviosa y con unas ganas locas de follar. Cuando ya le tenía en la puerta, le cojí la pizza, pero, ayyy, me di cuenta "ingenuamente" de que no tenía dinero. Puse cara de susto y se lo comenté. Él me dijo que no me preocupara, que ya pasaría otro día a cobrar. Pero mientras él me hablaba yo me pasaba suavemente mi mano por una de mis tetas, haciéndole ver que mis pezones deseaban ardientemente su lengua. Le dije: "¿Estás seguro que no quieres cobrarte ahora?", y entonces abrí el camisón y le dejé ver mis pechos ansiosos de ser tocados y chupados.
El chico, quizás porque era más joven que yo, se cortó un poco. Era tímido pero, al ver que sus ojos no se apartaban de mis tetas, le cogí por una mano y le dije: "Ven".
Fuimos al comedor, donde tengo un sofá rinconera enorme. Allí, de un empujón, hice que se sentara y me senté encima suyo. Empecé a besarle. Él, al principio, actuaba como si no se lo creyera, pero al final sus manos volaban por mi cuerpo. Nuestras lenguas se volvieron locas, jugaban juntas con desesperación. Yo ya notaba su pene erecto y eso hacía que me excitara aún más.
Le pregunté cómo se llamaba y me dijo que Fali. Me parecía un nombre de lo más sensual. "Yo Denise", le susurré al oído. Estaba muy excitado y yo también. Pensaba en su pene y en lo erecto que estaba, así que me salí de encima suyo y me arrodillé ante él. Le bajé la cremallera y cogí su sexo, grande, enorme... ¡Cómo iba a disfrutar! No me lo pensé y lo empecé a chupar. Sorbía su glande de forma que le hacía estremecer. Luego me la metí de golpe en la boca, hasta el fondo. La notaba en mi garganta, cómo entraba y salía. Él me cogió la cabeza y la hundía en su sexo, desesperado, pidiéndome que no parara, pero le dije que ahora le tocaba a él.
Me tumbé en el sofá y me abrí de piernas, ofreciéndole mi coño húmedo, suave y apetecible. Al verlo, vi su cara de lujuria, de satisfacción, y, sin pensárselo,me empezó a chupar. Su lengua jugaba con mi clítoris de una forma salvaje, y al mismo tiempo me metía dos dedos en el coño. Gozaba como una loca. Luego era su lengua lo que me metía dentro, follándome sin parar. Estaba tan húmeda y tan cachonda que quería sin más que me metiera su polla de una vez.
Le dije que se sentara, que lo iba a penetrar. Lo tenía a punto. Él estaba muy cachondo y me ponía caliente ver su cara de excitación. Una vez sentado, me puse encima y me senté, primero notando la punta de su sexo un par de veces, como queriendo entrar, jugando, con un poco de resistencia, pero a la tercera la metí de golpe. Su cara era un poema. Creo que jamás le habían hecho gozar así. Me cogió las tetas y, mientras le montaba, apretaba mis pezones, grandes y oscuros. Yo le pedía más y entonces los metió en su boca y empezó a mordisquearlos. Yo seguía subiendo y bajando, follándole como jamás se lo habian hecho, y él no paraba de decir que quería correrse. Antes de darle ese placer, sin sacar la polla de mi coño, me giré, le di la espalda y seguí follándole sin parar, pero esta vez él podia ver cómo su sexo se hundía en mí y eso le excitaba una pasada. Así que me cogió por la cintura y aceleró los movimientos a su antojo, hasta que cada vez el ritmo iba más deprisa. Yo gozaba como una loca. Quería correrme y él también, así que le pedí su leche, que me mojara, que me inundara, y él no se hizo de rogar. Estalló su orgasmo y su semen me inundó por completo. Yo gemía de placer, me retorcía de gusto, chillaba como una posesa: "Siiiii,asiiii,mássssssss,dame mássssssssss". Las convulsiones provocadas por el orgasmo eran de lo más bestias y yo, satisfecha, llena de su leche, pensé que había sido el sábado más maravilloso de mi vida.
La pena fue que, al final, mi chico de la pizza, mi Fali, tenía que volver al trabajo, pero eso sí, me dijo: "La pizza está pagada, y si algún dia pides otra no dudes que vendré yo a traértela". Se fue y yo me quedé en el sofá, extasiada y pensando que el domingo sería otro día maravilloso para comer "pizza".
Así que, sin pensármelo dos veces, llamé y pedí una pizza. Tenía el tiempo justo para ducharme, ponerme un conjunto de sujetador que realzaba mis tetas y un tanga que hacía que mi culo fuera muy apetecible. Encima me puse una bata de raso muy suave que hacía que se notaran mis pezones ya erectos por la emoción.
No tardó en llegar. Estaba nerviosa y con unas ganas locas de follar. Cuando ya le tenía en la puerta, le cojí la pizza, pero, ayyy, me di cuenta "ingenuamente" de que no tenía dinero. Puse cara de susto y se lo comenté. Él me dijo que no me preocupara, que ya pasaría otro día a cobrar. Pero mientras él me hablaba yo me pasaba suavemente mi mano por una de mis tetas, haciéndole ver que mis pezones deseaban ardientemente su lengua. Le dije: "¿Estás seguro que no quieres cobrarte ahora?", y entonces abrí el camisón y le dejé ver mis pechos ansiosos de ser tocados y chupados.
El chico, quizás porque era más joven que yo, se cortó un poco. Era tímido pero, al ver que sus ojos no se apartaban de mis tetas, le cogí por una mano y le dije: "Ven".
Fuimos al comedor, donde tengo un sofá rinconera enorme. Allí, de un empujón, hice que se sentara y me senté encima suyo. Empecé a besarle. Él, al principio, actuaba como si no se lo creyera, pero al final sus manos volaban por mi cuerpo. Nuestras lenguas se volvieron locas, jugaban juntas con desesperación. Yo ya notaba su pene erecto y eso hacía que me excitara aún más.

Le pregunté cómo se llamaba y me dijo que Fali. Me parecía un nombre de lo más sensual. "Yo Denise", le susurré al oído. Estaba muy excitado y yo también. Pensaba en su pene y en lo erecto que estaba, así que me salí de encima suyo y me arrodillé ante él. Le bajé la cremallera y cogí su sexo, grande, enorme... ¡Cómo iba a disfrutar! No me lo pensé y lo empecé a chupar. Sorbía su glande de forma que le hacía estremecer. Luego me la metí de golpe en la boca, hasta el fondo. La notaba en mi garganta, cómo entraba y salía. Él me cogió la cabeza y la hundía en su sexo, desesperado, pidiéndome que no parara, pero le dije que ahora le tocaba a él.
Me tumbé en el sofá y me abrí de piernas, ofreciéndole mi coño húmedo, suave y apetecible. Al verlo, vi su cara de lujuria, de satisfacción, y, sin pensárselo,me empezó a chupar. Su lengua jugaba con mi clítoris de una forma salvaje, y al mismo tiempo me metía dos dedos en el coño. Gozaba como una loca. Luego era su lengua lo que me metía dentro, follándome sin parar. Estaba tan húmeda y tan cachonda que quería sin más que me metiera su polla de una vez.
Le dije que se sentara, que lo iba a penetrar. Lo tenía a punto. Él estaba muy cachondo y me ponía caliente ver su cara de excitación. Una vez sentado, me puse encima y me senté, primero notando la punta de su sexo un par de veces, como queriendo entrar, jugando, con un poco de resistencia, pero a la tercera la metí de golpe. Su cara era un poema. Creo que jamás le habían hecho gozar así. Me cogió las tetas y, mientras le montaba, apretaba mis pezones, grandes y oscuros. Yo le pedía más y entonces los metió en su boca y empezó a mordisquearlos. Yo seguía subiendo y bajando, follándole como jamás se lo habian hecho, y él no paraba de decir que quería correrse. Antes de darle ese placer, sin sacar la polla de mi coño, me giré, le di la espalda y seguí follándole sin parar, pero esta vez él podia ver cómo su sexo se hundía en mí y eso le excitaba una pasada. Así que me cogió por la cintura y aceleró los movimientos a su antojo, hasta que cada vez el ritmo iba más deprisa. Yo gozaba como una loca. Quería correrme y él también, así que le pedí su leche, que me mojara, que me inundara, y él no se hizo de rogar. Estalló su orgasmo y su semen me inundó por completo. Yo gemía de placer, me retorcía de gusto, chillaba como una posesa: "Siiiii,asiiii,mássssssss,dame mássssssssss". Las convulsiones provocadas por el orgasmo eran de lo más bestias y yo, satisfecha, llena de su leche, pensé que había sido el sábado más maravilloso de mi vida.
La pena fue que, al final, mi chico de la pizza, mi Fali, tenía que volver al trabajo, pero eso sí, me dijo: "La pizza está pagada, y si algún dia pides otra no dudes que vendré yo a traértela". Se fue y yo me quedé en el sofá, extasiada y pensando que el domingo sería otro día maravilloso para comer "pizza".
Ella sabía que yo nunca lo había hecho y le dijo a mi amiga: "´¿Él es el que te pidió sexo?". Y mi amiga (Ale) respondió: "si él es, ¿no es tierno?". Yo me puse de mil colores y no sabía qué hacer. Entonces Vanne me dijo: "a mí me gustaría hacerlo, siempre y cuando (giró la cabeza y miró a Ale) tu estés presente mirándonos".El corazón me empezó a latir a mil por hora y me temblaban las piernas. En eso me dijo: "bueno, vamos". Fuimos hasta la habitación de mi amiga y comencé a besar los labios de Vanne. Qué bien besaba. Se me paró al instante. Ella me comenzó a desvestir y yo a ella. Vanne se echó en la cama y yo sobre ella. Le comencé a besar el cuello y bajé hasta sus senos. Eran deliciosos y excitantes. Le comencé a pasar la lengua por sus pezones y estos se pararon, mientras ella daba gemidos muy suaves: "mmmm, aahhhh..., mmmm". Seguí
descendiendo. Pasé mi lengua por su estómago y su ombligo hasta llegar a su vagina, separé sus labios vaginales y pude ver su hermoso clítoris. No soporté más y lo lamí. Grité como un loco... Sentía que se me iban a salir los huevos por el orificio del pene. Fue un super orgasmo. Le dejé toda la cara mojada a Vanne y ella sólo se reía.Me paré y le dije que había sido delicioso. Ella no me respondió ya que estaba concentrada mirando a Ale. Ale se paró y se recostó en la cama inmediatamente. Vanne se le acercó y comenzó a besarla. Le besaba todo. Ale gritaba demasiado. Eso me excitó y se me volvió a parar. Me acerqué a Vanne (que estaba a cuatro patas) y le comencé a meter el dedo en la vagina. A ella le gustó porque meneaba su trasero. No soporté y traté de metérsela, pero no encontraba el objetivo. Ella sujetó mi pene con fuerza y se lo introdujo. Yo la agarré de la cintura y comencé a moverme. Me encantaba sentir el interior de su vagina, sentía sus paredes vaginales como si me estuvieran haciendo cosquillas en el glande.Mientras ella se movía y me sacudía el pene con su exquisito trasero yo empujaba más y más fuerte. Estaba teniendo un orgasmo. En ese momento la abracé con fuerza y me vacié todo. Me encantó que los dos hubiéramos llegado al orgasmo juntos. Nos quedamos exhaustos. La besé con gran pasión y no me moví. A los pocos minutos escuché que Vanne le dijo a Ale: "Mi amor, ven.
Vamos a prepararle algo de comer a nuestro pecador". Eso me hizo reír mucho.Luego de comer, vimos la televisión y, al final, nos bañamos juntos. En la ducha les pedí a las dos me la chupasen al mismo tiempo. Fue fantástico. Al final, me despedí de ellas y regresé a mi casa. Estaba super feliz. Era mi primera vez y lo había hecho con dos chicas expertas en la materia.Al día siguiente volví a la casa de Ale. Conversamos como siempre sin tocar el tema, hasta que tuve ganas de hacerlo. Se lo pedí y me respondió con una sonrisa en los labios: "La verdad es que lo hice contigo porque me excité viendo a Vanne. Ya te lo dije, soy lesbiana y que lo haya hecho contigo no cambia nada". Pero eso no me importó porque yo ya había conseguido lo que quería. Agatha Lavigne
Sólo de pensar que Claudia se colocaría una camiseta como la que le había visto en ocasiones anteriores ya me ponía caliente. 